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Ingenieros del Antropoceno digital: la enseñanza de las ingenierías en una época incierta

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Revista CTS número 41

José Manuel de Cózar Escalante

 

Si bien no ha sido oficialmente aprobada, cada vez se extiende más la idea de que hemos entrado en la época geológica conocida como Antropoceno. Sería la época del hombre entendido como un ser humano con capacidad para modificar el sistema Tierra en su conjunto. En esta transformación, las tecnologías desempeñan un papel fundamental. Es crucial reflexionar sobre las consecuencias, tanto positivas como indeseadas, de los avances de las tecnologías emergentes, y entre ellas las tecnologías digitales. Se han depositado muchas esperanzas en las tecnologías digitales a la hora de revertir las trayectorias preocupantes del Antropoceno, pero también hay voces que alertan de la dimensión sombría del “Antropoceno digital”. La enseñanza de las ingenierías debe recoger el estudio y análisis de estos temas, de modo que los futuros profesionales se formen con una perspectiva suficientemente amplia a la hora de abordar los problemas que encontrarán en el desempeño de su actividad profesional. Es necesario fomentar un acercamiento entre las nuevas humanidades digitales y ambientales y las titulaciones técnicas, a fin de que colaboren en la resolución de los problemas de esta nueva época.

Palabras clave: Antropoceno; tecnología digital; enseñanza de la ingeniería; desmaterialización; humanidades digitales y ambientales

Engenheiros do Antropoceno digital: o ensino de engenharia em uma era incerta
 

Embora não tenha sido oficialmente assumida, a ideia de que entramos na época geológica conhecida como Antropoceno tem-se vindo a ampliar. Seria a idade do homem, entendido como um ser humano com a capacidade de modificar o sistema da Terra como um todo. Nesta transformação as tecnologias desempenham um papel fundamental. Em particular, é crucial refletir sobre as consequências, tanto positivas quanto indesejadas, dos avanços das tecnologias emergentes, incluindo as tecnologias digitais. Elas têm depositado grandes esperanças sobre como reverter os caminhos do Antropoceno, mas também existem vozes que alertam para a dimensão sombria do “Antropoceno digital.” O ensino de engenharia tem de investigar estas questões, para que os futuros profissionais sejam formados com abertura suficiente para resolver os problemas encontrados no desempenho da sua atividade profissional. É necessário promover uma aproximação entre as novas humanidades digitais e ambientais e as qualificações técnicas, a fim de colaborar na resolução dos problemas desta nova era.

Palavras-chave: Antropoceno; tecnologia digital; educação em engenharia; desmaterialização; humanidades digitais e ambientais

Engineers of the Digital Anthropocene: Teaching Engineering in an Uncertain Era
 Although it has not been officially approved, the idea that we have now entered the Anthropocene era is becoming more widely accepted. This refers to a geological epoch in which human beings have the capacity to modify the Earth’s system as a whole. Because technology plays a fundamental role in this transformation, it is crucial to reflect on the consequences, both positive and undesired, of emerging technologies, including digital technologies. Many hopes have been placed on digital technologies when it comes to reversing the troubling paths of the Anthropocene, but there are also voices that warn of the bleaker dimension of the “digital Anthropocene”. With this in mind, engineering education should include the study and analysis of these topics, so that future engineers will be able to efficiently deal with the problems they encounter in the performance of their professional duties. It is necessary to promote a rapprochement between the new digital and environmental humanities and the technical qualifications, so that they can collaborate in the resolution of the problems of this new era.

Keywords: Anthropocene; digital technology; engineering education; dematerialization; digital and environmental humanities

Acceder: http://www.revistacts.net/volumen-14-numero-41/357-dossier/888-ingenieros-del-antropoceno-digital-la-ensenanza-de-las-ingenierias-en-una-epoca-incierta

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Rompendo paradigmas na educação em engenharia

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Walter Antonio Bazzo e Luiz Teixeira do Vale Pereira

Revista CTS Número 41

Embora compreendamos que a educação para uma civilização comece muito antes da educação em engenharia, não vamos apelar para o caminho fácil de transferir eventuais problemas para as etapas anteriores do processo de educação formal. Na qualidade de professores de engenharia, nós não nos eximimos das responsabilidades mais diretas que nos dizem respeito. Apresentamos neste artigo uma rápida visão crítica do ensino de engenharia no Brasil, com intuito de abrir discussões sobre a sua pertinência no papel formador de cidadania mais esclarecida, notadamente na formação de cidadãos-engenheiros, que detêm a técnica e por isso devem se responsabilizar, especialmente nesse campo de ação humana, mais reflexivamente acerca de suas competências. Para tal, resumimos algumas ações que temos aplicado, ao longo de 40 anos de docência, visando uma formação mais crítica e que possa contribuir mais efetivamente para o desenvolvimento através da tecnologia a serviço do social.

Palavras-chave: educação em engenharia; desenvolvimento tecnológico; paradigmas educacionais da engenharia


Rompiendo paradigmas en la educación de ingeniería
 Aunque la educación de una civilización comienza mucho antes que la educación en ingeniería, no vamos a apelar al camino fácil de transferir eventuales problemas a las etapas anteriores del proceso de educación formal. En calidad de profesores de ingeniería, no nos eximimos de responsabilidades más directas. En este artículo se presenta una visión crítica de la enseñanza de ingeniería en Brasil, con el propósito de abrir discusiones sobre su pertinencia en el papel formador de una ciudadanía mejor instruida, especialmente en la formación de ciudadanosingenieros que tengan conocimientos sobre técnica y por ello se hagan responsables de sus competencias. En esa dirección, resumimos algunas acciones que hemos aplicado, a lo largo de cuarenta años de docencia, en pos de una formación crítica, que contribuya más efectivamente al desarrollo a través de la tecnología y al servicio de lo social.

Palabras clave: educación en ingeniería; desarrollo tecnológico; paradigmas educativos de la ingeniería

 
Breaking Paradigms in Engineering Education
 Although the education of a civilization begins significantly before engineering education, we will not choose the easy path of transferring possible problems to the earlier stages of the education process. As engineering professors, we do not absolve ourselves of the most direct responsibilities that concern us. In this paper we present a critical viewpoint of engineering education in Brazil, with the aim of opening discussions regarding its relevance to a better educated citizenship, especially in relation to the education of citizen-engineers who know about technology and therefore should be held accountable in their areas of competence. We also summarize some of the actions that we have applied during our forty years of teaching experience, in the pursuit of a more critical education and a more effective contribution to the development of technology in service to the social sphere.

 

Keywords: engineering education; technological development; engineering educational paradigms

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Informe de coyuntura N° 5: Aumenta la producción científica de las universidades iberoamericanas

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El Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad (OCTS) lanza un nuevo informe de coyuntura sobre el aumento de la producción científica de las universidades iberoamericanas entre 2010 y 2017. Mientras que el total de las publicaciones iberoamericanas creció un 43% entre esos años, la producción de las universidades dentro de este conjunto se incrementó un 56%. De esta manera, la producción universitaria creció un 30% más que el total de artículos de la región. 

 

En 2017, de las 242.598 publicaciones indexadas en SCOPUS con participación de autores iberoamericanos, 201.896 fueron firmadas por autores pertenecientes a universidades. Esto resultó equivalente al 83% de los artículos de la región.

Este informe es el quinto de una serie que presenta análisis estadísticos sobre distintos aspectos del estado del arte de la ciencia y la tecnología en Iberoamérica.

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Ciencia


Ingeniería y preocupación social: hacia nuevas prácticas

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Judith Sutz

A partir de la constatación de que se está produciendo una identificación entre irreversibilidad tecnológica e inevitabilidad tecnológica —es decir, la negación de la posibilidad de construir alternativas a lo que existe—, este trabajo argumenta que ello no es así y que dicha construcción requiere una discusión reflexiva de nuevas prácticas en la enseñanza de la ingeniería. Ello es imprescindible para estimular una preocupación social entre estudiantes de vertientes científicotécnicas que ayude a enfrentar los desafíos del cambio climático, de la desigualdad y de la deriva antidemocrática en la aplicación de la informática.

Palabras clave: determinismo tecnológico; innovación frugal; acción colectiva; enseñanza CTS; ingeniería

Engenharia e preocupação social: rumo a novas práticas
 A partir da constatação de que está ocorrendo uma identificação entre irreversibilidade tecnológica e inevitabilidade tecnológica — isto é, a negação da possibilidade de construir alternativas ao que existe —, este trabalho argumenta que isso não é assim e que tal construção precisa de uma discussão reflexiva de novas práticas no ensino da engenharia. Isso é fundamental para estimular uma preocupação social entre os alunos das áreas científicotécnicas que ajude a enfrentar os desafios da mudança climática, da desigualdade e da deriva antidemocrática na aplicação da informática.

Palavras-chave: determinismo tecnológico; inovação frugal; ação coletiva; ensino CTS; engenharia

Engineering and Social Concern: Towards New Practices
 Based on the observation that currently there is identification between technological irreversibility and technological inevitability —an identification that denies the possibility of constructing alternatives to what already exists—, this paper argues that this framework is not accurate and that such a construction requires a reflexive discussion regarding new practices in engineering education. This is essential to prompt social concern among science and technology students and face the challenges of climate change, inequality and the antidemocratic drift in the application of information and communication technologies.

 

Keywords: technological determinism; frugal innovation; collective action; STS teaching; engineering

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Integración regional contra el cáncer

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CONICET. El investigador Osvaldo Podhajcer coordina el consorcio argentino de una red de medicina traslacional sobre cáncer y relata diversos aspectos de su alcance. En 2008 se lanzó la Red de Investigación en Cáncer para América Latina (LACRN, por su sigla en inglés), promovida por el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos (INC-EU). Esta Red, que funciona en simultáneo en Argentina, Brasil, Chile, México y Uruguay, investiga las particularidades de diferentes tipos de cáncer a partir de caracterizaciones genómicas en 1.436 pacientes.

La primera investigación iniciada por la Red intenta definir el perfil genómico de pacientes latinoamericanos con cáncer de mama y su potencial uso en la evolución y predicción de respuesta al tratamiento estándar a los fines de ofrecerles un mejor pronóstico y tratamiento.

Recientemente, un estudio publicado en la prestigiosa revista internacional Science Translational Medicine presenta el trabajo que realizan más de 400 profesionales en 37 instituciones de los cinco países, y que en Argentina es coordinada por Osvaldo Podhajcer, investigador superior del CONICET, director del Laboratorio de Terapia Molecular y Celular del Instituto Leloir y autor principal de la publicación.

Podhajcer coordina el consorcio argentino integrado por cuatro hospitales: el Instituto de Oncología Ángel H. Roffo; el Hospital Municipal de Oncología Marie Curie; el Hospital Interzonal de Agudos Eva Perón y el Hospital Municipal Dr. Diego Thompson. También forman parte de la Red local el Instituto Leloir y la Universidad Católica de Córdoba (UCC).

¿Por qué se decidió conformar esta Red?

Las razones principales que llevaron a su lanzamiento fueron estudios donde se había observado que las pacientes latinas con cáncer de mama que viven en Estados Unidos evolucionan y responden diferente a los mismos tratamientos que reciben las pacientes no latinas. Además, las estadísticas indican que Uruguay y Argentina tienen la misma incidencia de la enfermedad que Estados Unidos, mientras que en México, Chile y Brasil el promedio es inferior y muy similar a lo que se observa en el resto de América Latina y el Caribe.

¿Cómo se orientaron las acciones?

Primero se definió en qué tipo de cáncer se iba a trabajar en el primer proyecto, y la elección de cáncer de mama fue unánime. En una segunda etapa se determinó que el objetivo sería hacer investigación traslacional para poder lograr un impacto con tecnologías de última generación. Es así que se definió que el objetivo del primer proyecto era encontrar una firma molecular (o genómica) que permita predecir la evolución de cada paciente y decidir si debe recibir (o no) terapias adyuvantes a la cirugía. Como objetivo complementario también se busca encontrar una firma molecular que permita predecir la respuesta de cada paciente al tratamiento neoadyuvante que reciben muchas de ellas en forma previa a la cirugía.

¿Cómo coordinaron los procedimientos en un proyecto que integra varios países?

A partir de reuniones que se realizan con cierta periodicidad, logramos armonizar todos los procedimientos operativos de las 37 instituciones, que incluyen aspectos que van desde procedimientos quirúrgicos hasta genómicos y bioinformaticos, tipo de reactivos, plataforma tecnológica a utilizar o determinar cómo se le da seguimiento a la paciente, entre otros. Desde el lanzamiento hasta ahora se reclutaron cerca de 1.500 pacientes en toda América Latina y se crearon 11 biobancos en los cuales están depositadas cerca de 58 mil muestras de tejidos y sangre. La red es considerada un modelo para iniciativas del mismo tipo a nivel global.

¿Se trabajó en un protocolo común para las 37 instituciones?

Se plasmaron decenas de procedimientos operativos en un Manual Operativo de Procedimientos disponible en tres idiomas (inglés, castellano y portugués), incluidos decenas de Clinical Research Forms (CRFs) que se usaron para ingresar todos los datos en una base de datos trasnacional. A esto se suma un cuestionario epidemiológico socio-demográfico, que se realiza a las pacientes que son incorporadas al estudio.

¿Esos datos permiten estudiar los parámetros genómicos?

La información previa de la literatura muestra qué aspectos poblacionales y étnicos tienen un rol en la enfermedad, tanto en la incidencia, evolución y respuesta al tratamiento. Por eso el proyecto involucra también el estudio de la ancestría genética de las pacientes y estudia, en forma asociada, la susceptibilidad genética. Esto implica determinar si hay polimorfismos genéticos o mutaciones en genes asociados a la aparición o la evolución de la enfermedad. Finalmente, pretendemos también asociar la información epidemiológica socio-demográfica con los estudios genómicos y los clínicos. Los diferentes abordajes de la enfermedad, desde la clínica hasta la genómica pasando por la epidemiologia, son únicos en su tipo en el mundo.

¿Cómo es la respuesta de los pacientes frente a esta iniciativa?

El inicio del reclutamiento fue en 2011 y finalizo tres años después en 2013 y la respuesta de los pacientes fue absolutamente positiva. En Argentina de casi 300 pacientes que aceptaron incorporarse al estudio sólo uno o dos se negaron a firmar el consentimiento informado. Evidentemente el trabajo de los médicos que participaron de esta etapa fue impecable, lo que hizo que las pacientes se sintieran cómodas y seguras de que se iban a preservar todos sus derechos e intimidad. Los comentarios de las pacientes a los grupos de trabajo de los diferentes hospitales fueron también muy positivos por el nivel contención de los grupos de profesionales. Este primer estudio observacional prevé el seguimiento de los pacientes a tres y cinco años para poder asociar la firma genómica a la evolución, es decir determinar si lo que nosotros encontramos en el análisis genómico se condice con lo que finalmente ocurre con la paciente.

¿Cómo evalúa usted este tipo de trabajo en Red?

Es un gran desafío por múltiples motivos entre ellos amalgamar idiomas diferentes entre la comunidad médica y la científica. Por otro lado el seguimiento de los pacientes es muy complejo; hay factores que tienen que ver con la propia lógica del sistema público por la cual no es fácil mantener un contacto fluido. El paciente debe venir a seguimientos cada 3-6 meses y esto requiere tener un contacto casi permanente. Por los datos que manejamos más del 90 por ciento de los pacientes están bajo seguimiento. Es un número muy alto para las estadísticas que se manejan en general en nuestro país. Esto habla del compromiso de todas las instituciones y personas que forman parte del proyecto y principalmente de las pacientes.

¿Cuáles son los próximos pasos de cara al 2016?

A lo largo de 2016 y 2017 se comenzarán a publicar los datos obtenidos en el estudio cruzando los datos clínicos con los epidemiológicos y los genómicos a lo que se sumará la información de la evolución de los pacientes. Esperamos también publicar trabajos relativos a la concreción de los biobancos y la red de bioinformática. Estamos trabajando en el diseño de futuros proyectos tanto propios de la red como asociados a otras redes, proyectos incluso mucho más ambiciosos que éste. Gracias al trabajo realizado en estos años y que fue el que llamó la atención de la revista y de los evaluadores del trabajo (que fueron muy elogiosos), existe una capacidad instalada muy importante que posiciona a la red en un lugar muy relevante a nivel mundial.

 

Red de Investigación en Cáncer para América Latina– Conformada por 37 instituciones de Brasil, Uruguay, Argentina, Chile y México. Son en su gran mayoría hospitales, más uno o dos institutos de investigación de cada uno de los países.- Los organismos están conformados en redes internas y Podhajcer coordina la de Argentina.

– Financiación: cuenta con el apoyo del INC-EU y los países miembros la co-financiaron la red. En el caso de Argentina se hizo a través de subsidios otorgados por la Fundación Argentina de Nanotecnología (FAN) y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica dependientes del Ministerio de Ciencia de la Nación; y del Instituto Nacional del Cáncer, dependiente del Ministerio de Salud.

– También participaron otros organismos como el CONICET a través del otorgamiento de becas doctorales.

 

La Red en Argentina- Podhajcer coordina el consorcio argentino integrado por cuatro hospitales y dos instituciones:- Instituto de Oncología Ángel H. Roffo. Hospital escuela de la Universidad de Buenos Aires. Coordinador institucional: Dra. Mónica Castro.

– Hospital Municipal de Oncología Marie Curie. Dependiente del gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Coordinador institucional: Dr. Vicente Teti.

– Hospital Interzonal de Agudos Eva Perón y el Hospital Municipal Dr. Diego Thompson. Ambos están bajo la órbita del gobierno de la provincia de Buenos Aires. Coordinadora: Dra. Inés Bravo.

– Instituto Leloir. Coordinadora: Dra. Andrea Llera, investigadora independiente del CONICET.

– Universidad Católica de Córdoba (UCC). Coordinador: Dr. Elmer Fernández, investigador adjunto del CONICET.


Luisa Massarani: Un periodismo científico más crítico

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NEX ciencia.
La comunicación pública de la ciencia no solo se realiza a través de los medios. También se divulga conocimiento en los museos de ciencia. Luisa Massarani es directora del Museo de la Vida, vinculado a la Fundación Oswaldo Cruz, una de las más importantes instituciones de investigación biomédica de América Latina. Allí, conversó con Noticias Exactas.

Comenzó a trabajar en la divulgación de la ciencia en 1987. Es periodista, egresada de la carrera de Comunicación Social. Realizó una maestría en ciencias de la información y un doctorado en bioquímica médica, en la Universidad Federal de Río de Janeiro. Además de efectuar investigaciones sobre la divulgación científica ha escrito libros para niños. También, es coordinadora regional de la red SciDev para América Latina, un proyecto internacional que busca dar visibilidad al conocimiento que se produce en los países en desarrollo. Se define como “una mariposa que vuela de tema en tema”.

- ¿Cómo decidiste dedicarte a la divulgación científica?

– Hay un momento en la vida de todo joven en que se debe elegir una profesión y pasar una prueba, llamada “vestibular” aquí en Brasil, que es una pesadilla. Si no la pasás, es un drama familiar. Como no tenía idea de lo que quería, hice el vestibular para Medicina, Farmacia y Comunicación, es decir, estaba superubicada (ríe). En verdad, me gustaba la ciencia pero no para estudiar algo específico. Era como una mariposa, para cada día, un tema distinto de la ciencia. Pronto supe de la revista Ciencia Hoje, creada por la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia. Hice una pasantía allí, trabajando en divulgación científica y descubrí que me encantaba.

- ¿Hubo algún factor en tu adolescencia que te llevara a interesarte por la ciencia?

– Mis padres eran ingenieros químicos. Mi papá, en particular, era profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro y tuvo un papel importante en la consolidación de un primer posgrado de Ingeniería en Brasil en la década de los 60. Era un momento muy difícil en este país, por la dictadura. Yo nací en 1966, y viví muy de cerca todo ese proceso. La ciencia fue parte de mi historia familiar.

- ¿Desde que comenzaste hasta el presente, hubo cambios en la divulgación científica en Brasil?

– Sí, hubo cambios muy importantes. En 1987, cuando empecé, había un movimiento muy interesante en periodismo científico, y los principales diarios brasileños tenían secciones de ciencia. En los años 90 eso empezó a decaer, pero un hubo un incremento de la actividad de museos y centros interactivos de ciencia. Se creó, por ejemplo, el Museo da Vida, y desde entonces hasta ahora el crecimiento ha sido fuerte, aunque muy concentrado en la región sudeste, en Río de Janeiro y San Pablo. Desde el punto de vista político, también hubo algunos momentos importantes. Por ejemplo, en 1985 se creó el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación, y dentro de este, en el 2003, con el presidente Lula, se creó una Secretaría de Inclusión Social y un Departamento de Popularización de la Ciencia. Hoy hay fondos para proyectos de divulgación científica. El CNPq (Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico), equivalente al CONICET, ahora tiene un comité específico para la divulgación científica.

- ¿Esto se acompañó de cambios en la mentalidad de los científicos respecto de la divulgación?

– Hubo un cambio en la conciencia. Hoy, cuando un investigador pide un subsidio, llena un formulario donde hay un casillero para indicar actividades de divulgación científica. Además, hubo un incremento importante de tesis de maestría y doctorado en esta temática. En 1980 se defendió la primera tesis de doctorado en Brasil, y hoy tenemos unas 400, entre doctorados y maestrías sobre divulgación científica. Hubo un cambio importante de formación de la gente, y más posibilidades de trabajo. Es algo que no pasaba cuando yo empecé, cuando no había gente que trabajara en divulgación científica en instituciones de investigación, salvo que fueran científicos.

- Parece un proceso parecido al de la Argentina, donde la mayor parte del esfuerzo está puesto por el Estado.

– Sí, es parecido. Pero yo estoy hablando de lo que sucede en Río y San Pablo, los museos de ciencia están aquí, pero Brasil es inmenso.

- ¿Estás realizando investigaciones en divulgación científica?

– Sí, hemos creado aquí el núcleo de estudio de divulgación científica, porque me preocupa mejorar la calidad de esta actividad. Queremos ver cómo cubren los temas los periodistas en los medios masivos, hacer un diagnóstico y ver cómo mejorar, dando capacitación en divulgación científica.

- ¿En los estudios que realizaron, a qué conclusiones llegaron?

– Según lo que observamos, divulgamos una ciencia muy estática, muy bien consolidada. Y me parece que debemos mostrar el propio proceso de construcción de la ciencia, que involucra controversias, incertidumbres. Un museo de ciencia, u otras actividades de divulgación, tienen que estimular a la gente a pensar y discutir el impacto que la ciencia y la tecnología tienen en sus vidas y la sociedad.

- Aquí, en el Museo, se realizan muchas actividades para los niños…

– Me parece que los niños son un público ideal para divulgar, por muchas razones. Son súpercuriosos, y eso es indispensable para la divulgación científica. Hacen preguntas muy interesantes, aprendemos mucho con ellos. Por ejemplo, hice tres libros para niños, uno es de fútbol; otro de dinosaurios, con la idea de enseñar que nuestros países tuvieron dinosaurios; y uno sobre los transgénicos, que es un tema complejo, con mucha discusión. En el Museo tenemos un proyecto de dos exhibiciones: una es la aventura del cuerpo humano, y que los niños viajen dentro de él. Otro, que está en construcción, es para interesarlos en la biodiversidad, con un lenguaje de videojuegos. Desarrollar estrategias para involucrar a los chicos en la ciencia y la tecnología es divertido y provocativo. Puede ayudarlos a tener una formación, una reflexión ciudadana. Este es un aspecto importante. Creo que las actividades de divulgación científica en ese momento de sus vidas pueden tener un impacto importante para su futuro como adultos.

- En tus investigaciones sobre medios, buscás conocer qué entiende la gente a partir de las noticias de ciencia…

– Estamos trabajando con telediarios e intentamos ver qué sentido construye la gente a partir de lo que ve, y esto es mucho más que saber qué entiende. En general, tenemos una visión muy lineal de la divulgación científica y el público: la idea de que el mensaje va del emisor al destinatario. En los últimos años, especialmente en América Latina, hay estudios que muestran que este proceso es mucho más complejo. Por eso hablamos de construir sentido, porque la forma en que el público mira lo que está en los medios masivos se vincula a toda su historia familiar, al contexto de país, cultural y social.

- ¿Cuánta gente trabaja en el Museo?

– Somos más de cien, con formaciones muy distintas, y es nuestro interés que sea así. Hay gente de comunicación, educación, física, biología, entre muchas otras. Hay unas 40 personas con trabajo estable, algunos con doctorado. Otros 40 tienen un trabajo estable pero no pasaron por un concurso público. Y hay un número importante que tiene becas. Creamos un programa que busca involucrar a universitarios de diversas disciplinas. Es como si fuera un primer trabajo y la idea es atraer a los futuros científicos a la divulgación. También tenemos artistas. Por ejemplo, tenemos el proyecto de hacer una parte de teatro, que me parece aporta un lenguaje muy interesante a los museos de ciencia. Mi crítica acerca de los museos de ciencia es que parece que todavía estamos dando clase. Creo que el teatro es una oportunidad de atraer y provocar a la gente no ya desde la explicación, sino desde la emoción.

- Algunos periodistas en la Argentina consideran que el periodismo científico es poco crítico. ¿Vos lo ves de esta manera?

– Sí, es un punto clave que defendemos. En un trabajo analizamos los diarios de América Latina, incluidos La Nación y Clarín, y vimos que el periodismo científico es muy positivo. Muchos de los periodistas científicos son muy entusiastas de la ciencia. Y otros creen que no debemos hablar de controversias, sino de lo bueno de la ciencia. También se observa que la ciencia, cada vez más, ocupa otras secciones. Muchas veces, cuando el tema se trata en otra sección, se adopta una mirada más crítica o menos positiva de hablar de ciencia. Por ejemplo, el tema de transgénicos, en las secciones de ciencia se presentaba en forma aséptica, en cambio, en las de economía o campo había mayor controversia.

- ¿Cómo hacer para que haya una mirada crítica de la ciencia?

– En SciDev hacemos algunos esfuerzos. En las notas, habla el científico que desarrolló la investigación, pero también el científico independiente que evalúa el significado de la novedad. A mí me interesa la controversia, porque habla del propio desarrollo de la ciencia, y además es bueno para atraer al público, porque hablamos de emociones fuertes. Es importante mostrar que la ciencia no está encerrada, sino que tiene mucho que ver con la economía, la política y la sociedad en su conjunto.

- ¿Qué es SciDev?

- SciDev es un proyecto increíblemente lindo y único. Surgió hace tres años, de la cabeza de un matemático británico, muy conocido como periodista científico, David Dickson. Él trabajó en Science y Nature, las dos biblias de la ciencia. Y en un momento, en el Foro Mundial de la Ciencia, propuso hacer un proyecto piloto sobre la ciencia del mundo en desarrollo, esta ciencia que está como invisible. El proyecto piloto funcionó muy bien. A partir de ese momento decidió crear SciDev. Lo conocí justamente cuando el proyecto estaba en gestación. La creación de esta red de ciencia y desarrollo fue decisiva incluso para cambiar la agenda por ejemplo de Science y Nature. SciDev tiene este papel único de hablar sobre la ciencia de los países en desarrollo y de una forma muy vinculada al desarrollo. O sea que es ciencia y desarrollo en los países en desarrollo. A mí me encanta.

- ¿Por qué decís que logró producir un cambio en Science y Nature?

- SciDev tiene una producción específica, con corresponsales en todos los países. Tiene un portal principal y portales regionales. El primero en crearse fue el africano; enviaron a un británico para que lo desarrollara, y funciona bien. El segundo portal fue el de América Latina. En este caso viajaron hacia aquí y buscaron a alguien para hacer el trabajo. Y es el más exitoso de todo el proyecto, y creo que se debe a tener gente local para que hable de ciencia. Lo que empezamos a tener es material novedoso, porque no se conocía mucho de la ciencia en desarrollo. Se lo puso en inglés para darle mayor visibilidad a la ciencia de nuestros países y SciDev tenía la producción propia pero, como tenía una conexión con Nature y Science, logró ponerlas juntas. Por eso decimos que es el único sitio donde las dos biblias rivales de la ciencia están juntas. Incluso algunos artículos de estas revistas tienen acceso libre en SciDev. Efectivamente hubo un flujo muy fuerte entre esas revistas y SciDev, pues muchas veces ellas usan como tema notas que salieron en esta red.

- Decís que en SciDev escriben en inglés…

– El portal principal está en inglés. Los portales regionales tienen sus idiomas locales, hay parte en chino y en árabe, y América Latina, en español. Desde el punto de vista regional es importante porque la verdad es que no conocemos la ciencia de los vecinos. Tenemos más acceso a la ciencia de los Estados Unidos y Europa que a la de nuestros países. Parte de la producción de notas es traducida al inglés y sale en el portal principal, con lo cual se lo pone en conocimiento de quienes manejan ese idioma.

- Algunos científicos están preocupados porque en muchas películas de Hollywood, como Avatar o Jurassik Park, la ciencia ocupa el lugar del doctor Frankenstein, desarrolla elementos que terminan en desastres. ¿Vos crees en esta visión?

– Hay estudios que señalan que las películas presentan un estereotipo del científico como un loco, con los pelos parados, aislado del mundo real. En dibujos para niños a veces es así. Pero estas películas atraen mucha gente. Aquí tuvimos una discusión acerca de una telenovela brasileña, con gran audiencia, que fue “El clon”. Muchos científicos decían que era pura basura, y los contenidos eran incorrectos. A mí me pareció un momento increíblemente interesante en que se podía hablar de clonación, genética, determinismo genético, y en qué medida los genes y el contexto pueden influir en la formación de las personas. Esta telenovela tuvo un papel importante para elevar la formación científica del país.

- ¿Qué aspectos son centrales en la formación de un divulgador?

– Quizás un aspecto fundamental es mostrar que la divulgación científica no es solo transmitir contenidos. Mostrar una ciencia menos estática, que discute sus controversias e incertidumbres. Además, aunque parezca obvio, me parece fundamental en la capacitación el pensar en el público. En general, en los encuentros o capacitaciones, hablamos del mensaje, del científico, de la relación científico-periodista, pero no hablamos del público. Un aspecto clave es conocer más al público o los públicos.

Ciudad Maravillosa
En marzo de 2013, Susana Gallardo, Cecilia Draghi, Gabriel Rocca y Gabriel Stekolschik, miembros del equipo editorial de EXACTAmente viajaron a Río de Janeiro por ser los ganadores del Primer Premio a la Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología, que entregó en 2011 el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación Productiva de la Nación por el Dossier Biodiversidad, publicado en el número 41 de EXACTAmente.

Los periodistas visitaron el Museu da Vida, que pertenece a la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), la principal institución de ciencia y tecnología en salud de América Latina, fundada en 1900 por el reconocido epidemiólogo brasileño Oswaldo Cruz. Su discípulo Carlos Chagas fue quien aisló, en 1908, el parásito Tripanosoma cruzi, llamado así en honor a su maestro.

Además de entrevistar a Luisa Massarani, directora del Museo, los periodistas recorrieron las instalaciones y muestras interactivas que informan y educan en ciencia, salud y tecnología en forma lúdica y creativa.

También visitaron la revista Ciência Hoje, donde intercambiaron ideas con Alicia Ivanissevich, editora de la versión impresa, Carla Almeida, editora de la versión online, y Catarina Chagas, editora de la versión online de Ciência Hoje para niños.


Cómo emprender desde la universidad

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SINC - "Nunca sentí que mi actividad académica y emprendedora fueran incompatibles. De hecho, creo que son complementarias", dice Javier García-Martínez (Logroño, 1973). Este doctor en Química dirige el laboratorio de Nanotecnología Molecular de la Universidad de Alicante y es el fundador de la empresa Rive Technology. Sus nanomateriales han generado más de veinte patentes y acaba de recibir uno de los Premios Rey Jaime I 2014.

¿Tengo que dejar la universidad para poder hacer realidad los resultados de mi trabajo, renunciar a mi carrera científica para crear mi propia empresa?

Muchos estudiantes y profesores universitarios sienten que no es posible desarrollar su carrera profesional en la universidad y a la vez comercializar sus investigaciones.  

Sin embargo, ahora más que nunca, es posible compaginar ciencia y emprendimiento. De hecho, cada vez contamos con más ejemplos de universitarios emprendedores, personas que nos muestran que es posible comercializar la excelente investigación que se lleva a cabo en las universidades.

Con un pie en dos mundos

Pero a pesar de los avances, aún existen numerosas barreras para el emprendimiento desde la universidad. En primer lugar, los emprendedores universitarios deben poseer una rara mezcla de habilidades. Deben tener los atributos tradicionales del universitario tales como el rigor, la atención a los detalles y un profundo conocimiento de su área de trabajo. Pero también deben poseer los atributos propios del emprendedor: la capacidad de reconocer nuevas oportunidades de negocio, ser capaz de crear valor para el cliente y la voluntad de asumir riesgos.

Los emprendedores universitarios deben ser capaces de apuntar alto mientras cumplen sus objetivos empresariales y reconocer aquellas líneas de investigación con mayores probabilidades de contribuir a la expansión del negocio. 

Pero incluso para aquellas personas que tengan las cualidades y habilidades necesarias, la cultura universitaria puede ser un fuerte elemento de disuasión. La educación universitaria tradicional no favorece el espíritu emprendedor, por lo que muchos jóvenes jamás consideran la posibilidad de emprender.

Los profesores universitarios a menudo consideran que sus estudiantes de doctorado y posdoctorales deben centrarse exclusivamente en la investigación y abandonar cualquier tarea que les distraigan de publicar sus investigaciones. Otro problema habitual es que en muchas universidades las patentes y la creación de empresas no son tenidas en cuenta para la contratación y promoción del profesorado.

Incluso en un ambiente propicio, los retos que debe superar una persona que quiera ser un buen investigador y un empresario de éxito son enormes, por lo que muchos jóvenes universitarios sienten que es un reto insuperable. 

Dónde encontrar la inspiración

Sin duda, el emprendedor universitario tiene muchos retos que superar, pero consideremos también algunos hechos que nos pueden animar a embarcarnos en esta aventura. El número de patentes, licencias y empresas spin-offcreadas por académicos está aumentando.

De acuerdo con un estudio publicado en 2009 por investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) Sloan School of Management, los exalumnos del MIT han creado 25.800 empresas, con ventas anuales mundiales de 2 billones de dólares. Estos datos han impulsado a otras universidades a crear programas e iniciativas que favorezcan el emprendimiento desde sus aulas. De hecho, es rara la universidad que no tenga cursos, oficinas de transferencia de tecnología e incluso incubadoras de empresas para favorecer la creación y crecimiento de nuevas empresas en sus campus.

Hoy más que nunca, los jóvenes científicos encuentran excelentes modelos a seguir. Muchos de los mejores científicos de nuestro tiempo se han convertido en empresarios de éxito. Entre ellos destacan el bioquímico Herbert Boyer, fundador de Genentech, y el profesor de la Universidad de Harvard George Whitesides, fundador de empresas de enrome éxito como Genzyme.

Hoy las universidades reconocen a aquellos jóvenes que asumen el riego de comercializar sus descubrimientos. Por ejemplo, el MIT reconoce cada año a los 35 jóvenes menores de 35 años cuya tecnología tiene mayor capacidad de mejorar nuestras vidas con el premio TR35.Entre los galardonados podemos encontrar personas como Shwetak Patel, de la Universidad de Washington en Seattle, quien ganó el premio TR35 por el diseño de sensores para monitorizar el consumo de energía eléctrica en entornos domésticos. Otro ganador de este premio es Luis von Ahn , de la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh, Pensilvania , por el desarrollo de la tecnología captcha para la digitalización de libros. Ambos, excelentes ejemplos de jóvenes emprendedores universitarios.

Mi experiencia personal

En los últimos cuatro años he tenido la ocasión de ver muchos casos similares como miembro del jurado de estos premios. Esta atalaya me ha dado la oportunidad de observar una y otra vez algunos elementos comunes necesarios para emprender con éxito desde la universidad: una investigación de excelencia, un sólido plan para convertir los hallazgos en una oportunidad de negocio y un entorno que favorezca el emprendimiento.

Tuve la suerte de encontrarme en esta situación en el periodo 2001–2004 cuando estaba realizando mi estancia posdoctoral en el MIT gracias a una beca Fulbright. Durante esos años trabajé para aplicar los avances en nanotecnología en el sector de refino de petróleo. Un sector bastante tradicional que suponía una oportunidad excelente para aquellas personas con nuevas ideas y visión empresarial.

Tras varios años en el laboratorio, mucho trabajo e innumerables experimentos (la mayoría infructuosos), en la primavera de 2004 decidí participar en el MIT $ 50K Entrepreneurship Competition, uno de los concursos de planes de negocio más importantes del mundo. Nunca había hecho un plan de negocios antes, pero los cursos que ofrece el MIT a los participantes y el trabajo en equipo me sirvieron para familiarizarme con algunos temas que luego han sido muy importantes para el éxito de mi empresa: cómo proteger  la propiedad intelectual, cómo construir un plan de negocios sólido y cómo perfeccionar mis habilidades de comunicación y de conseguir financiación. Hoy en día, cursos como estos (y muchos otros) se encuentran de forma gratuita en internet  para cualquiera que esté interesado (ver recuadro al final).

Poco después, en 2005, decidí fundar Rive Technology para comercializar los resultados de mi investigación en el MIT, y abrimos una pequeña oficina en Cambridge, Massachusetts. Tres años más tarde, tras escalar nuestra tecnología, abrimos un nuevo centro de investigación en Princeton, Nueva Jersey. En 2012, cerramos nuestra última ronda de financiación, con un total de 67 millones dólares de varias firmas de capital de riesgo e importantes empresas del sector, y un año más tarde ya estábamos comercializando los catalizadores que desarrollé en MIT y que permiten aumentar significativamente la producción de diesel y gasolina, a la vez que se reduce la generación de subproductos.

Emprendedor y profesor universitario

Todo esto lo hacía mientras trabajaba en la universidad española y formaba mi propio grupo de investigación, el laboratorio de Nanotecnología Molecular. En 2004, al terminar mi posdoc, volví a mi país natal, España con un contrato Ramón y Cajal de la Universidad de Alicante. Cinco años más tarde, tras finalizar mi este contrato, gane una plaza de profesor titular.

Sin duda, llegar aquí no ha sido una tarea fácil. Pero ha merecido la pena. Ha sido posible gracias a contar con un equipo de investigación excelente y muy motivado en la Universidad de Alicante, que prueba la calidad y el talento de los científicos españoles. Y, por supuesto también al excelente equipo de profesionales con los que cuenta Rive Technology. Uno de los errores más frecuentes que cometen los emprendedores universitarios es empeñarse en dirigir sus empresas. Aunque existen numerosos ejemplos de investigadores que son capaces de liderar sus propias empresas.

En general, el investigador es la persona más adecuada para resolver los retos tecnológicos de la empresa y existen personas con las cualidades y experiencia necesarias para ponerse al frente de jóvenes empresas. Para mí fue una suerte contar con Larry Evans, el primer CEO de Rive Tecnology desde el principio. También la tecnología y las nuevas herramientas de comunicación han sido muy importantes para poder trabajar de forma remota y coordinar la actividad investigadora de varios equipos. 

Durante estos años, nunca sentí que mi actividad académica y empresarial fueran incompatibles. De hecho, creo que son complementarias. Estar a caballo entre la universidad y empresa proporciona una valiosa perspectiva y permite desarrollar habilidades complementarias. Emprender desde la universidad te fuerza a trabajar duro y de manera creativa para resolver numerosos problemas técnicos que probablemente no surgirían en un entorno de laboratorio a pequeña escala. También te ayuda a perfeccionar tus habilidades de comunicación y de negociación, a trabajar con múltiples equipos y gestionar tiempo y recursos limitados.

Estas habilidades son de enorme utilidad para el investigador universitario y le abren nuevas puertas de financiación y acceso a nuevos colaboradores. Además, tener experiencia empresarial de primera mano y conocer las necesidades de mercado, son cualidades muy importantes a la hora de enseñar una asignatura. Mi actividad emprendedora ha sido, sin duda, muy beneficiosa para mi desarrollo como profesor universitario. Los alumnos captan inmediatamente el conocimiento práctico que tiene el profesor de la asignatura y su experiencia personal con la industria.

Desde el punto de vista opuesto, mi actividad universitaria también ha sido muy positiva para mi carrera como emprendedor. Me ha permitido estar al tanto de los resultados más recientes en mi área de investigador, pensar de manera más amplia y crítica, desarrollar nuevos descubrimientos que han dado lugar a nuevas oportunidades de negocio e identificar y reclutar talento.

La ciencia y la tecnología son fundamentales para hacer frente a los retos más importantes a los que nos enfrentamos, ya sea el cambio climático, la seguridad alimentaria o la salud pública. Pero necesitamos personas con el coraje y el conocimiento que sean capaces de convertir descubrimientos en una realidad que a permita a millones de personas beneficiarse de la excelente investigación que se realiza en la universidad.

Recursos para científicos que quieran crear empresas:

Artículo adaptado y traducido del original The Third Way: Becoming an Academic Entrepreneur, que se publicó en Science Careers el 20 de marzo de 2014. 


A propósito del Desarrollo Económico Local: el derrotero de un mal parido

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La Revista CTS ha puesto en marcha un nuevo foro de debate. Esta vez se basa en el texto Arnoldo Oscar Delgado. Arquitecto (UNLP, Argentina), magíster en política y gestión de la ciencia y la tecnología (UBA, Argentina), diplomado superior en desarrollo local y economía social (FLACSO, Argentina).

Como dice un amigo (según él, citando a Theodor Adorno), “toda generalización es una forma de autoritarismo”. De antemano lo asumo, así como también la arbitrariedad en la que incurriré al aventurar opinión sobre algunos aspectos que signaron el camino del Desarrollo Económico Local (DEL) en Argentina, con pretensión de extenderme a otros países de la región sudamericana y el Caribe. Después de todo, desde el eufemísticamente bautizado “encuentro de dos culturas” en adelante, la larga historia compartida de sometimiento, expoliación e intromisiones para frenar sus procesos de autoafirmación y democracia nos da terreno fértil para conjeturar similitudes: una entre ellas, la permeabilidad de los respectivos contextos políticos, económicos y socio-culturales a la transferencia y aplicación -muchas veces acrítica- de teorías y experiencias que, aparentemente exitosas en otras realidades, poco o nada tenían que ver con las propias posibilidades y necesidades.

En el caso de la que nos ocupa aquí, no es antojadizo pensar que su desembarco en estas tierras acaso haya encontrado también reacciones similares, más próximas a la adhesión que al rechazo. Al fin y al cabo, las usinas de pensamiento, prescripciones o financiamiento eran una vez más compartidas (FMI, CEPAL, BID, BM), y puertas adentro se cocían las mismas habas, como la deslegitimación de las clases dirigentes y la desafección ciudadana por la participación política. También por igual acunaba el canto de sirena sobre la “modernización del Estado”, discurso prometedor para sociedades hastiadas de su ineficiencia y opacidad. La retórica excluyente y hegemónica caló fuerte, y en menos de lo que canta un gallo atrás quedó la matriz estado-céntrica que alguna vez moldeara el Estado de Bienestar del que algunos disfrutáramos, reemplazada por otra con preeminencia del mercado como árbitro y asignador de recursos. El crecimiento económico, objetivo preeminente del desarrollo local en esta primera etapa (apostando a la radicación del capital externo y no al desarrollo endógeno que debió haber sido su norte), ya traería luego el bálsamo benéfico del “efecto derrame” para restañar las heridas del cuerpo social fragmentado y maltrecho, desmanteladas las infraestructuras públicas que antes fungieran como mecanismo de integración.

Un segundo aspecto determinante para la instalación generalizada del discurso asociado al DEL fue la ofensiva descentralizadora, componente esencial de la modernización. De hecho, sin ella no se entiende la consagración de la escala local como objeto de actuación preeminente (disociada de los otros niveles territoriales), expresiva por antonomasia del Estado mínimo que la reforma estructural y su fiebre privatizadora perseguían. Sin importar la cuasi inexistencia de infraestructura, de recursos humanos y de todo tipo en la mayoría de los municipios de la región, carente de cualquier análisis del tamaño de las ciudades y sus perfiles productivos (si alguno), más que de una auténtica valoración de “lo local” pareció darse lo que Daniel Arroyo llamó, para el caso argentino, una “municipalización de la crisis”. Más aún, al tiempo que se imponía a los gobiernos locales gestionar las consecuencias sociales de las políticas macro-económicas, persistían las reservas para avanzar hacia una descentralización propiamente tal: vale decir, a una significativa transferencia del poder de decisión y de los recursos necesarios para volverlo efectivo. Como bien señalaba Carlos Vilas, este conjunto de limitaciones acabó produciendo efectos contrarios a los formalmente pretendidos: más que el fomento de la autogestión de la sociedad civil, se reforzó la imagen de “sálvese quien pueda” del diseño global. Si el tiempo demostró en algunos países centrales que, aun efectuándose en mejores condiciones, la descentralización no cumplió con lo esperado (como en la pionera Francia, donde apuntaló aún más el poder cuasi feudal de los alcaldes, o en España, donde la crisis actual expone crudamente los excesos, duplicaciones y desarticulaciones que dificultan la gestión unificada de políticas públicas esenciales), especialmente perjudicial resultaba en las periferias de la globalización. Bien lo señaló en su momento Daniel García Canclini:

“En los países que entraron al siglo XX con ciudades planificadas y gobiernos democráticos, las digresiones, la desviación y la pérdida de poder de los órdenes totalizadores pueden ser parte de una lógica productiva y democratizadora; en las periferias, la diseminación -generada por el estallido demográfico, la invasión popular o especulativa del suelo, con formas poco igualitarias de representación y administración del espacio urbano- aparece como la multiplicación de un desorden siempre a punto de explotar. Mientras que en el primer caso el debilitamiento de las estructuras puede ser un avance liberalizador, en los otros logra a menudo sólo reproducir aglomeraciones ingobernables -lo cual, además, se vuelve funcional a la perpetuación de gobiernos autoritarios y centralizados, reticentes a la participación ciudadana. De hecho, en muchas ciudades latinoamericanas es evidente que la debilidad reguladora de las dos últimas décadas no aumentó la libertad sino la inseguridad y la injusticia, exasperando las contradicciones de la modernidad: desaparición de lo poco que se había logrado de urbano, agotamiento de la vida pública y búsqueda privada de alternativas a la vida urbana, entendida como ‘tumulto desconcertante’”.

Obviamente, dado el contexto anterior, cuesta creer en el beneplácito de los jefes locales al recibir nuevas responsabilidades sin proceso ni recurso alguno. Asumo, en todo caso, que fue el tercer componente del discurso lo que acabó ganándolos: “mejorar la atractividad de las ciudades”, eslogan al que era difícil resistirse. Apuntalado una vez más por los generosos fondos internacionales interesados en que la reforma se cumpliera a rajatabla, ello suponía proveerlas de infraestructuras adecuadas sin perder tiempo en planificaciones pasadas de moda, y relajar las normativas para la radicación del capital siempre esquivo, sin importar el cariz depredador que fue impronta de muchas de las inversiones captadas. ¿Acaso importaba? Esta obscena entronización del capital y sus demandas, expuesta sin disimulo en los simposios universidad-empresa que asimilaban “educación” con “capacitación de la fuerza de trabajo”, encontró a mediados de los 90 un aliado perfecto: el método de la planificación estratégica, receta magistral que toda ciudad aggiornada debía aplicar. En Argentina al menos, directamente basado en el modelo español y las experiencias de Barcelona y Bilbao, el valioso instrumento devino ideología. Consultores pagados a precio de oro propagaron sin inmutarse la perniciosa concepción de la “ciudad-empresa” y del territorio como arena de competencia entre rivales, completando la analogía con las figuras del “gobierno local=alta gerencia” y del “ciudadano=cliente”, que contribuían a desnaturalizar su significado político y a desmovilizar y fragmentar aún más el cuerpo social. Como metáfora perfecta de esa retórica que todo procesaba en términos de business management, el país holding celebraba las ciudades competitivas y abandonaba a su suerte a los territorios inviables, mientras los shoppings, barrios cerrados y plazas “con sponsor” corporificaban urbanamente la derrota de lo público ante el avance de lo privado, definido atrozmente por Amos Rapoport como “control a la interacción no deseada”.

Como no podía ser de otro modo, la planificación incorporó discursivamente la cuestión de la innovación tecnológica, en buena parte responsable de su propio resurgimiento en afán de replicar las bondades de aquellos territorios organizados donde todo comenzó. Consustancial al origen mismo de las teorías sobre desarrollo local y endógeno, enfatizada por la bibliografía y los consultores internacionales a veces como fin en sí mismo, muchos de los planes formulados según su preceptiva se poblaron de su lenguaje, institucionalidad ad hoc (como las agencias de desarrollo) y hasta propusieron medidas adecuadas en relación al mundo PYME, aunque en una lectura desarticulada que permitía entrever la falta de comprensión del marco socio-institucional e interacciones inherentes a un sistema territorial de innovación. “Distrito industrial” y “clúster”, por ejemplo, se difundieron como los modelos de organización industrial por excelencia sin importar cuán intransferibles o poco operativos resultaran al bajar al territorio en concreto, acaso porque su promoción convenía a la estrategia global de minar el Estado-nación estimulando el surgimiento de territorios subnacionales autosuficientes y funcionales. Paradojalmente, los esfuerzos locales por consolidar o diversificar sus tejidos productivos enfrentaban la apertura indiscriminada del mercado a los productos importados, exponiendo abiertamente el abismo existente entre el discurso y las políticas macro-económicas efectivamente implantadas…

Remitiéndonos ya de modo concreto al caso argentino, la crisis del 2001 dinamitó tanto las buenas intenciones como los delirios de grandeza, devolvió los gurúes a sus países centrales y a los cajones las bellas ediciones de planes estratégicos no implementados. Los gobiernos locales cosecharon, por fin, la siembra amarga de años de desatino: en lo político, deslegitimación y descrédito; en lo económico, incapacidad recaudatoria y financiera; en lo social, la reducción del ciudadano a la condición de súbdito, obligado a mendigar por bolsas de alimentos y asistiendo a comedores comunitarios que se armaban por doquier, escuelas incluidas. El largo ciclo de más de veinte años iniciado con la reforma en 1989 pareció desvanecerse sin más, con las experiencias discontinuadas y sin evaluación ninguna. Sin embargo, no fue así. A partir de 2003, asumiendo las consecuencias de la etapa previa, el desarrollo local fue redefinido como “crecimiento+inclusión”, e incorporó algunas premisas correctivas que vale destacar: (i) reconocer la necesidad de fundar los procesos endógenamente, aprovechando las capacidades territoriales de todo tipo y consolidando sistemas productivos locales; (ii) abandonar la asimilación con lo municipal, apoyando actividades para generar valor agregado y procesos económicos capaces de articular regiones, cadenas y corredores productivos sólidos entre las localidades; y (iii) aceptar, por fin, la imposibilidad de un desarrollo local escindido de las variables y condicionantes macroeconómicas y el perfil productivo nacional.

Lamentablemente, como el perro que se muerde la cola, el nuevo abordaje tuvo que vérselas con la precariedad del escenario argentino post-reforma. La distancia respecto de aquellos ambientes innovadores fundantes del nuevo paradigma de desarrollo territorial, quedaba crudamente expresada al abordar el fortalecimiento de los sistemas locales de innovación. Decía al respecto Gabriel Yoguel, quien durante los años 90 diera entidad analítica al caso nacional más difundido, el cuasi-distrito de Rafaela (Santa Fe):

“El planteamiento realizado (…) supone la presencia de ciertas condiciones mínimas en materia de ingresos, acceso a una vivienda digna y servicios públicos e infraestructura, a fin de que las acciones de política puedan orientarse a la creación de capacidades y a la satisfacción de necesidades que superen el ámbito primario de la alimentación, la salud y el acceso a ciertos bienes públicos básicos. Este requisito de asegurar un cierto piso mínimo no sólo se refiere a cuestiones tangibles como las mencionadas, sino que incluye también la justicia entendida en un sentido amplio (social, ambiental y territorial). A partir de estas condiciones mínimas, los elementos clave de las políticas deberían apuntar a desarrollar el sistema institucional, el entorno productivo de los agentes económicos, las redes productivas y los distintos tipos de encadenamientos, los recursos humanos y una organización del trabajo que facilite la generación de proceso de aprendizaje e intercambio de conocimientos”.

El análisis anterior cobra especial sentido cuando, retornando a las fuentes, se lo contrasta con aquellos factores socio-territoriales que fungen como requisitos para el desarrollo endógeno, puntualizados en su momento por el italiano Gioacchino Garofoli, uno de los “padres” de la teoría: (i) ante todo, una formación social suficientemente homogénea en cuanto a comportamientos culturales y aspiraciones; movilidad social relativamente elevada; distribución del ingreso más igualitaria; estructura social que recompensa el esfuerzo; aliento a la creación de un nuevo empresariado; flexibilidad considerable del mercado laboral; (ii) una ética del trabajo y del sacrificio que se propaga por todo el sistema y determina una substancial identidad socio-cultural entre la esfera productiva y la esfera político-decisional; (iii) importante demanda de intervención pública por parte de las fuerzas sociales, a la que se responde con un desarrollo consistente de los servicios comunitarios (asistencia sanitaria, sistema escolar y de formación profesional, transportes públicos, vivienda social, etc.); (iv) acumulación de conocimientos, profesionalismo y know-how difundidos en el nivel local; economías de aglomeración derivadas de la integración productiva entre las empresas y de la circulación eficaz de las informaciones; y (vi) de manera crucial, formas de autorregulación introducidas por la propia comunidad con el fin de equilibrar las tensiones entre competencia y cooperación.

El sinceramiento sobre las condiciones imperantes y la premisa de “crecer con inclusión” llevaron entonces a una convergencia con los preceptos de la Economía Social: como señala Favio Quetglas, se trataba de revitalizar la economía “desde abajo”, aprovechando los recursos destinados a la ayuda social para generar “una trama social-productiva en base a los principios de una economía cooperativa y asociativa” que permitiera pasar del puro asistencialismo a respuestas productivas y organizativas. En un país poco afecto al monitoreo y evaluación de toda política pública, es difícil saber hasta qué punto el nuevo enfoque se acercó al objetivo; pero en cualquier caso, resultaría ingenuo creer que puedan llegarse a consolidar sistemas productivos locales de sesgo innovador por mera evolución de las políticas sociales. Como evidencia la contribución de Garofoli, la complejidad de los procesos de desarrollo endógeno emplaza a diseñar e implantar planes y programas de carácter transversal que expresen la interactividad de las muchas dimensiones en juego. Frente a tamaño reto, acaso porque las mismas políticas sociales los liberaron de la conflictividad que amenazaba con dinamitarles el poder en 2001, los gobiernos locales parecen haber recobrado sus viejas prácticas cortoplacistas apenas enmascaradas por un discurso aggiornado y espejitos de colores, como los presupuestos “participativos”. Amainada la tormenta, resignado por comodidad el liderazgo que el mainstream les exigiera a lo largo de los 90, en el camino quedó también el desafío nunca acometido: la formulación de una auténtica economía política del desarrollo local.

Tras este largo viaje que pareciera no haber llegado nunca a puerto, la (re)entronización conservadora operada en Argentina a finales del 2015 podría llevarnos a donde todo comenzó. El retorno de cantilenas y sumisiones que otrora conocimos y padecimos no auguran escenario propicio al desarrollo endógenamente sustentado. Todo lo contrario. Más bien soplan vientos favorables a los viejos eslóganes pro-atractividad de territorios y ciudades, competencia y competitividad, eficiencia del gasto público y otros que, allá por los 90, enmarcaron la instalación del desarrollo local entendido como mero crecimiento económico y por aporte exógeno. ¿Servirá lo aprendido para no repetir errores y frustraciones? ¿Será momento de revisar la teoría misma del desarrollo “desde lo local” y evaluar su pertinencia para el ámbito regional a la luz de las muchas limitaciones que evidenció el intento de bajarlo, efectivamente, al territorio? Por ahora, sólo existe (o quiero creer que existe) una siembra que acaso dé cosecha: muchos ya no somos ingenuos.

Referencias bibliográficas

ARROYO, D. (1997): "Estilos de gestión y políticas sociales municipales en Argentina", Políticas públicas y desarrollo local, Fundación Instituto de Desarrollo Regional de Rosario, pp. 109-1.

GARCÍA CANCLINI, N. (1998): “Las cuatro ciudades de México”, Cultura y comunicación en la ciudad de México, Conaculta, UNAM-I.

RAPOPORT, A. (1979): Aspectos humanos de la forma urbana, Madrid, Edit. G. Gilli, Madrid.

FERNÁNDEZ, V. R. Y VIGIL, J.I. (2007): “Clusters y desarrollo territorial. Revisión teórica y desafíos metodológicos para América Latina”, Revista Economía, Sociedad y Territorio, n° 24, mayo-agosto, México DF, Colegio Mexiquense/CONACYT.

YOGUEL, G. et al. (2009): “Argentina: cómo estudiar y actuar sobre los sistemas locales de innovación”, Revista CEPAL, n° 99, diciembre.

GAROFOLI, G. (1996): Les nouvelles logiques du développement, París, Éditions L'Harmattan.

QUETGLAS, F. (2008): ¿Qué es el desarrollo local?, Buenos Aires, Capital Intelectual.  


El rechazo a las vacunas no tiene nada de sano (ni de ecológico)

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Marcos Pérez Maldonado. SINC. La semana pasada, en A Coruña, se anunciaron varias charlas impartidas por activistas del movimiento antivacunas en una feria de productos ecológicos y consumo responsable. El debate público hizo reaccionar al Ayuntamiento, que consiguió que la organización cancelase las conferencias. ¿Deberían considerarse estas actividades como un delito contra la salud pública?

 

Poco antes de publicar Charlie y la fábrica de chocolate Roald Dahl perdió a su hija Olivia, de siete años, víctima del sarampión. La muerte de la pequeña marcó la vida de la familia del escritor, pero fue una tragedia inevitable, porque en 1962 todavía no existía una vacuna eficaz contra esta enfermedad. 24 años más tarde, cuando esa vacuna ya existía, Dahl publicó un texto en el que rogaba a sus conciudadanos que vacunaran a sus hijos.

(…) Aquí, en Gran Bretaña, debido a que tantos padres rechazan, por obstinación, ignorancia o miedo, que sus hijos sean inmunizados, todavía tenemos cien mil casos de sarampión cada año. De ellos más de 10.000 tendrán consecuencias de uno u otro tipo. Unos veinte niños morirán.

En 2017 los casos de sarampión en Europa se multiplicaron por cuatro y causaron 35 muertes

Las vacunas protegen hoy al 86% de la población mundial y, según los datos de la OMS, evitan la muerte de dos millones de personas al año, especialmente niños y niñas. Gracias a las vacunas hemos logrado erradicar una enfermedad tan terrible como la viruela, y muchas otras han desaparecido de nuestras vidas.

Pero la súplica de Roald Dahl sigue vigente porque el rechazo a las vacunas no ha dejado de crecer, especialmente en los países más ricos. Solo en Europa los casos de sarampión se multiplicaron por cuatro en 2017, causando 35 muertes. La difteria y la tos ferina vuelven a causar víctimas y si esta tendencia no se revierte, volveremos a ver en nuestros colegios los estragos de la polio.

Resulta difícil imaginar el dolor de una persona que pierde un hijo por negarle la protección que proporcionan las vacunas. Pero más allá de los sentimientos de compasión y de rabia, conviene reflexionar sobre los motivos de su obstinación, su ignorancia y su miedo. En particular, debemos analizar el papel que están jugando los activistas del movimiento antivacunas, cada vez más organizado.

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El escritor británico Roald Dahl perdió en 1962 a su hija Olivia cuando esta tenía solo siete años, víctima del sarampión, para el que no había vacuna.

El poder del debate social

¿Qué mecanismos tiene la sociedad para defenderse del peligro que suponen? ¿Podemos exigirles alguna responsabilidad por las consecuencias de sus actos? ¿Qué relación hay entre el rechazo creciente a las vacunas y la proliferación de terapias que nunca han demostrado su efectividad y que en ocasiones se dispensan al amparo de los propios colegios oficiales de médicos y farmacéuticos?

En A Coruña hemos vivido estos días un par de situaciones que ejemplifican los términos en los que se está produciendo este debate. Por una parte, un hotel de la ciudad decidió atender a las protestas de muchos ciudadanos y canceló una conferencia de Josep Pàmies, un empresario agrícola que, entre otras cosas, incita a sustituir los tratamientos de quimioterapia por una combinación de plantas medicinales y lejía.

Lo sucedido en A Coruña muestra que el debate público es una herramienta eficaz para achicar el espacio social a quienes instigan el rechazo a las vacunas

Unos días más tarde el Ayuntamiento anunciaba en rueda de prensa el patrocinio de BioCultura, una feria que suma 75 ediciones entre Sevilla, Valencia, Bilbao, Barcelona y Madrid, donde en noviembre del año pasado ocupó dos pabellones del recinto de IFEMA con más de 800 expositores y 74.500 visitantes.

Poco después de la presentación el Ayuntamiento comenzó a recibir quejas porque, junto a talleres de compostaje, cooperativismo energético o comedores escolares sostenibles, la feria programaba varias charlas impartidas por reconocidos activistas del movimiento antivacunas. Entre ellas, una titulada “Presentación de la nueva teoría infecciosa ecológica”. Al día siguiente la organización de la feria aceptó la demanda municipal de retirar estas charlas, aunque otras sobre los peligros de las redes WIFI, las bondades de la geometría sagrada (sic) o la medicina cuántica (sic) se mantienen en el programa.

Estos casos demuestran que tanto empresas privadas como administraciones públicas son sensibles a las críticas y saben reaccionar ante las protestas en las redes sociales y los medios de comunicación. Se demuestra así que el debate público sigue siendo una herramienta eficaz para achicar el espacio social a quienes instigan el rechazo a las vacunas, y al mismo tiempo ayuda a informar al público de los beneficios de la vacunación.

Peligrosos fraudes mezclados con ecologismo

Ir más allá y pretender que la apología antivacunas se convierta en un delito contra la salud pública parece más efectivo, pero esta opción no está exenta de riesgos. En primer lugar porque consolidaría el discurso victimista y conspiranoico que tan convincente le resulta a una parte de la población. Pero, sobre todo, porque supondría añadir un nuevo límite al derecho a la libertad de expresión.

No en vano, estos días hemos asistido con preocupación a la condena de cárcel para un músico por el contenido de sus canciones, mientras que responsables del IFEMA –que nada parecen objetar a las conferencias antivacunas– forzaban la retirada de una obra de arte de carácter político que se iba a exponer en ARCO.

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En ferias eco confluyen productos elaborados con criterios de responsabilidad medioambiental y pseudoterapias. / Biocultura

Paralelamente, la programación de estos actos en el marco de eventos cuyo objetivo es “promover la agricultura ecológica y la alimentación sana como base para una sociedad más justa y respetuosa con el medioambiente” nos invita a analizar el rechazo a las vacunas en el marco de un contexto más amplio. El interés de amplios sectores de la sociedad por el consumo de productos más “naturales” y menos contaminantes ha dado lugar a un pujante sector económico que goza de reconocimiento oficial y está regulado por normativas específicas.

La ciencia está muy lejos de poseer el monopolio de la razón, pero necesitamos consensos sociales para traducir sus hallazgos en normas que todos podamos cumplir

Es precisamente en este ambiente (ferias “eco”, tiendas de productos “orgánicos”, etc.) donde confluyen sin aparente contradicción alimentos producidos con criterios de responsabilidad medioambiental con pseudoterapias y productos milagrosos que nunca han demostrado su efectividad. Como era de esperar, también encontraremos aquí los mayores índices de rechazo a los cultivos transgénicos, que por más que superen todas las exigencias de seguridad alimentaria, siguen experimentando en Europa una fuerte oposición.

Sería un grave error atribuir la totalidad de este complejo conglomerado de opciones personales a una simple cuestión de ignorancia o de sentimientos anticientíficos, pretendiendo que la ciencia puede resolver todos los problemas y que su autoridad debiera ser suficiente para resolver todos los dilemas y contradicciones que surgen de la aplicación de cualquier tecnología.

La ciencia está muy lejos de poseer el monopolio de la razón, e incluso allí donde las evidencias proporcionadas por el método científico son incuestionables (las vacunas protegen de enfermedades, el tabaco provoca cáncer y este no se cura con lejía) necesitamos de consensos sociales para traducir estos hallazgos en normas que todos podamos cumplir.


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