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Giving focus to the Cultural, Scientific and Social Dimension of EU - CELAC relations

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Cultura científica y políticas de la ciencia por Miguel Ángel Quintanilla

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Cuando Miguel Ángel Quintanilla ocupó la Secretaría de Estado de Ciencia y Universidades de España una de sus líneas de trabajo era fomentar la cultura científica.

En ese contexto puso en marcha con la Agencia SINC y las Unidades de Cultura Científica en la Universidades españolas. Más de 12 después tanto la agencia como las Unidades siguen estando presentes y casi se puede indicar que son políticas de Estado.

Hace unas semanas publicó una reflexión que les compartimos:

¿Qué significa ser científicamente culto? La mayoría responderíamos que una persona es científicamente más culta en la medida en que su cultura, es decir sus conocimientos, reglas de comportamiento, actitudes y valores, se parecen mucho, o incluso forman parte de la cultura que tiene que tener un científico profesional para ser reconocido como tal. En apariencia, la cuestión no puede ser más sencilla. Hay dos tipos de personas, cultas e incultas. Y entre las cultas hay a su vez dos tipos, las que comparten y las que no comparten una parte importante de la cultura profesional de los científicos (incluyendo entre estos a los profesores y profesoras de ciencias y a los profesionales que desempeñan trabajos basados en el conocimiento científico, como ocurre en medicina, ingeniería, arquitectura, etc.)

 La cuestión es ¿por qué pueden tener algún interés para el público en general estas sutiles distinciones entre tipos de cultura y relaciones entre culturas profesionales y cultura ciudadana?

Hace ya muchos años (en 1972) la National Science Foundation empezó a analizar en Estados Unidos la extensión de la cultura científica entre los ciudadanos, partiendo del supuesto previo de que el nivel de apoyo de los ciudadanos a las políticas encaminadas a hacer avanzar la ciencia y la tecnología en el país dependía del nivel de cultura científica de los mismos ciudadanos.

A lo largo de los años este interés por conocer el estado de la cultura científica de los ciudadanos se ha mantenido y se ha extendido por todo el mundo. En Europa, a través de los euro barómetros. En España, a través sobre todo de las encuestas de la Fundación Española de la Ciencia y la Tecnología (FECYT) que se realizan cada dos años.

Como resultado de toda esta actividad han ido apareciendo algunos datos llamativos. Lo primero que debemos resaltar es que el concepto mismo de cultura científica ha resultado más problemático y confuso de lo que se suponía. Cuando empezaron estos estudios se suponía que “cultura científica” era sinónimo de “alfabetización científica”: un ciudadano era más culto científicamente en la medida en que compartía más conocimientos de los científicos profesionales. (Seguramente porque se asumía que el nivel de conocimientos científicos iba inseparablemente unido al nivel de actitud positiva hacia la ciencia)

En la práctica sin embargo se observa que la cultura científica tiene al menos dos componentes independientes: la alfabetización científica, es decir el nivel de conocimientos que comparte la gente con los profesionales científicos, y la actitud valorativa, positiva o negativa, , de confianza o desconfianza, que adoptan los ciudadanos en relación con los conocimiento y las actividades científicas. Y lo que se confirma sistemáticamente desde hace años es que, de forma bastante generalizada, los niveles de apoyo a las decisiones políticas que afectan a la ciencia (financiación de la investigación básica, por ejemplo) dependen más de ese componente de actitud positiva hacia la ciencia, que del nivel de alfabetización científica estrictamente dicho.

Las nuevas políticas de la ciencia van a requerir una mayor implicación de los ciudadanos. Eso supone que tendrá que mejorar el nivel de la cultura científica de estos. Pero si los datos que tenemos se siguen confirmando, habrá que adoptar medidas políticas específicas, orientadas no solo a la difusión de los conocimientos científicos en la población, sino al crecimiento de la confianza en la ciencia, a la promoción de actitudes positivas hacia la ciencia, es decir al crecimiento de la cultura científica en sentido amplio.

Esta es al menos la línea en la que trabajamos un grupo de filósofos, sociólogos, documentalistas, economistas, comunicadores, politólogos e historiadores, en el Instituto ECYT de la Universidad de Salamanca. (Carlos García Figuerola, Santiago López, Irene López, Tamar Groves, Ana Victoria Pérez, Modesto Escobar, Libia Santo, Esther Palacios, Pilar Lóperz… Gracias a todos y mucho ánimo).


CIENCIA, y yo quiero ser científico!!! Libro de divulgación que te animará y ayudará a decidir que científico quieres ser.

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  “Corría el año 2017 y…”. Siempre me ha parecido una manera perfecta (a alguien se lo había escuchado antes) de comenzar a contar una historia. Pues sí, corría el año 2017, más concretamente el mes de Abril, en los días de Semana Santa y para no romper con una “tradición” que nos habíamos auto impuesto el año anterior, ahí estábamos los cuatro haciendo una parte del Camino de Santiago.


             En uno de esos días, llegando a Burgos, a Pablo se le escapa el balón de balonmano, si incomprensiblemente lleva toda la semana cargando con el balón, empieza a rodar por una pequeña pendiente hasta que unos metros más abajo y tras una pequeña carrera lo vuelve a coger. Ya por la tarde en el albergue y tras una reparadora ducha y una no menos reparadora merienda me viene a la cabeza el rodar del balón. Le comento a Pablo que si se había fijado que el balón había empezado a correr camino abajo y tras un rato parecía que mantenía la velocidad y que ya no se aceleraba más, a lo que me responde, “si, si, pero podemos jugar un rato con la tablet o salir fuera a lanzarnos el balón” (con la tablet carga su hermano). Resignadamente, con el comentario entre dientes de “que poco científico que eres”, respondo “claro que podéis jugar a lo que queráis, os lo habéis ganado”. Días más tarde, de vuelta ya en Madrid, recuerdo aquella tarde y nace la idea de esto que estáis comenzando a leer.


             Este libro surge como la recopilación de las respuestas de unos buenos amigos, en origen a la mayoría de ellos no los conocía pero ya los considero a todos buenos amigos, a mi solicitud de “Por favor, me gustaría que me ayudarais a animar/motivar a mis hijos a que sean científicos”.


             Este “guante” se lo lancé a multitud de científicos y tras el consejo de Ana Ulla “Quintín intenta que seamos muchas las científicas las que participemos en este libro así será un mayor aliciente y ejemplo para las chicas”, pues intenté, y creo que conseguí, un buen número de grandes científicas, claro está los científicos que participan no les van a la zaga. Vaya desde aquí mi agradecimiento a todos los que han participado, todos de una manera altruista y sin ánimo de lucro, por su ayuda, dedicación, entusiasmo y por hacer mi labor de coordinación fácil y llevadera. Por supuesto hago extensible este agradecimiento a todos los que no han podido participar, gracias por vuestro ánimo y buenos consejos.


             Este libro va dirigido a jóvenes, o esa era la idea inicial, lectores de entre 14-18 años, pero tengo que confesar que tras su lectura creo que será del agrado de cualquier persona con un mínimo de curiosidad, sea cual sea su edad. Pienso que en esta colección de relatos, en su mayoría vivencias personales de sus autores, encontrareis un fiel reflejo de la comunidad científica actual. Entre los autores encontraréis desde estudiantes de grado o doctorado a Catedráticos, e incluso científicos ya jubilados (en la mayoría de los casos muy a su pesar) con una sabiduría y experiencia que una Sociedad que se quiera calificar como Avanzada no debe dejar de lado y mucho menos en el olvido. Aquí tenéis un buen elenco de “hombros sobre los que subiros” para lograr grandes cosas. Creo firmemente que acabareis la lectura de los capítulos mascullando la frase “Y yo quiero ser…”.


             Decir que no es un libro que requiera una lectura continuada. Todos los capítulos son independientes, se puede leer sin orden, se puede ir saltando de un área de conocimiento a otra sin problemas. Mi recomendación es que empecéis leyendo los que creáis que más os van a gustar, para después no dejar de leer los que según los títulos no parezcan que os llamen la atención o incluso aquellos que leyendo el título no sepáis muy bien a que se están refiriendo, estoy seguro que os sorprenderán y gustaran.


             Aprovecho para poner “la venda antes de la herida”, soy el único culpable en la confección del índice. Son miles las posibles combinaciones para elaborarlo pero está claro que hay que decidirse por una y seguro que no será del agrado de todos. Esta combinación se basa en la separación de los capítulos en dos grandes áreas (por explicarlo de alguna manera, una con un poco menos de “matemáticas” y la otra con algo más) y dentro de ellas el orden alfabético de los propios capítulos. Serán muchas las opiniones que cambiarían de área y/o de orden los capítulos pero tenía que decidirme por algo.


             Termino estas líneas volviendo a agradecer a todos los que de una manera u otra han participado en la elaboración  de este libro, desde Irene a Federico por citar dos nombres ya que la lista completa sería inacabable. Una más que ganada mención, lo que habéis tenido que aguantarme, a David, Pablo y Teresa gracias por vuestro apoyo y ayuda.

             Y con la esperanza que todos encontréis con la lectura de este libro la inspiración y el ánimo para conseguir ser grandes científicos.


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Comercio Justo, Universidad y Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (David Comet, Politólogo. Coordinador de la campaña de Universidades por el Comercio Justo de IDEAS)

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Con éste el Observatorio de la Cooperación Universitaria de para el Desarrollo de la CRUE inició una serie de artículos de expertos sobre el papel de la universidad en la Agenda 2030. David Comet es politólogo, Coordinador de la campaña de Universidades por el Comercio Justo de IDEAS, y experto en compra pública ética.


David Comet, Politólogo. Coordinador de la campaña de Universidades por el Comercio Justo de IDEAS.

 1. Introducción

El pasado 25 de septiembre de 2015 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobaba su nueva agenda política, social y económica, con 17 objetivos y 169 metas a alcanzar en 2030. Centrada en promover un modelo de Desarrollo Sostenible, ha sido popularizada como Agenda 2030. La Asamblea fue precedida por una evaluación de la agenda previa, la de los conocidos como Objetivos de Desarrollo del Milenio (aprobada en el año 2000) que, entre otras muchas cosas, pretendían reducir a la mitad la pobreza extrema, o detener la expansión de enfermedades como el paludismo. La comunidad internacional quedó con un regusto agridulce al haber conseguido parte de sus objetivos, como el de reducir la pobreza extrema a la mitad o el de detener algunas enfermedades, pero asumiendo que el mundo se había convertido en un lugar más desigual. Según denunciaba Intermón Oxfam a comienzos de 2015, el 1% más rico del mundo tenía más riqueza que el resto de la población mundial, es decir, disfrutan del 50% de la riqueza existente.

Y es que la brecha entre ricos y pobres se ha ido abriendo durante la última crisis económica (a la que acompañan otras crisis como la política, social, la ecológica, etc.). Las medidas políticas generalizadas durante la crisis, y aplicadas por muchos gobiernos del mundo, centradas en el recorte de derechos y de prestaciones sociales, han tenido un efecto multiplicador: conseguir que haya más personas ricas y, a su vez, más pobres; en España, por ejemplo, la diferencia entre los ingresos del 20% más pobre y el 20% más rico se ha incrementado en un 30% en los últimos años. Ello evidencia que la Política debe ganarle terreno a la economía, y que es necesario reforzar derechos sociales que posibiliten condiciones de vida digna y un desarrollo pleno a cualquier persona y/o colectivo.

Afortunadamente, la recién aprobada Agenda de Naciones Unidas para 2030 ha puesto de manifiesto que la comunidad internacional está decidida “a poner fin a la pobreza y el hambre en todo el mundo  de aquí a 2030, a combatir las desigualdades dentro de los países y entre ellos, a construir sociedades pacíficas, justas e inclusivas, a proteger los derechos humanos y promover la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres y las niñas, y a garantizar una protección duradera del planeta y sus recursos naturales” marcando claramente un camino: luchar contra todas las desigualdades. Desde mi punto de vista esa lucha pasa, necesariamente, por una distribución más equitativa de la riqueza mundial.

La idea de distribución equitativa no pasa, a mi entender, por sistemas igualitaristas, sino por políticas y  mecanismos de relaciones sociales, políticas y económicas que, por una parte, aseguren el acceso a los recursos vitales básicos a toda la población, y por otra, den suficientes oportunidades para el progreso personal y colectivo, asegurando que nadie pueda enriquecerse o mejorar su situación a costa del perjuicio de otras personas, la degradación del medio ambiente o una legalidad discriminatoria. Todo ello a sabiendas de que los recursos naturales son finitos y no están simétricamente repartidos por el planeta, que todas las sociedades no tienen las mismas necesidades, que existen diferentes culturas, y que los ecosistemas tienen un delicado equilibrio que afecta sobremanera a las dinámicas climáticas, sobre la biodiversidad o nuestros cultivos, entre otros.

Los ODS: un consumo y una producción responsable para un desarrollo sostenible
 En lo relativo al modelo económico y de desarrollo, la Asamblea de Naciones Unidas ha establecido como Objetivo 12 la promoción de un consumo y una producción responsables, que guarden un equilibrio entre los tres factores que determinan la sostenibilidad de cualquier actividad: económico, social y ambiental. Principios éticos, sostenibles y solidarios aplicados al comercio internacional, como son los de Comercio Justo, representan un camino ya hecho que debería servir de referencia. El Comercio Justo como práctica transformadora permite distribuir equitativamente la riqueza y facilitar mayores oportunidades de desarrollo a los países que participan de la cadena comercial (por estar el beneficio mejor repartido entre los diferentes eslabones de la cadena).

Para las Naciones Unidas “el principal impacto ambiental de los alimentos se debe a la fase de producción (agricultura, elaboración de alimentos), los hogares influyen en ese impacto a través de sus opciones y hábitos alimentarios, con sus consiguientes efectos en el medio ambiente debido al consumo de energía y la generación de desechos relacionados con los alimentos”. Esta afirmación se hace a sabiendas de que si la población mundial llega a los 9.600 millones para 2050, harían falta casi 3 planetas para proporcionar los recursos naturales necesarios para mantener el estilo de vida actual, lo cual es, a todas luces, insoportable.

En el Objetivo 8 para un “Crecimiento Económico Sostenido” se reconoce que “cerca de 2.200 millones de personas viven por debajo del umbral de pobreza de 2 dólares al día” y que la “la erradicación de la pobreza sólo es posible a través de empleos estables y bien remunerados”. Para ello la Organización de las Naciones Unidas se ha marcado la meta de “aumentar el apoyo a la iniciativa de ayuda para el comercio en los países en desarrollo, en particular los países menos adelantados, incluso en el contexto del Marco Integrado Mejorado de Asistencia Técnica Relacionada con el Comercio para los Países Menos Adelantados”. En este contexto el Comercio Justo, como red comercial equitativa, marca la diferencia respecto a otras formas de practicar el comercio internacional, convirtiéndose en la mejor forma de hacer intercambios comerciales más sostenibles y basados en el respeto mutuo. El Comercio Justo puede contribuir al cumplimiento de varias de las metas fijadas,  por lo que la apuesta y apoyo por este modelo de comercio alternativo puede facilitar la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, con la puesta en marcha de políticas relativamente sencillas.

En conclusión, se hace imprescindible potenciar modelos de gestión empresarial basados en valores y principios vinculados a la cooperación, la solidaridad y la sostenibilidad que permitan consolidar referentes ejemplarizantes en el terreno económico para la sociedad, las empresas y  las Administraciones Públicas; se debe  transitar, progresivamente, hacia un  desarrollo más acorde con los objetivos y metas que se ha marcado la comunidad internacional a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, reduciendo el impacto negativo sobre el medio ambiente y asegurando los derechos de las personas. Si existen ya modelos de gestión más sostenibles ¿por qué no apostar por ellos? Más allá de los intereses corporativos, si hablamos de sostenibilidad, debemos tener presente que debemos cambiar los valores que determinan la  forma de entender la economía que tenemos en este momento. No hacerlo sería renegar de la aspiración colectiva de conseguir un mundo más justo, donde se posibilite a todo ser humano tener  las suficientes oportunidades y recursos para garantizarse una vida digna, independientemente de su lugar de nacimiento que, al fin y al cabo, es un capricho del destino y no  una  opción individual. Y es que no reconocer que un modelo económico basado exclusivamente en la libertad de mercado que no garantice derechos, libertades y acceso a recursos básicos para la vida, produce graves distorsiones, desigualdades e injusticias en las relaciones políticas, sociales y laborales que, a la larga, sólo permiten condiciones de bienestar a una minoría social, la que controla el capital y disfruta de las libertades económicas. Se condena así a la mayoría a no tener sus mismas oportunidades y a pasar por esta vida sin posibilidad real acceder a mejores condiciones de vida. Por tanto se hace necesario que existan principios, valores y reglas básicas, como las que propone el Comercio Justo, para equilibrar y repartir equitativamente el beneficio que genera la cadena comercial; en definitiva, los eslabones no especulativos de la cadena productiva son esenciales para que todo funcione, desde el productor al consumidor. 

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Investigando relações entre doenças e mudanças climáticas

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CLIMACOM-LABJOR
Eventos extremos como secas e enchentes podem agravar problemas de saúde pública
Mais do uma curiosidade científica, as variações sazonais e regionais de doenças são objeto de atenção do poder público, que demanda estudos para entender como elas se espalham e que ações podem ser desencadeadas para saná-las.

Tendo isso em vista, o principal objeto de pesquisa da sub-rede Saúde, da Rede Clima, são doenças que podem surgir ou se agravar com os efeitos das mudanças climáticas. “Hoje em dia, há dezenas de doenças que estamos acompanhando por meio de estudos específicos sobre o que pode acontecer e qual a relação delas com o clima”, conta Christovam Barcellos, um dos coordenadores da sub-rede e pesquisador do Centro de Informação Científica e Tecnológica do Departamento de Informação em Saúde da Fundação Oswaldo Cruz (Fiocruz). Ele diz que “é fácil apontar que certas doenças podem se agravar em decorrência das mudanças climáticas, mas nem sempre é simples determinar o como, o quando e o porquê dessa relação, o que demanda a construção de modelos específicos”.

Por isso, os pesquisadores da sub-rede Saúde atuam em quatro grandes frentes: a primeira abarca as doenças transmitidas por vetores (mosquitos, ratos, carrapatos e pulgas). Dengue, malária, chikungunya, febre amarela e doença de Chagas se enquadram nessa categoria. “Os vetores que transmitem essas doenças podem mudar suas áreas de reprodução, dependendo das variações climáticas em longo prazo”, observa Barcellos. Isso explicaria em parte a expansão da dengue em direção ao sul, com o grande surto sofrido por São Paulo e alguns surtos isolados no Rio Grande do Sul em tempos recentes.

 

A outra frente são as doenças relacionadas à água. “Com a crise de abastecimento, podemos ter a volta de diversas doenças que estavam sob controle, como a cólera, ou a intensificação da transmissão de hepatite A, rotavírus, esquistossomose” – principalmente por causa da conjunção entre problemas estruturais de falta de saneamento básico, que ainda marca muitos lugares, e a contaminação ou esgotamento de mananciais. “A escassez de água somada à poluição formam um cenário triste, mas cada vez mais possível com as mudanças climáticas”.

O terceiro grupo são as doenças respiratórias e do aparelho circulatório. A possibilidade de conjunção entre períodos muito secos e poluição atmosférica pode trazer consequências ruins para a saúde das populações nas cidades. Isso já está acontecendo em Brasília, em alguns invernos recentes. E não se trata de risco que se resume aos grandes centros urbanos do Sudeste do país. “Em Rondônia, Mato Grosso e Acre, o período de maior seca é também quando se tem mais queimadas, que, por sua vez, são mais intensas em períodos de seca prolongada”.

No último grupo estão as doenças causadas por grandes desastres, que, no Brasil, estão principalmente ligadas a enchentes, chuvas e secas. “Já que não temos vulcões nem terremotos, os desastres naturais por aqui são, na sua maioria, provocados por eventos climáticos”, reitera o pesquisador.

Ele explica que por ser muito complicado definir quem está e quem não está vulnerável a determinado tipo de risco, usam-se grandes séries de tempo para estudar as doenças e entender seus padrões habituais, sua distribuição no espaço, as sazonalidades e regiões mais afetadas. Dados de anos passados também são utilizados para entender o comportamento de doenças, transformando-se em modelos capazes de apontar tendências. “Podemos identificar qual é o peso de cada variável climática na distribuição dessas doenças e riscos, a fim de poder prever cenários futuros. Recuperamos os dados em bancos do SUS, de onde vem boa parte da demanda dos estudos que realizamos, combinados com os dados de clima produzidos por agências brasileiras”, assevera Barcellos.

[Esta matéria integra a série dedicada às pesquisas desenvolvidas pelas sub-redes da Rede Clima]

 


Los límites de los “límites de las ciencias”

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Por Héctor A. Palma

Docente investigador de la Universidad Nacional de San Martín, Argentina. Doctor y profesor en filosofía, magíster en ciencia, tecnología y sociedad.

"Límite" significa término, confín o lindero de reinos, provincias, posesiones, y en sentido figurado fin o término. Sin embargo, no es un término unívoco. Indica que más allá no se puede ir, pero también el ámbito que no debe ser invadido; el lugar del que no se puede salir o al que no se puede entrar; el adentro y el afuera. Los límites de la ciencia, entonces, demarcarían los ámbitos dentro de los cuales la ciencia tiene soberanía (epistémica), y también las fronteras más allá de los cuales la ciencia no tiene incumbencia alguna o, sencillamente, que no es posible conocer. Sin ninguna implicancia valorativa, denomino límite en sentido positivo al primero y en sentido negativo al segundo.

1. Los límites en sentido positivo

Los límites de las ciencias en sentido positivo refieren a la exclusividad epistémica, y no sólo por la cuestión obvia del conocimiento especializado, sino también, y sobre todo, por la vigencia de valores asociados al imaginario acerca de la ciencia, que se ve a sí misma como un sitio inexpugnable, especial, esotérico y al que sólo tienen acceso algunos iniciados, luego de cumplidos algunos extensos y complejos rituales. Es un lugar de poder, de palabra específica, autorizada y reconocida al que se ha llegado luego de una larga historia.

Más allá de los antecedentes, cuya descripción excedería con mucho este breve espacio, puede decirse que los crecientes éxitos en algunas áreas de las ciencias naturales de los siglos XVII, XVIII y XIX abonaron las posiciones filopositivistas (Kolakowsky, 1996): primero en la Ilustración, luego haciéndose recalcitrantemente ideológicas en el siglo XIX, para desembocar en la reflexión acuciante sobre el “problema de la demarcación” a principios del XX en el seno del empirismo lógico y en la tradición intelectual que éste propició e inició. Las revisiones a partir de los 60 del siglo pasado en la filosofía de la ciencia, y con el surgimiento de los estudios sociales de la ciencia, contribuyeron equívocamente al problema de los límites. Por decirlo en forma más o menos apretada: hubo un gran esfuerzo de la filosofía de la ciencia por desarrollar criterios para esclarecer las diferencias y especificidades de la ciencia, criterios cuyo fracaso parcial se explica, probablemente, por su misma rigidez y exacerbación, resultando así impotentes para explicar la relación de la ciencia con otras prácticas humanas. Como contraparte, los desarrollos posteriores de los estudios sociológicos, contribuyeron a disolver la especificidad y a mostrar en qué se parece la ciencia a otros tipos de prácticas culturales, pero son impotentes para explicar lo específico de la ciencia con relación a otras prácticas (Palma, 2008). En palabras de F. Jacob (El juego de lo posible):

“El siglo XVII tuvo la sabiduría de considerar la razón como una herramienta necesaria para tratar los asuntos humanos. El Siglo de las Luces y el siglo XIX tuvieron la locura de pensar que no sólo era necesaria, sino suficiente, para resolver todos los problemas. En la actualidad, todavía sería una mayor demostración de locura decidir, como quieren algunos, que con el pretexto de que la razón no es suficiente, tampoco es necesaria”

2. Los limites en sentido negativo

Pero, además, la ciencia tiene límites en sentido negativo, es decir en tanto barreras mas allá de las cuales no avanza, sea porque no podría, no debería, o porque no tiene nada que decir (Rescher, 1984). En este sentido, pueden pensarse cuanto menos cinco tipos distintos de límites que se solapan entre sí.

2.1. El fin de la ciencia

Sea por oportunismo editorial, sea porque nadie quiere vivir en una época en la cual no ocurre nada extraordinario, sea porque muchos con un ego más grande que sus méritos quieren pasar a la historia como fundadores de una época (Gherdjikov, 1995; Horgan, 1996; Weinberg, 1992), cada tanto sale algún libro anunciando el fin o la muerte de algo: de la filosofía, de la historia, de la modernidad, de la política, del arte. Con la ciencia también ocurre algo similar, pero la realidad –y la historia- suelen encargarse de desmentir tales pronósticos en el sentido de la frase de dudoso origen que esos “muertos que vos matáis gozan de buena salud”.

2.2. Los límites éticos y prudenciales

La presencia creciente de la ciencia y la tecnología en la vida cotidiana, en la economía y en el desarrollo, provocó el planteo ineludible de problemas y aun dilemas éticos o de conveniencia. Se parte del supuesto de que no todo lo que es posible realizar desde un punto de vista tecno-científico, es correcto desde el punto de vista ético o es conveniente con vistas al futuro. La lista es larga, pero entre los temas que promueven debates éticos, los principales son: los que surgen de las prácticas médicas (desde la bioética, incluida la neuroética) e incluso cuestiones más generales relacionadas con las posibilidades (reales o fantásticas, el tiempo lo dirá) de interferir y modelar a los futuros seres humanos merced a los desarrollos de la ingeniería genética. El carácter generalmente contaminante de buena parte de la producción industrial en algunas zonas del planeta a través de prácticas que en otras zonas están prohibidas, la calidad de los alimentos producidos merced a los nuevos procedimientos tecnológicos (como por ejemplo los transgénicos) o los riesgos de ciertas formas de producir energía (como por ejemplo la energía nuclear) también son temas sujetos a controversias que plantean límites éticos o bien invocando cuestiones de costo/beneficio o de conveniencia a futuro.

2.3. Los límites de incumbencia

Los inéditos desarrollos de la ciencia y la tecnología en los últimos dos siglos (Ilustración y positivismos mediante) llevaron a no reconocer los límites de incumbencia y a alimentar la creencia en que poco a poco la ciencia daría explicaciones satisfactorias para todos los aspectos de la realidad natural y social, lo cual desembocaría, finalmente, en que también daría respuestas en términos de la felicidad humana. La utopía cientificista según la cual a más ciencia menos religión, va en esa línea, lo mismo que las fantasías farmacológicas que prometen felicidad fácil y rápido. Sin embargo, los problemas centrales y más angustiantes de la especie humana no tienen ni tendrán respuesta en las ciencias y la tecnología.

2.4. Los límites técnico/prácticos

Es innegable que en algunas áreas de la investigación (básicamente en ciencias naturales) hay una creciente necesidad de desarrollos tecnológicos cada vez más complejos para permitir el acceso a dimensiones o aspectos aún inalcanzables. Al mismo tiempo, ese límite tecnológico, al implicar un aumento geométrico de costos se transforma en un problema económico y, al mismo tiempo, en un problema político en la medida en que los Estados deben financiar esas investigaciones. Está claro que se trata de límites diversos: mientras que, por un lado, acerca de las cuestiones tecnológicas resulta previsible que haya desarrollos nuevos y más poderosos, aunque es muy difícil pronosticar hacia el futuro cuáles serán las capacidades a que se llegará, por otro lado las cuestiones económicas, y sobre todo las políticas, responden a lógicas completamente distintas. Las ideologías cientificistas y tecnocráticas tienden a ver las cuestiones tecnológicas como limitaciones sólo circunstanciales y transitorias y a las económicas y políticas como el resultado de la incomprensión de las sociedades.

2.5. Los límites teóricos

Quizá la cuestión más inquietante acerca de los límites de la ciencia se refiera a la pregunta por los límites teóricos o cognitivos, referidos a la existencia de zonas, aspectos o procesos de la realidad que no sea posible conocer. La cuestión podría subdividirse, al menos, en dos problemas diferentes. El primero, más general, puede formularse: ¿es posible establecer algún límite a priori para la investigación científica, algún aspecto de la realidad que sea intrínsecamente incognoscible? Se trataría de un límite sólo imaginable o pensable, pero por definición no cognoscible. La segunda pregunta: ¿existe algún límite producto de que la ciencia que tenemos es una ciencia humana? La ciencia que tenemos no solamente está marcada por su génesis social y cultural, sino por el hecho de que tanto el aparato perceptual como la racionalidad de los humanos es el producto de miles de años de una evolución particular y contingente. De modo tal que nuestra capacidad de relación con el mundo se desarrolla en un rango de posibilidades e intereses amplísimo, pero acotado y definido. Los límites del conocimiento estarían dados por un conjunto de capacidades y posibilidades que funcionan a priori para los humanos pero que son el resultado de un desarrollo evolutivo particular y único entre muchos otros posibles, es decir: un a posteriori evolutivo o filogenético. El hombre es la medida de todas las cosas, pero en clave biológica.

3. Final (abierto)

Hasta aquí una forma de pensar el problema desde los límites. Sin embargo, esta forma de ver oculta el aspecto más interesante del problema: la idea misma de límite implica zonas grises, zonas de intersección o interacción más o menos amplias y difusas, entrecruces, mezclas y heterodoxias, y por qué no, de disputas importantes sobre espacios de poder simbólico, teórico, institucional o político. Los límites, en este sentido resultan una ficción, y no porque estén bien o mal puestos o estén ubicados artificial o forzadamente (cosa que puede ocurrir también), sino más bien porque allí donde hay un límite, lo que se genera, inmediata e ineludiblemente, son interacciones, intersecciones, bordes y solapamientos. Repensar la cuestión de esta manera quizás resulte más productivo.

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Referencias bibliográficas

 

Gherdjikov, S. (1995): Limits of Science, Sofia, Extreme Press.

Horgan, J. (1996): End of Science: Facing the Limits of Science in the Twilight of the Scientific Age, New York, Broadway Books.

Kolakowski, L. (1966): Die Philosophie des Positivismus, Warszawa, PanstwoweWydawnictwo Naukowe. En castellano: La filosofía positivista, Madrid, Cátedra (1988).

Palma, H. (2008): Filosofia de las ciencias. Temas y problemas, San Martín, UNSAMedita.

Rescher, N. (1984): The Limits of Science, Londres y California, University of California Press. En castellano: Los límites de la ciencia, Madrid, Tecnos (1994).

Weinberg, S. (1992): Dreams of e Final Theory, New Cork, Vintage Books.

 


Actas de las Jornadas de Evaluación de programas de Movilidad en Cooperación Universitaria para el Desarrollo

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Dentro del ámbito de la cooperación para el desarrollo y del de la, todavía más reciente, cooperación universitaria para el desarrollo (CUD), la Educación para el Desarrollo (EpD) ha ido cobrando mayor relevancia y se ha consolidado como uno de los ejes fundamentales para la formación de una ciudadanía solidaria y comprometida con los derechos humanos. Muestra de todo ello son las recientes estrategias de Educación para el Desarrollo de la AECID y de las diferentes comunidades autonómicas, como la Comunidad Foral de Navarra, aprobada en el año 2009. En el ámbito de la educación superior, la EpD ha encontrado diversas formas de integración en la universidad, siendo una de las más destacadas la de los programas de movilidad universitaria en cooperación para el desarrollo. Las posibilidades que ofrecen este tipo de experiencias desde múltiples puntos de vista (alumnado, docentes, universidades, ongds, etc.) han hecho que proliferen y sean ya muchas las personas que han participado en las diferentes modalidades ofertadas desde diversas instituciones. Uno de los programas pioneros en este campo ha sido el de Formación Solidaria de la UPNA, que cumplió diez años en el 2011. Aprovechando esta circunstancia, se propone la celebración de estas jornadas con el fin de crear un espacio de reflexión sobre el tema, en que todas las personas e instituciones implicadas puedan aportar su opinión y compartir su experiencia.

Objetivo
Estas jornadas pretendieron contribuir a la evaluación de la incorporación de la EpD en el ámbito universitario desde múltiples puntos de vista y, específicamente, a la revisión y evaluación de los programas de movilidad en cooperación universitaria para el desarrollo como instrumento de EpD en la universidad. Para ello, el personal académico, el alumnado y los y las profesionales implicados en esta temática compartirán su experiencia e impresiones sobre ella.

Temas

Transversalización de la ED en la formación reglada
La ED de la comunidad universitaria a través de ONGDs y entidades locales de acción social y voluntariado
La ED como actividad de extensión universitaria
ED y Planes Estratégicos de las universidades
Movilidad universitaria como instrumento de la ED

Experiencias en el área de Ingenierías agrónomas
Experiencias en el área social, sanitaria y educativa
Experiencias en el área de ingenierías industriales
Experiencias en el área de ciencias jurídicas y económicas
Visión de las contrapartes de programas de movilidad en CUD
Visión del alumnado y docentes participantes en programas de movilidad en CUD
Evaluación de programas de movilidad en CUD

Buenas y malas prácticas en programas de movilidad en CUD
Análisis evaluativos sobre programas existentes

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Aportes para pensar las dimensiones internacionales de la investigación en América Latina

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María Paz López

El presente artículo se propone indagar y organizar los aportes realizados por el campo de la ciencia, la tecnología y la sociedad a la temática de las dimensiones internacionales de la investigación en América Latina. Para ello, se presentan tres ejes. El primero de ellos refiere a los factores dinamizadores de la internacionalización científica en el contexto actual. El segundo analiza las particularidades de las dimensiones internacionales en tres actividades fundamentales de la investigación: la publicación científica, el desarrollo de proyectos de investigación y la formación de recursos humanos. El tercer eje se centra en el papel de las disciplinas y de las políticas científicas en la internacionalización de la investigación. Finalmente, se presentan las reflexiones trasversales a los distintos ejes seleccionados para ordenar la bibliografía analizada.

Palabras clave: dimensión internacional, investigación, América Latina

Contribuições para pensar as dimensões internacionais da pesquisa na América Latina
 

O presente artigo se propõe indagar e organizar as contribuições realizadas pelo campo da ciência, da tecnologia e da sociedade para a temática das dimensões internacionais da pesquisa na América Latina. Para tal, são apresentados três eixos. O primeiro diz respeito aos fatores dinamizadores da internacionalização científica no contexto atual. O segundo analisa as particularidades das dimensões internacionais em três atividades fundamentais da pesquisa: a publicação científica, o desenvolvimento de projetos de pesquisa e a formação de recursos humanos. O terceiro eixo foca o papel das disciplinas e das políticas científicas na internacionalização da pesquisa. Finalmente, apresentam-se reflexões transversais aos diferentes eixos escolhidos para ordenar a bibliografia analisada.

Palavras-chave: dimensão internacional, pesquisa, América Latina

Contributions to Reflect on the International Dimensions of Research in Latin America 
 This article intends to delve into and organize the contributions in the field of science, technology and society to international dimensions of research in Latin America. To that end, we have worked on three lines. The first one refers to factors that contribute to boosting scientific internationalization in the current context. The second one analyzes the particular characteristics of international dimensions of the three main activities of research: scientific publication, development of research projects and training of human resources. The third line focuses on the role of scientific policies and disciplines in research internationalization. Finally, we present some considerations across the three selected guidelines as criteria to organize the literature analyzed.

Key words: international dimension, research, Latin America

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EL DEBATE: Contra-pedagogía ambiental. Los desafíos de la educación ambiental en el Antropoceno

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Por Karl Bohmer y Jorgelina Sannazzaro

Departamento de Sociología, Universidad Alberto Hurtado, Chile.

Desde fines de los años 60 se ha venido estructurando un cuerpo teórico y sobre todo de acción en torno a la educación ambiental. A partir de la llamada conferencia de Río en 1992 se ha instalado la noción de una educación para el desarrollo sustentable (EDS), que, para allanar las controversias que han surgido por esta noción, aquí denominaremos educación ambiental para la sustentabilidad.

No existe sociedad humana que no tenga impacto sobre el medio o que no lo transforme. Lo que ha cambiado son las dimensiones y los alcances de estas transformaciones. Ello se evidencia en forma "dramática" en relación a aquellos elementos que hemos consensuado llamar bienes comunes y de la biósfera en general. Estas transformaciones son de tal magnitud que algunos autores han propuesto una nueva era geológica: el llamado Antropoceno. Es decir, una etapa de la evolución terrestre moldeada por los seres humanos.

Más allá de las discusiones acerca de la pertinencia del concepto, caracterizaremos al Antropoceno brevemente como las consecuencias del despliegue del sistema urbano-agro-industrial a escala global, un incremento poblacional mundial sin parangón y el hiperconsumismo, producto y sustento a la vez de un crecimiento económico nunca antes visto. Este crecimiento se basa en la explotación de recursos energéticos baratos de origen fósil (petróleo, gas, carbón), una explotación insaciable de agua, minerales y biomasa, y una reducción acelerada de la biodiversidad. También encontramos una abundante fuerza de trabajo asalariada y no asalariada (doméstica, casi siempre femenina) que genera todo tipo de "externalidades” ambientales negativas (residuos, polución, conflictos e injusticias ambientales). Todo ello produce un paisaje global artificiado y poshumano.

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La cooperación euroiberoamericana en innovación docente universitaria: Alfredo Corell

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La innovación educativa en la Universidad es una asignatura pendiente. Mientras en las educación preuniversitaria, desde infantil al bachillerato, son muchas las acciones que tratan de innovar en educación, en la forma de enseñar y aprender, no ocurre lo mismo en la Universidad.

Es un espacio muy propicio, en la era de las comunicaciones sencillas y baratas, que docentes se unan (creando olas primero y mareas después de innovación).

Hoy ponemos un ejemplo que ha sido reconocido recientemente como el mejor docente universitario en España: Alfredo Corell de la Universidad de Valladolid.

Alfredo (Madrid, 1963) dirige el área de Formación del Profesorado y de Innovación Docente de la Universidad de Valladolid, y coordina el proyecto de innovación docente «Immunomedia» galardonado y reconocido nacional e internacionalmente.

Si algo le define en su carrera es el espíritu constante por la innovación y afrontar nuevos retos. Ha estado 18 años realizando diagnóstico inmunológico e investigación en Hospitales de primera categoría (12 de Octubre de Madrid); una estancia post-doctoral en la Fundación Anthony Nolan (Londres). Desde su llegada a Valladolid, ha puesto en marcha múltiples proyectos tanto en el ámbito de la investigación, como del diagnóstico. Destacan InmunoLAB (laboratorio que sigue el nivel de inmunosupresión de trasplantados) y GECLID (programa oficial español para el control de calidad de laboratorios diagnósticos de patologías tan relevantes como el SIDA, leucemias, enfermedades autoinmunes, compatibilidad en trasplantes, etc…).

Alfredo, Licenciado y Doctor en Biología por la Universidad Complutense de Madrid y Profesor Titular de Inmunología (acreditado a Catedrático) de la Universidad de Valladolid desde 1999, es además formador de formadores y comunicador vocacional, estando involucrado desde los 18 años en la formación (inicialmente no-formal y desde el año 1994 en el ámbito universitario).

En una reciente entrevista decía lo siguiente:

Saltó al foco mediático por una charla TED que se hizo viral. En ella cuestionaba el inmovilismo de los docentes frente a la innovación, ¿cuáles crees que son los motivos que llevan a ello?

Bueno, creo que hay varios motivos. Tal vez uno de los más fuertes es el sistema por el que las universidades nos conceden la mejora en la escala profesional. Tenemos un sistema que en principio puntúa la parte investigadora como la docente. Hay una tercera actividad universitaria que hasta ahora no se ha puntuado, la transferencia de conocimientos a la sociedad. Los sexenios son muy exigentes. En algunas áreas probablemente más que en otras, pero son muy exigentes.

Les compartimos el vídeo TED que alude la entrevista:

Y uno de sus proyectos emblemáticos:

https://www.immunomedia.org/inmunomedia-3-0-3/

Hay que unirse a su trabajo y crear esa ola que citábamos

Alfredo


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