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Los estudiantes y la ciencia – Encuesta a jóvenes iberoamericanos

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El Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad del Centro de Altos Estudios Universitarios de la OEI tiene como misión el desarrollo de un programa de estudios estratégicos sobre ciencia, tecnología y demandas sociales.

Desde su creación en el año 2008, la línea de trabajo sobre percepción social orientó sus estudios hacia la articulación entre el ámbito científico-tecnológico y el sistema educativo de nivel medio, bajo el denominador común de la problemática de la promoción de las carreras científicas entre los estudiantes.

El apoyo a los jóvenes para el estudio de la ciencia y la tecnología refleja una necesidad de las políticas públicas expresada tanto en los compromisos de las Metas Educativas 2021 cuanto en el programa de dinamización del espacio iberoamericano del conocimiento. De esta manera, el Observatorio ha recogido un problema que se plantean de forma creciente las instituciones educativas y científicas, esto es, la preocupación por el declive o estancamiento relativo de las matrículas universitarias en áreas de las ciencias exactas, naturales e ingenierías que son clave para enfrentar los desafíos de futuro que tienen los sistemas productivos y económicos de las democracias contemporáneas de Iberoamérica.

Como parte del esfuerzo por comprender los factores que desalientan la elección de carreras científicas entre los jóvenes, el Observatorio, con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), puso en marcha el proyecto “Percepción de los jóvenes sobre la ciencia y la profesión científica”, cuyo objetivo general era obtener un panorama de situación acerca de la percepción que tienen los estudiantes de las profesiones científicas y tecnológicas y su atractivo como opción laboral, sobre la imagen de la ciencia y los científicos, y sobre la valoración que hacen los alumnos del aporte de las materias científicas para distintos ámbitos de la vida.

El libro que se presenta hoy reúne los resultados de una encuesta regional realizada en el marco del proyecto entre los años 2008 y 2010, en la que se entrevistó a casi nueve mil estudiantes iberoamericanos que conforman una muestra representativa de alumnos de nivel medio de algunas capitales, ciudades y sus ámbitos periféricos: Asunción, Bogotá, Buenos Aires, Lima, Madrid, Montevideo y São Paulo.

La ejecución del proyecto fue posible gracias al trabajo de una amplia red de colaboración representada por organismos e instituciones clave de la región, muchas de las cuales hace más de una década que cooperan activamente con la OEI en el desarrollo de los temas de percepción social y cultura científica. Quiero expresar mi agradecimiento a dichos organismos, instituciones e investigadores que con su compromiso acompañaron las actividades del proyecto e hicieron posible la aplicación de la encuesta en los distintos países. En primer término a quienes aportaron los equipos técnicos para la elaboración de los materiales del proyecto, así como los recursos financieros necesarios para la implementación de la encuesta: el Laboratório de Estudos Avançados em Jornalismo (Labjor) de la Universidad de Campinas y la Secretaria de Ensino Superior del Estado de São Paulo de Brasil; el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología (OCyT); la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT); y la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANNII) de Uruguay.

También desempeñaron un papel destacado en este aspecto las oficinas nacionales de la OEI en Asunción, Buenos Aires y Lima. Además, en distintas fases de desarrollo técnico del proyecto también se contó con la participaron de instituciones e investigadores que habitualmente son colaboradores de la OEI, como el Ministério de Educação y el Centro de Investigação e Estudos de Sociologia (CIESISCTE) de Portugal; el Ministerio de Educación de Paraguay; la Comisión Nacional Científica y Tecnológica (CONICYT) de Chile; la Conselleria d’Educació i Cultura del Govern de les Illes Ballears, la Universidad de Oviedo y el Grupo Argo de España; la Universidad del Valle de Colombia; y la Universidad Federal de Minas Gerais y la Fundaçao Oswaldo Cruz (Fiocruz) de Brasil. En cada uno de los países se tuvo además el fundamental apoyo de las autoridades nacionales que permitieron y facilitaron en muchos casos el contacto y acceso a los establecimientos educativos. Finalmente, se contó con la valiosa colaboración de las autoridades de las escuelas que permitieron la aplicación de la encuesta, de los profesores que ofrecieron sus tiempos de clase, y de los alumnos que accedieron a responder el cuestionario.

El libro comienza con dos textos que actúan como puerta de acceso al análisis de los datos de la encuesta. En primer lugar, una introducción propiamente dicha que plantea la problemática de la promoción de las carreras científicas y su relación con las expectativas de los estudiantes y ciertos dilemas de la educación media. En segundo lugar, un artículo de Néstor López que ofrece una panorámica del mundo actual de los adolescentes escolarizados en Iberoamérica, con especial atención al contexto de los países donde se aplicó el estudio, donde se señalan las complejidades, desafíos y tensiones que afronta la educación media.

Los capítulos restantes reflejan la estructura temática del cuestionario. Dominique Demelenne repasa los resultados relativos a las expectativas y al tipo de estudios futuros que se plantean los estudiantes encuestados. Ángel Vázquez analiza las respuestas brindadas sobre la relación de los estudiantes con las asignaturas científicas (matemáticas, química, física y biología principalmente) y el aporte que éstas le proporcionan a los jóvenes en distintos ámbitos de su vida. Carmelo Polino, Dolores Chiappe y Yurij Castelfranchi examinan las respuestas sobre la imagen de los científicos y de la profesión científica, así como las proyecciones acerca de la ciencia como profesión posible y los factores que restringen o favorecen tales elecciones.

Sandra Daza se encarga de revisar las valoraciones de los jóvenes sobre el impacto de la ciencia y la tecnología en tanto instituciones sociales (riesgos y beneficios, medio ambiente, estilos de vida, etc.), comparándolas con los indicios obtenidos por estudios internacionales como PISA. Carlos Vogt, Ana Paula Morales, Sabine Righetti y Cristina Caldas consideran los indicadores sobre hábitos informativos y culturales de los jóvenes en relación a los temas científicos y tecnológicos. Sobre el final se incorporan dos capítulos que repasan preguntas específicas hechas en las ciudades de Montevideo y Madrid. En el primer caso, Ximena Usher estudia el efecto de la estructura del sistema educativo sobre la elección de las carreras científicas.

En el segundo caso, Mariano Gordillo examina la percepción de los jóvenes sobre los contenidos impartidos por la asignatura “Ciencias para el mundo contemporáneo” de reciente incorporación en la currícula educativa española. Finalmente, el libro incluye un detallado capítulo metodológico y el cuestionario aplicado.

La expectativa del Observatorio es que los resultados de este estudio, así como de las líneas de indagación puestas en marcha en paralelo relativas a la visión que tienen los profesores y otros agentes del sistema educativo, brinden información empírica actualizada para la puesta en marcha en la esfera de las políticas de ciencia y educación de programas que ante la necesidad de impulsar vocaciones científicas atiendan tanto a las potencialidades y restricciones socio-institucionales como a las expectativas de los actores involucrados.

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¿Investigadores multidimensionales y polifacéticos?

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Por Elena Castro-Martínez

Científica titular en INGENIO (CSIC-UPV), Valencia, España.

Los profesores e investigadores de las universidades y organismos públicos de investigación siempre han tenido que compaginar, como mínimo, su actividad investigadora con la docente y con la gestión administrativa relacionada con ambas actividades básicas. Por otro lado, en el último tercio del pasado siglo se generalizó la llamada “tercera misión” de las universidades, mediante la cual los profesores e investigadores debían implicarse activamente en lograr el uso potencial de sus conocimientos y capacidades fuera del ámbito académico, tanto en el ámbito económico como en el social. Más recientemente, el impacto social de las nuevas tecnologías y de los nuevos descubrimientos científicos ha añadido otra dimensión al quehacer de los científicos: la divulgación científica, a fin de fomentar las vocaciones científicas y de ayudar a la población a comprender estos avances y sus efectos.

 

Una buena síntesis de esta multidimensionalidad de la actividad científica se describe en el documento The Knowledge Based Economy de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (1996), donde se especifica que en el contexto de la nueva economía del conocimiento, el papel de las universidades y organismos de investigación es contribuir a tres funciones clave: generación del conocimiento -mediante el desarrollo de investigación-, transmisión del conocimiento –mediante la educación y la formación de recursos humanos- y transferencia del conocimiento –mediante la difusión socioeconómica del conocimiento y proporcionando conocimiento para resolver problemas- y se insta a los gobiernos a emprender políticas que faciliten el desarrollo de todas esas dimensiones. Aunque previamente muchos gobiernos ya contemplaban estos enfoques en sus políticas científicas y tecnológicas, sin duda han ido calando progresivamente en la mayoría de los países, tanto desarrollados como en vías de desarrollo.

 

Además, la investigación ha sido uno de los ámbitos en los que se ha fomentado la cooperación internacional, tanto en el marco de programas bilaterales como multilaterales y en el seno de las denominadas grandes instalaciones científicas, lo que ha impulsado la creciente participación de los científicos en redes científicas y docentes internacionales. Sin duda, esto se ha visto enormemente facilitado por las tecnologías de la información y de las comunicaciones, cuyas herramientas están permitiendo una interacción permanente y en tiempo real con los colegas, independientemente de su ubicación geográfica, por más que los congresos y reuniones científicas continúen siendo imprescindibles. Todas las dimensiones anteriores se traducen en criterios que se establecen en las convocatorias de ayudas para evaluar (y conceder) los recursos necesarios para poder investigar, lo que hace necesario que las propuestas de proyectos deban contemplar, además de los aspectos científicos tradicionales (antecedentes, hipótesis, objetivos, metodología), la interacción con los socios (investigadores de otros países, agentes sociales) y previsiones sobre la utilización social de los conocimientos que puedan surgir en el marco de la ayuda a la que se aspira, lo cual implica, en algunos casos, la necesidad de tomar precauciones para que la difusión (científica o social) no invalide el citado uso (protección de la propiedad industrial); en paralelo, los científicos interactúan con los agentes sociales interesados en sus conocimientos y capacidades mediante distintos tipos de mecanismos (proyectos conjuntos, contratos de I+D, consultorías, intercambios de personal) y participan en eventos de divulgación social de la ciencia de diversa naturaleza (semana de la ciencia, días de puertas abiertas, conferencias, artículos de prensa). La creciente importancia de todo ello se puede apreciar en que los sistemas de evaluación de las universidades y de los méritos y capacidades de profesores e investigadores van incorporando, de forma creciente, indicadores relativos a la cooperación internacional, a la interacción con los agentes sociales y la transferencia de conocimiento y a la divulgación social de la ciencia. Finalmente, como quiera que, para poder realizar las actividades científicas se utilizan recursos públicos y que, en general, se trabaja en entidades públicas, a la hora de llevar a cabo las citadas actividades se han de tener en cuenta las exigencias y restricciones administrativas propias de estas entidades.

 

Al científico multidimensional del siglo XXI no le basta con ser creativo y dominar las metodologías y prácticas científicas propias de su ámbito del conocimiento; debe, además, conocer las condiciones de contexto de su actividad científica, las limitaciones que pueden imponer el manejo de los fondos y el uso económico de sus resultados; debe saber moverse en contextos muy diversos, debe ser capaz de liderar equipos multidisciplinares, internacionales y heterogéneos, y ser capaz de gestionar, de forma eficiente, sus capacidades, sus resultados y sus interacciones con los colegas –nacionales e internacionales, de su disciplina y de otras conexas-, con los gobiernos, con otros actores sociales, con los medios sociales de comunicación.

 

En este contexto, parece interesante pararse a pensar cuánto tiempo dedican los científicos a la actividad científica, tal como se solía concebir -esto es, a imaginar sus hipótesis, a comprobarlas, a la lectura de bibliografía y, en general, a reflexionar sobre los objetivos científicos- y cuánto a esas otras actividades. ¿Cuánto tiempo dedican los científicos a obtener recursos y cuanto a desarrollar sus investigaciones? ¿Cuánto a diseñar su experimentación y cuánto a mantener sus redes con agentes científicos, económicos e institucionales o a elaborar los documentos necesarios para justificar los recursos recibidos?

 

Por otra parte, ¿son conscientes de que necesitan otras habilidades y otros conocimientos, además de los de su ámbito científico, y otras herramientas para desempeñar sus actividades con mayo eficiencia? ¿Están transmitiendo a los jóvenes investigadores que la ciencia de nuestros tiempos requiere gestionar adecuadamente los recursos, la información, el tiempo, las relaciones, las capacidades y los resultados? ¿Cómo se han de conformar los grupos de investigación en este contexto: sólo con científicos o han de incorporar además otros profesionales expertos en estas nuevas facetas de la profesión?


Políticas de C&T: ¿beneficios para quién?

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Por Guillermo Foladori

Doctorado en Estudios del Desarrollo,  Universidad Autónoma de Zacatecas, México.

Las políticas de C&T están estandarizadas. Cuatro principales lineamientos se encuentran en todas ellas: a) orientación hacia la competitividad, b) inversión en conocimiento, c) alianza universidad empresa, y, d) trabajo en redes.

En el contexto en que se aplican estas políticas benefician la extranjerización de la producción, a las corporaciones transnacionales, la orientación de la investigación hacia intereses de los países desarrollados y el distanciamiento de los investigadores respecto de las necesidades sociales. Nada más distante de un desarrollo tendiente a satisfacer las necesidades sociales que debería ser el objetivo del desarrollo de la ciencia.

En el contexto en que se aplican estas políticas la competitividad significa orientar la investigación hacia sectores que puedan competir en el mercado mundial. Salvo excepciones esto significa producir para la exportación, producir en sectores copados por las corporaciones transnacionales o generar empresas (spin-off) que puedan ser rápidamente vendidas, o conocimiento que pueda ser patentado. Bien lejos de satisfacer las necesidades sociales y bien cerca de la rentabilidad inmediata y el extrañamiento en el mediano plazo.

En el contexto en que se aplican estas políticas la inversión en conocimiento significa crear centros de excelencia que distancien aún más a los investigadores beneficiados de la gran masa de profesores y profesionales de grado, y, más grave aún, de la población en general. Los pocos favorecidos o bien se distancian enormemente en condiciones de vida e intereses de la población o migran luego de unos años a países desarrollados. La política no tiene sustentabilidad, porque al no apostar a la educación de calidad masiva desde la escuela primaria, se basa en la selección darwiniana de los contados casos que pueden llegar a los niveles de postgrado y excelencia.

En el contexto en que se aplican estas políticas, y en Latinoamérica donde el 70% o más de la investigación es con fondos públicos, la alianza universidad empresa es un robo descarado a la población que paga impuestos, ya que los beneficios de la investigación financiada por el pueblo termina convirtiéndose en ganancia privada. Esto sin entrar a discutir las implicaciones de largo plazo que significa orientar la investigación hacia la llamada “ciencia aplicada”.

En el contexto en que se aplican estas políticas el trabajo en redes en Latinoamérica es prioritariamente con investigadores de países desarrollados, que son los que pueden acceder a mejores y mayores fondos de investigación, que disponen del equipamiento y laboratorio de punta, que determinan los temas de investigación, que publican en revistas internacionales en inglés –para alcanzar buenos puntajes en las evaluaciones curriculares. Temas, intereses, contexto, nivel de vida, todo bien distante de las necesidades sociales.

Así estamos en materia de política de ciencia y tecnología, que, para agregarle la fresa a la crema, ahora es de ciencia tecnología e innovación, o sea ciencia, tecnología y “mercado” para los entendidos.


Una educación técnico profesional para la economía digital

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Muchos estudios coinciden en que la nueva revolución digital va a acabar con muchos de los empleos actualmente conocidos al mismo tiempo que aparecen nuevas oportunidades laborales ligadas a las nuevas industrias.

Aunque los impactos llegan a todos los sectores a la educación en general y la educación técnico profesional en particular le supone un nuevo reto al que hacer frente.

Siempre la educación profesional ha tenido la vocación de preparar a jóvenes para que ocupen puestos intermedios y que tengan una formación que le sitúe en buenas condiciones para el sistema productivo de su entorno y su tiempo.

Un reto en muchos países iberoamericanos es el incrementar la demanda de los estudios de formación profesional. Pese a los grandes esfuerzos de las administraciones educativas no se logran avances significativos en poner en valor su función educativa y social para que resulte una formación atractiva tanto para estudiantes como para sus familias.

Pero la nueva situación laboral derivada de un sector productivo con demandas de nuevos empleos derivados de la robotización, la inteligencia artificial y las tecnologías del lenguaje apoyadas por unas tecnologías de la información con enormes capacidades y bajos costes de producción y operación ofrece una ventana de desarrollo a la educación técnico profesional.

Para afrontar este reto se requiere que se oferten nuevos ciclos formativos vinculados a la economía digital que exige un esfuerzo en el diseño de los ciclos y en la actualización docente. Para las universidades iberoamericanas, especialmente para las que ofrecen estudios de ingeniería se presenta un momento en que parte de su conocimiento puede ser aprovechado para que la formación técnica sea cada vez más próxima a la modernidad y para ello debe apoyar el esfuerzo de formación docente que la nueva situación requiere y ofrecer, desde su tercera misión de vinculación con su entorno socioeconómico, un marco orientador que ayude a diseñar las nuevas formaciones que el sector productivo empieza a demandar.

Y se debe hacer rompiendo algunas rutinas que han hecho que establecer reformas curriculares sea una labor lenta. No formar a tiempo a los futuros trabajadores hará perder un valioso tiempo en que la productividad de las empresas se va a resentir.

La OEI hace muchos años que viene propiciando los estudios sociales de la ciencia y la innovación a través de sus Cátedras CTS+I. Esos grupos pueden aportar mucho conocimiento para el apoyo a la creación de un nuevo sistema de educación técnico profesional que no sólo responda a las necesidades empresariales de hoy, sino que faculte a sus egresados para una rápida adaptación a modelos cambiantes de producción con nuevas oportunidades.

Para ello se debe tratar de lograr que los estudiantes de esta nueva educación técnico profesional forme a profesionales en los que el trabajo en equipo y la resolución de problemas sean referencias permanentes de los procesos de enseñanza – aprendizaje así como una mayor cultura digital que se incorpore a la formación para que los jóvenes iberoamericanos sean capaces de responder a las nuevas demandas.

Existen ya algunas regiones que vienen adelantando y formulando nuevas propuestas formativas que son atrayentes para los jóvenes y satisfactorias para las empresas.

La educación técnico profesional para los sectores agropecuarios, industriales y de servicios deben responder todos a estos nuevos perfiles de egresados.

La economía digital en Iberoamérica representa una oportunidad, de aprovechamiento necesario, que debe significar la posibilidad de romper con esquemas productivos cada vez más obsoletos apostando por una decidida y rápida apuesta por este nuevo modelo productivo y ello pasa por formar técnicos para la nueva economía.


Peter Frase: A tecnologia no processo de trabalho (assim como o capital) é uma relação social

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O discurso dominante tende para a visão simplista pela qual a tecnologia é uma coisa sobre a qual as pessoas podem ser contra ou a favor; talvez algo que possa ser usado de maneira ética ou não ética. Mas as tecnologias são desenvolvidas e introduzidas no contexto das batalhas entre capital e mão de obra, com vitórias, derrotas e concessões. Quando os termos do debate passam das relações de produção para uma tecnologia reificada, é sempre para o benefício dos patrões. A questão, portanto, é como incorporar tecnologia no pensamento e estratégia política sem tratá-la como externa às relações sociais nem cair na dicotomia tecno-utópica versus tecno-cética. Em muitos casos, o problema é que tecnologias úteis e potencialmente emancipadoras estão aprisionadas em um invólucro capitalista, otimizadas de forma a maximizar o lucro privado em vez de maximizar a riqueza social.

Será que o Google está nos emburrecendo? O Facebook está nos tornando solitários? Os robôs vão roubar nossos empregos? Essas, ao que parece, são as ansiedades que afligem muitas pessoas hoje em dia.

O capitalismo se define pelo impulso de maximizar lucros e um dos meios mais seguros rumo a essa meta sempre foi a redução do custo do trabalho assalariado; daí a pressão constante para aumentar a produtividade através de novas técnicas de produção, automação e agora informatização e robotização.

A ansiedade a respeito dos efeitos da tecnologia capitalista sobre o trabalho é tão antiga quanto o próprio capitalismo industrial. Uma das mais famosas representações dessa inquietação é a lenda de John Henry, um trabalhador ferroviário que morreu no desafio de demonstrar que conseguiria vencer o poder do martelo a vapor.

Mas agora as preocupações com a obsolescência do trabalhador chegaram a um ponto insustentável. A confluência de estagnação salarial, recuperação econômica sem empregos e rápidas melhorias em automação e inteligência artificial alimentaram o medo de desemprego em massa que sempre assombrou as discussões sobre tecnologia.

Estudos de grande circulação projetam que até 80% dos empregos atuais estão susceptíveis à automação num futuro próximo. Uma parte disso é exagero, mas está claro que a automação está saindo da fábrica para entrar no âmbito dos intelectuais e escritores — exatamente as pessoas responsáveis por produzir grande parte da literatura de tecno-ceticismo (daí o apelo tímido de Kevin Drum, da revista Mother Jones: “Bem-vindos, senhores dos robôs. Por favor, não nos demitam”).

O movimento socialista, e o marxismo em particular, têm uma relação complicada com as ferramentas de produção capitalistas. O desafio é enxergar no desenvolvimento técnico do capitalismo os atuais instrumentos de controle do empregador e as pré-condições para uma futura sociedade de pós-escassez.

O discurso dominante tende para a visão simplista pela qual a tecnologia é uma coisa sobre a qual as pessoas podem ser contra ou a favor; talvez algo que possa ser usado de maneira ética ou não ética. Mas a tecnologia no processo de trabalho, assim como o capital, não é uma coisa, mas sim uma relação social. As tecnologias são desenvolvidas e introduzidas no contexto da batalha entre capital e mão de obra, codificando as vitórias, perdas e concessões dessas batalhas. Quando os termos do debate passam das relações de produção para uma “tecnologia” reificada, é para o benefício dos patrões.

Tomemos, por exemplo, a greve de 2013 dos trabalhadores de transporte de São Francisco, na Califórnia. Os trens rápidos do sistema BART da área da baía de São Francisco servem muitas das elites do Vale do Silício, que exprimiram sua frustração por serem incomodadas por uma ação sindical. No processo, essas elites tentaram enquadrar a greve com um argumento sobre os méritos da tecnologia: supostamente os trabalhadores estavam resistindo à introdução de tecnologias que poupariam tempo e mão de obra no sistema de tráfego.

O sindicato, no entanto, via as coisas de forma diferente. As regras do local de trabalho que estavam tentando preservar em grande parte não tinham relação com a implementação de novas tecnologias, mas principalmente com coisas como “impedir a gerência do sistema de trens de atribuir tarefas punitivas para empregados que tivessem apresentado queixas contra o local de trabalho”.

A questão, então, é como incorporar tecnologia no pensamento e estratégia política sem tratar tal tecnologia como externa às relações sociais nem cair na dicotomia crua tecno-utópica X tecno-cética, ao mesmo tempo reconhecendo que as mediações técnicas de mão de obra e capital têm realmente alguma existência relativamente autônoma. Algumas vezes, as batalhas políticas levam ao uso de certas tecnologias, mas nunca envolvem apenas essas tecnologias; em última análise, são sobre o equilíbrio de poder de classes. O que é necessário poderia ser chamado de “ludismo esclarecido”, se é que esse termo possa realmente ser reivindicado.

Os luditas eram artesãos ingleses do século XIX conhecidos por destruir máquinas que poupassem mão de obra. Hoje em dia, o nome dos luditas simboliza resistência heróica contra máquinas repressivas ou ódio intransigente contra todo progresso tecnológico.

Não é surpresa que a Fundação de Tecnologia da Informação e Inovação, um thinktank apoiado por empresas como Google e IBM, conceda seus Prêmios Luditas para quem julgam insuficientemente pró-tecnologia. No entanto, os agraciados com frequência estão mais interessados no avanço da política social igualitária do que em derrubar a tecnologia; o relatório sobre os prêmios de 2014, por exemplo, ignora questões sobre privacidade em registros de saúde.

Os luditas originais são igualmente mal interpretados. Como escreveu em um artigo de 1952 o historiador marxista Eric Hobsbawm, a destruição de máquinas era uma tática comum de resistência trabalhista durante a Revolução Industrial. Em vez de dirigir seu ódio para a tecnologia em si, os trabalhadores quebravam as máquinas “como um meio de coagir seus empregadores a lhes concederem privilégios referentes a salários e outras questões”. Essa sabotagem “era direcionada não somente contra máquinas, mas também contra matérias-primas, bens acabados e até contra a propriedade privada dos empregadores.”.

A figura moderna do ludita é valiosa para os capitalistas e seus ideólogos por motivos basicamente retóricos: se os trabalhadores puderem ser retratados como hostis a algum método ou dispositivo que manifestamente tenha qualidades positivas, eles podem ser descartados como egoístas ou irracionais. Pouco importa que, em muitos casos, o problema seja que tecnologias úteis e potencialmente emancipadoras estão aprisionadas em um invólucro capitalista, otimizadas de forma a maximizar o lucro privado em vez de maximizar a riqueza social.

Isso não significa que os argumentos dos titãs da tecnologia são ilógicos em seus próprios termos. Do ponto de vista do capital, há pouca diferença entre sabotagem de máquinas e outros tipos de ação trabalhista. Para o proprietário das máquinas, afinal de contas, o valor delas não está na coisa específica que produzem, mas em quanto dinheiro elas rendem. Uma máquina é apenas uma parte do processo de produção capitalista: M-C-M (money – commodities – money), o método de transformar dinheiro em mais dinheiro submetendo-o a um processo de contratar, produzir e vender.

Assim que se compra uma máquina, ela custa o dinheiro de seu proprietário: os empréstimos devem ser pagos, as plantas físicas começam a se deteriorar e máquinas novas constantemente ameaçam tornar as existentes competitivamente inúteis. Dessa forma, qualquer coisa que retarde ou impeça a produção tem o efeito de destruir algo do valor da máquina como capital, que, para o capitalista, é a real substância. Quer seja uma greve ou uma chave inglesa que interrompa a produção, isso é imaterial, já que em ambos os casos o valor é destruído. Para os proprietários, toda resistência dos trabalhadores é ludismo.

A hostilidade contra novas tecnologias, o olhar desconfiado que enxerga toda “inovação” como uma conspiração capitalista, têm uma lógica para a mão de obra, embora seja uma lógica míope. Os luditas são frequentemente invocados como um talismã contra toda a crítica da tecnologia, um aviso de que é impossível resistir à inevitável marcha do progresso. Isso mistifica a política do progresso esvaziando-a de seu conflito e de suas apostas políticas. Mas se a resistência dos trabalhadores equivale simplesmente a enfrentar a mudança técnica gritando “Parem!”, essa resistência só consegue preservar um status quo totalmente capitalista.

O esquerdismo anti-tecnologia apresenta os trabalhadores como conservadores intransigentes, agarrando-se às tecnologias existentes que — se a crise da mão de obra industrial nos dias de emprego pleno das décadas de 1960 e 1970 for uma indicação — não são particularmente amadas. A fabricação industrial que algumas pessoas agora querem preservar foi, em uma época, considerada uma imposição monstruosa sobre as prerrogativas da mão de obra artesanal. Além disso, a resistência à tecnologia incentiva a fragmentação, opondo trabalhadores contra consumidores, que apreciam o acesso à riqueza social possibilitado pelo desenvolvimento capitalista.

Uma estratégia alternativa à resistência à tecnologia de hoje é tratar de questões de poder de classe e distribuição. Alguns dos primeiros socialistas nos Estados Unidos a confrontar diretamente essa dinâmica eram trabalhadores automotivos comunistas em Detroit, lutando contra o impacto da robotização. Nelson Peery, um trabalhador automotivo radical da Liga dos Trabalhadores Negros Revolucionários, via a automação como um processo que tornaria irrelevantes as formas mais antigas de organização industrial e anunciaria um novo estágio de luta de classes.

Logicamente, a maioria dos trabalhadores automotivos acabou sem empregos de salários elevados e sem uma porção crescente de riqueza social, à medida que a reestruturação industrial e a dessindicalização prosseguiram junto ao desmantelamento do estado de bem-estar keynesiano.

Então, o que significaria lutar por direitos sociais em um quadro que vai além da nostalgia industrial? O caso do sindicato dos trabalhadores portuários da Costa Oeste oferece um exemplo ilustrativo, tanto por suas possibilidades como por seus limites.

Confrontado com a automação e conteinerização dos portos e, simultaneamente, o colapso na demanda por mão de obra que se iniciou na década de 1960, o sindicado portuário fechou um acordo. Como relatou Steven Greenhouse, repórter do jornal New York Times: “A gerência prometeu a todos os trabalhadores portuários um nível de pagamento garantido, mesmo se não houvesse trabalho para todos”. Os termos reais do acordo e o contexto em que foi fechado estavam longe do ideal, mas demandas como essas enfatizam a necessidade de extrair um tanto de pós-escassez dentro do mundo capitalista maior.

Com certeza os trabalhadores portuários não generalizam bem com a classe trabalhadora mais ampla. Devido à sua posição estratégica nos pontos de estrangulamento da distribuição de mercadorias e sua resultante capacidade de travar grandes partes da economia, eles desfrutam de uma alavancagem estratégica que falta à maioria de nós. Por fim, eles não conseguiram proteger sua bolha e sofreram recentemente uma série de derrotas. Conquistar uma parte dos frutos de automação requer, para o resto de nós, vitória ao nível estatal em vez de no local de trabalho individual.

Isso poderia ser feito através de uma renda básica universal, um pagamento mínimo garantido a todos os cidadãos, completamente independente de trabalho. Se impulsionada por forças progressistas, a renda básica universal seria uma reforma não-reformista que também aceleraria a automação tornando máquinas mais competitivas contra trabalhadores melhor posicionados para rejeitar salários baixos. Também facilitaria a organização da mão de obra, agindo como um tipo de fundo de greve e proteção contra a ameaça da falta de emprego.

Uma renda básica universal poderia defender os trabalhadores e realizar o potencial de uma economia pós-escassez altamente desenvolvida; poderia quebrar a falsa escolha entre trabalhadores bem pagos ou máquinas que economizam mão de obra, sindicatos fortes ou avanço tecnológico.

A força da mão de obra e o desenvolvimento das forças de produção, afinal de contas, estão dialeticamente interligados. Deixando de lado os exageros sobre robôs, o crescimento da produtividade nos anos recentes realmente tem ocorrido a níveis históricos baixos, levando alguns comentaristas a denunciar uma “grande estagnação”.

Uma maneira de explicar isso é que, quando os trabalhadores são baratos e controláveis, é mais fácil para o chefe tratar o próprio trabalhador como uma máquina do que encontrar uma máquina para substitui-lo. Assim, o fortalecimento da classe trabalhadora tanto dentro como fora do local de trabalho se torna a força que nos impulsiona em direção ao ideal utópico de uma sociedade pós-escassez e à abolição do trabalho assalariado.

Peter Frase é membro do quadro editorial da revista Jacobin e autor de Four futures: Life after capitalism (Quatro futuros: A vida depois do capitalismo)

Publicado originalmente na revista Jacobin em 18 de março de 2015, tradução de Amin Simaika

Jacobin


La cooperación e internacionalización de la educación superior: relato de una experiencia

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Silvina Elías
Silvia Morresi
Departamento de Economía
IIESS CONICET-UNS
Universidad Nacional del Sur

La educación históricamente ha evolucionado a la par de los cambios socio-tecnológicos, en la actualidad los avances en las tecnologías de la información y comunicación promueven un nuevo paradigma educativo, donde la búsqueda de calidad, pertinencia e internacionalización de la educación superior ocupa un lugar destacado.

En este sentido en las XV y XVI Cumbres Iberoamericanas de jefes de Estado y de Gobierno se sentaron las bases de un programa para impulsar la creación del Espacio Iberoamericano del Conocimiento.

El desarrollo del mismo constituye una de las metas que se han marcado los países de la región para reforzar la creación de redes universitarias de posgrado, la movilidad de estudiantes e investigadores y la colaboración de investigadores iberoamericanos que trabajan fuera de la región (OEI, 2010).

En este contexto, la finalidad de esta ponencia es presentar una experiencia de cooperación e internacionalización con movilidad de docentes y alumnos de posgrado en el Departamento de Economía de la Universidad Nacional del Sur.

La misma se llevó a cabo durante los años 2008-2011 en el marco del Programa de Centros Asociados para el Fortalecimiento de Posgrados, Proyecto CAFP, siendo la institución promotora el Departamento de Desemvolvimento, Agricultura e Sociedade y el Instituto de Ciencias Humanas e Sociais (CPDA) de la Universidade Federal Rural do Rio de Janeiro y la institución receptora el Departamento de Economía de la UNS. De esta forma se vincularon dos programas de posgrado: el Programa de Pós Graduaçâo de Ciencias Sociais em Desemvolvimento, Agricultura e Sociedade del CPDA y la Maestría en Economía Agraria y Administración Rural de la UNS.

En base a las debilidades de esta última los objetivos planteados fueron entre otros mejorar la tasa de graduación, revisar y actualizar el Plan de Estudios, ampliar las líneas de investigación e incorporar nuevos abordajes interdisciplinarios .

Para el logro de estos objetivos se realizaron misiones de estudio y misiones de trabajo. Las primeras fueron diseñadas apuntando a la incorporación de contenidos y prácticas realizadas en el CPDA, con la intención de producir cambios curriculares y mejorar la capacitación de los recursos humanos que integran el cuerpo docente de la Maestria en Economía Agraria y Administración Rural.

Por su parte, las misiones de trabajo se basaron en el dictado de seminarios sobre temas que no eran abordados anteriormente o lo eran pero con otros enfoques.

Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología, Innovación y Educación 2014

https://www.oei.es/historico/congreso2014/memoriactei/569.pdf


Horizontes y desafíos estratégicos de la ciencia en Iberoamérica

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La edición de este volumen ha estado a cargo del Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad (OCTS) de la OEI. El equipo de trabajo fue coordinado por Mario Albornoz, con el apoyo de Manuel Crespo.

El volumen recoge algunas contribuciones presentadas en el ciclo en el ciclo de debate “Horizontes y desafíos estratégicos de la ciencia en Iberoamérica” que se llevó a cabo durante el Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología, Innovación y Educación (12, 13 y 14 de noviembre de 2014 - Buenos Aires, Argentina). También fue incorporada una serie de informes sectoriales elaborados en el marco del OCTS, bajo la coordinación de Rodolfo Barrere.

Este libro está pensado para que tenga la mayor difusión posible y que, de esa forma, contribuya al conocimiento y al intercambio de ideas. Por tanto se autoriza su reproducción siempre que se cite la fuente y se realice sin ánimo de lucro.

Prólogo
El Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología, Innovación y Educación de la OEI celebrado entre el 12 y el 14 de noviembre de 2014 en Buenos Aires, contuvo, entre otras sesiones, un ciclo de debates acerca de los horizontes y los desafíos para la investigación científica y el desarrollo tecnológico (I+D) en el contexto de América Latina.

El ciclo estuvo compuesto por una serie de mesas integradas por expertos de distintos países iberoamericanos. En ellas se presentó información y se discutió acerca de los horizontes y los espacios prioritarios en I+D en temas tales como: energía, agua, ciencias sociales, TIC, nano y biotecnología, alimentos, salud, transporte, prevención de riesgos ambientales y tecnológicos, cultura científica y participación ciudadana, transferencia de conocimientos, el rol de la universidad iberoamericana en la generación y la transferencia de conocimiento y los distintos modelos posibles de relación entre la ciencia, la tecnología y la sociedad.

Tanto en la organización del Congreso como en el desarrollo del ciclo de debates, la OEI viene dando cumplimiento a su mandato de actuar en el campo de la ciencia con un enfoque inclusivo e integrador de la tecnología y la innovación en su intersección con la educación y la cultura.

La mirada de la OEI sobre la ciencia se apoya en la convicción de que una sociedad informada y científicamente culta debe ser consciente de las potencialidades de la ciencia y la tecnología, dos ámbitos que, a su vez, esperan de ella un apoyo a la I+D, a la utilización responsable de sus resultados y a un impulso de la innovación en las actividades productivas públicas y privadas. La información y la cultura científica constituyen hoy una condición indispensable para que la ciencia y la tecnología sean consideradas como un recurso social y para que se estimule la participación ciudadana en los procesos de toma de decisiones en temas vinculados con las aplicaciones del avance científico-tecnológico.

En los últimos años, la OEI se ha esforzado por colaborar en el desarrollo de aspectos de formación, cultura científica, enseñanza de las ciencias e investigación. Los primeros son promovidos desde la Escuela de Ciencia del Centro de Altos Estudios Universitarios (CAEU); los segundos se apoyan en dos redes muy extensas; los terceros en el ámbito de IBERCIENCIA; y los cuartos se desarrollan en el marco del Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la tecnología y la Sociedad (OCTS). Además, se viene dando un especial empuje a una reflexión que sea tanto de balance como de prospectiva en los cuatro campos que configuran su misión.

En julio de 2012 y con ocasión del Foro Iberoamericano de responsables de Educación Superior, Ciencia e Innovación, celebrado en el marco de la Cumbre Iberoamericana, se presentó el documento titulado “Ciencia, Tecnología e Innovación para el desarrollo sostenible y la cohesión social. Un Programa iberoamericano para la década de los bicentenarios”, que contiene una ambiciosa propuesta de actualización y fortalecimiento de la cooperación iberoamericana en este sector. El documento fue elaborado, en su primera versión, por un grupo de especialistas convocados por la OEI a través del OCTS. Luego fue enriquecida con los aportes recibidos en reuniones y foros. La Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS) mantuvo durante meses un foro permanente que se nutrió de numerosas aportaciones.

Finalmente, se llevó a cabo una encuesta en línea, que estuvo abierta desde el 15 de febrero hasta el 31 de marzo de 2013. Fue elaborada también por el equipo del Observatorio y consistió en un cuestionario de diez preguntas, tanto abiertas como cerradas, sobre las opiniones que suscitó el documento de ciencia de la OEI. Se obtuvieron casi cuatrocientas opiniones provenientes de la mayoría de los países de Iberoamérica: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Las respuestas recibidas mostraron una opinión que priorizaba, en proporciones bastante similares, la necesidad de garantizar que la investigación científica y tecnológica alcance niveles de excelencia y la necesidad de que esté orientada hacia temas que surjan del interés social.

Como reunión preparatoria para el Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología, Innovación y Educación, la OEI, conjuntamente con el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) de Argentina, organizó el Seminario Iberoamericano sobre Ciencia, Tecnología, Universidad y Sociedad, que se llevó a cabo en Buenos Aires en mayo de 2014. Este Seminario estuvo focalizado sobre la problemática de la investigación en las universidades y su relación con el entorno económico y social. Se debatió acerca del perfil de las universidades, de la función de la investigación en el desempeño de la función social de la universidad y del rol de los distintos actores involucrados en los procesos de educación para la ciencia, creación de conocimiento científico y tecnológico, su difusión y su transferencia.

El volumen que aquí se presenta forma parte de tal proceso de reflexiones, debates y acciones a futuro. Este libro recoge gran parte de las contribuciones recibidas, expuestas en las mesas del ciclo de debates acerca de los horizontes y los desafíos para la investigación científica y el desarrollo tecnológico (I+D) en el contexto de Iberoamérica, a lo largo de los tres días que duró el Congreso. Las ponencias han sido transformadas en este libro en artículos académicos, con el propósito de invitar a los lectores de la comunidad iberoamericana a continuar la reflexión y el diálogo acerca de estos importantes temas, cuya indagación resulta vital para profundizar los estudios de las fronteras de la ciencia y la búsqueda de soluciones para las demandas sociales de nuestros pueblos.

Índice

Prólogo
Introducción
Repensar el papel de la ciencia y la tecnología en Iberoamérica. Mario Albornoz

Estrategias de cooperación en ciencia y tecnología
La pirámide de la innovación científica. Michel Bergeron y Mayra de la Torre
Estrategias de cooperación iberoamericana en ciencia y tecnología.
Alicia Fernández Cirelli

Modelos de relación entre ciencia, tecnología y sociedad
La producción de conocimientos: la democratización es el nombre del juego.
Ignacio Ávalos Gutiérrez
Conocimiento para el desarrollo: problemas actuales y alternativas posibles
en Iberoamérica. Judith Sutz

Economía de la innovación
Consideraciones para un nuevo enfoque latinoamericano sobre ciencia,
tecnología e innovación para atender problemas sociales. Rosalba Casas

Política científica y tecnológica
Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación: la experiencia argentina.
Ruth Ladenheim

El papel de la universidad iberoamericana en la generación del conocimiento
La universidad para el desarrollo y la generación de conocimientos. Rodrigo Arocena
El papel de las universidades en la generación, apropiabilidad, transferencia
y difusión de conocimiento, para contribuir al desarrollo y la inclusión social.
Gustavo Eduardo Lugones
Condicionantes de la generación de conocimiento científico y tecnológico en las universidades latinoamericanas. Jesús Sebastián

Cultura científica
Discursos y prácticas de promoción de cultura científica en las políticas públicas de Iberoamérica. Carmelo Polino y Carina Cortassa

I+D: Del deseo de conocimiento al deseo de resultados
I+D: Del deseo de conocimiento al deseo de resultados. Javier López Facal

Espacios prioritarios en I+D: Nanotecnología
La nanotecnología en Iberoamérica. Situación actual y tendencias.
Rodolfo Barrere y Laura Trama

Espacios prioritarios en I+D: Biotecnología
Desafíos y oportunidades en biotecnología para el desarrollo de una bioeconomía latinoamericana. Lucía Atehortúa Garcés

Espacios prioritarios en I+D: Tecnologías de la información y las comunicaciones
Algunas reflexiones sobre las tecnologías de la información y las comunicaciones
en Iberoamérica. Pablo Jacovkis
Las tecnologías de la información y las comunicaciones en Iberoamérica. Situación actual y tendencias. Rodolfo Barrere y Laura Trama

Espacios prioritarios en I+D: Energía
La energía solar de concentración como ejemplo de transferencia exitosa de
conocimiento: el caso de la plataforma solar de Almería (PSA). Julián Blanco Gálvez

Espacios prioritarios en I+D: Tecnologías para la inclusión social
Tecnologías para la inclusión social. Experiencias recientes en Latinoamérica.
David Chávez Muñoz, Clara Villalba Clavijo, María Elina Estébanez y Aurelio Ferrero
Combinaciones de capitales en innovaciones en sistemas de producción familiar rural para la inclusión social. Clara Villalba Clavijo

Espacios prioritarios en I+D: Estrategias de desarrollo sostenible
Transformaciones y sostenibilidad del desarrollo urbano: el caso de la zona costera de la región de Valparaiso, Chile. Federico Arenas, Rodrigo Hidalgo y Daniel Santana

Espacios prioritarios en I+D: Ciencias sociales y humanidades
Innovaciones artísticas ocultas: aportaciones de las artes a las ciencias y tecnologías. Javier Echeverría
Las ciencias sociales y humanidades en Iberoamérica. Noemí Girbal-Blacha
Ciencias sociales y humanidades. Afinidades y diferencias. María Isabel Santa Cruz
Desarrollismo e investigación en el Brasil: la universidad y las agencias
de fomento en un largo proceso de modernización. María Verónica Secreto

Espacios prioritarios en I+D: Agua
El uso del recurso agua. Miguel Ángel Blesa
Panorama general del agua de consumo humano en Iberoamérica.
Alicia Fernández Cirelli

Espacios prioritarios en I+D: Alimentos
La cocina como herramienta para la educación en ciencia. Pere Castells Esqué

Espacios prioritarios en I+D: Riesgos ambientales y tecnológicos
La dimensión ambiental a escala departamental en Argentina (2010).
Guillermo Ángel Velázquez

Espacios prioritarios en I+D: Transporte
Acerca de la movilidad cotidiana. El caso de Buenos Aires metropolitana.
Susana Kralich
Intermodalismo en México: tendencias y relevancia temática.
Carlos Martner Peyrelongue y Gabriela García Ortega
Transporte, sostenibilidad e impactos ambientales.
Rosa Virginia Ocaña Ortiz

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El rector de la Universidad de Salamanca pide fortalecer los puentes con Latinoamérica en el Encuentro Nacional de Rectores de México

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Ricardo Rivero suscribe un convenio con la UNAM, la Academia Nacional de Historia y Geografía y la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes para impulsar actividades culturales conjuntas

El rector de la Universidad de Salamanca, Ricardo Rivero, ha participado ayer en el Encuentro Nacional de Rectores de México, que conmemora este año 500 años de historia compartida entre México y España y 800 años desde la fundación del Estudio salmantino, con la conferencia titulada “La Educación Superior en España”.

En su intervención en la Secretaría de Educación Pública de Ciudad de México, Rivero pidió que se continúen fortaleciendo los puentes tendidos entre España y América. "Tenemos que seguir trabajando en muchos aspectos pero los puentes están ahí", puntualizó Rivero. El rector puso el foco en la histórica y necesaria relación entre América y España, especialmente en el ámbito de la educación superior, en el que, aseguró, México y España fueron la "raíz". La conexión entre México y España viene de siglos atrás como es el caso de fray Bernardino de Sahagún, un historiador español que estudió en la Universidad de Salamanca y que después se desplazó a México, donde falleció, para estudiar lenguas indígenas mexicanas.

También explicó lo que debe ser la base del conocimiento a través de la figura de este español que dedicó sus 90 años de vida al estudio, manteniendo siempre intacta la vocación. "Hemos de volver a la base de los estudios superiores, que es la creación del conocimiento. Necesitamos el espíritu de Bernardino de Sahagún", dijo.

Para el rector de Salamanca, el mayor reto de la educación superior tanto en España como en México, es mantener la motivación de los estudiantes y profesores y eso, comentó, solo se puede conseguir con un modelo de educación exitoso. "Si la universidad no logra que sus profesores no pierdan la vocación, da igual que tenga 800 años", matizó.

En la conferencia también explicó que existe un desafío generacional, ya que los jóvenes cada día "son más inteligentes" por lo que se incrementa la dificultad para que los adultos motiven a los más jóvenes. Rivero considera que el hecho de que "el coeficiente intelectual crezca exponencialmente" es muy positivo y es el resultado de la universalización de la educación superior.

Para terminar, el rector reiteró que el foco debe estar en América, en los puentes a través del océano Atlántico "y en los estudiantes, siempre en ellos y para ellos". "El modelo de educación española se ha demostrado que es exitoso. Hay una palanca por la que los investigadores han seguido estudiando", matizó.

Por otra parte, el rector mantuvo un encuentro con Esteban Moctezuma, secretario de Educación Pública de México, en el que se abordaron varios proyectos de posible colaboración de la Universidad de Salamanca en la formación de docentes mexicanos y la realización de actividades conjuntas en 2019, en el marco de la conmemoración de los 500 años de historia compartida y el 80 aniversario de la llegada del exilio español a México. A la reunión asistió también el embajador de España en México, Juan López-Dóriga Pérez.Francisco, y el subsecretario de Educación Superior del Gobierno de México, Luciano Concheiro Bórquez.

Convenio de colaboración
Durante su breve estancia en México, de apenas 24 horas, en la que estuvo acompañado por la vicerrectora de Docencia, Izaskun Álvarez, y el secretario general, Fernando Almaraz, el rector suscribió un convenio de colaboración con la Universidad Autónoma de México (UNAM), la Academia Nacional de Historia y Geografía de la UNAM y la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, con el objetivo de desarrollar conjuntamente actividades y programas culturales para conmemorar 500 años de cultura compartida. El acuerdo fue suscrito por al más alto nivel institucional con la presencia de los rectores de Salamanca y UNAM, Ricardo Rivero y Enrique Graue; el presidente de la Academia Nacional de Historia y Geografía de la UNAM, Luis Maldonado Venegas; y el secretario de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, Francisco Javier Pizarro Gómez.

De esta forma ambas universidades y las academias de México sumarán esfuerzos para realizar exposiciones, congresos y editar libros que muestren los 500 años de historia compartida y de diálogo entre culturas, iniciados con la llegada de Hernán Cortés al Nuevo Mundo.

Tras la firma del convenio, Rivero subrayó que para la Universidad de Salamanca “es muy importante colaborar con la UNAM, especialmente en este año, en el que además de conmemorarse 500 años de historia compartida entre México y España, también se cumplen 80 años del exilio español a nuestro país”.

“Es un año para que la USAL pueda homenajear a la UNAM y que se unan las comunidades académicas que quieran acercarse a México, donde se hace una gran universidad: con sus humanidades, su ciencia, su compromiso social. Se trata de un momento para continuar con el hermanamiento de culturas y universidades”, subrayó.

Acciones conjuntas
Entre las acciones que se realizarán, la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes y la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) editarán el “Códice Durán”, manuscrito de la segunda mitad del siglo XVI, realizado por el fraile dominico Diego Durán, así como el libro “Francisco Becerra y la catedral de Puebla”, con motivo de los 475 años del traslado del obispado de Tlaxcala a Puebla.

Además, se publicará una obra sobre la virgen de Guadalupe de México y la de Extremadura, en la que especialistas de ambas naciones confrontarán textos e imágenes de estos íconos, así como su historia, iconografía y presencia en la sociedad novohispana, y hasta nuestros días.

El acuerdo, con vigencia de tres años, incluye la publicación del libro “La arquitectura hospitalaria de la Nueva España en tiempos virreinales”.

De igual forma, se realizarán jornadas académicas y congresos, uno de ellos en torno a la figura de Hernán Cortés, con hincapié en sus perfiles menos conocidos y en la ruta del conquistador, con el objetivo de promover que ésta se incluya en la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

También se efectuarán jornadas en torno a la figura y obra de Vasco de Quiroga, y sobre la pintura mexicana del siglo XIX y la imagen que los artistas dieron a Cortés y a Moctezuma.

Se montará una exposición en el Museo Nacional de Antropología con obras procedentes del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, España; y una más en el Museo Internacional del Barroco, en colaboración con el grupo de investigación Extrem@mérica, sobre la obra del pintor Francisco de Zurbarán.

Luis Maldonado, presidente de la ANHG, entregó a los rectores tres medallas conmemorativas de estos 500 años de historia compartida: una incluye la imagen del encuentro de Cortés y Moctezuma; otra retoma los símbolos de los poderes políticos: el águila del Códice Mendocino y el águila bicéfala española, con el lema “Un puente hacia el porvenir”.

La última simboliza el encuentro espiritual, representado con las imágenes de santa María de Guadalupe del Tepeyac, y santa María de Guadalupe, de Extremadura.

Además, el convenio contempla la realización de conciertos y representaciones teatrales, entre otras acciones.

En la firma del acuerdo estuvieron los titulares de la Coordinación de Humanidades, Alberto Vital Díaz; de Difusión Cultural, Jorge Volpi; del Instituto de Investigaciones Históricas, Ana Carolina Ibarra; de la Coordinación de Relaciones y Asuntos Internacionales, Francisco Trigo; y del Centro de Enseñanza para Extranjeros, Roberto Castañón. Asistieron la vicerrectora y el secretario general de la USAL, Izaskun Álvarez y Fernando Almaraz, respectivamente; el director de Publicaciones de la Secretaría de Educación Pública, Saúl Juárez; el presidente del Consejo de la Crónica de la Ciudad de México, Román Sánchez; y el director de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, Ernesto Fernández, entre otros.

Comunicación de la Universidad de Salamanca


"Sobre Randy Schekman, la ciencia y las revistas científicas" por Pablo Jacovkis

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Secretario de Investigación y Desarrollo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero y profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires, Argentina.

El 9 de diciembre de 2013, el día anterior al acto de entrega de su premio Nobel en Fisiología y Medicina en Estocolmo, el Dr. Randy Schekman publicó un artículo en el diario inglés The Guardian en el cual anunciaba que de ahora en adelante no publicaría más artículos en las prestigiosas revistas científicas Nature, Science y Cell, dado que estas revistas, como sintetiza un comentario del diario El País, “distorsionan el proceso científico o, peor aún, ejercen una ’tiranía’ sobre él que no sólo desfigura la imagen pública de la ciencia, sino incluso sus prioridades y su funcionamiento diario”. (Vale la pena leer el artículo de El País no solamente por su interés intrínseco, sino porque como regalo adicional tiene una maravillosa fotografía de una clase de anatomía de don Santiago Ramón y Cajal, como si fuera la Lección de anatomía del Dr. Tulp de Rembrandt.)

Para liberarse de la “tiranía de las revistas de lujo”, del mismo modo que “Wall Street tiene que acabar con el dominio de la cultura de las primas”, el Dr. Schekman propone, por su parte, publicar en revistas de libre acceso “que son gratuitas para cualquiera que quiera leerlas y no tienen caras suscripciones que promover” (él mismo dirige eLife, financiada por tres prestigiosas instituciones científicas internacionalmente conocidas, la Fundación Wellcome, el Instituto Médico Howard Hughes y la Sociedad Max Planck). El País reproduce luego la nota en castellano de The Guardian.

Naturalmente, la nota del Dr. Schekman tuvo una enorme repercusión en todo el mundo, y tuvo sus defensores y detractores; los interesados en leer los comentarios, favorables o desfavorables, pueden buscar en Google “Randy Schekman” y encontrarán abundante material, en particular las opiniones de los lectores del propio artículo de The Guardian. Me interesa hacer unas reflexiones al respecto, que son de dos tipos: por un lado, de qué manera un científico puede hacer su carrera científica sin estar excesivamente sujeto a regulaciones, tácitas o explícitas, de toque burocrático; por el otro lado, mencionar la necesidad de controlar la influencia comercial de las grandes editoriales que publican las revistas científicas más prestigiosas.

Respecto del primer punto, obsérvese el adverbio “excesivamente”, que incluí a propósito. Y lo incluí porque algún tipo de regulación burocrática debe haber siempre, dado que los científicos hacen su carrera en instituciones, públicas o privadas, que necesitan alguna prueba concreta de que cuando le pagan a un científico no están tirando el dinero a la basura. Evidentemente alguien que durante cinco años no publicó nada, ni en revistas, ni en congresos, probablemente no haya hecho nada, y debe ser excluido del sistema científico. El problema es cuando todo se empieza a burocratizar demasiado, y se exigen tantos artículos por año en revistas de índice de impacto al menos tal, etc. Allí puede llegar a empezar una relación perversa entre el científico y las revistas, en la cual la cantidad es más importante que la calidad, o en la cual la calidad se mide solamente por la fama de la revista (y allí entra el comentario de Schekman). De todos modos, las revistas de libre acceso no garantizan necesariamente la calidad (también hay bibliografía al respecto), y el hecho de que algunos artículos hayan sido después retirados de una revista científica importante puede interpertarse no como falta de seriedad de la revista sino, al contrario, como rigurosidad y honestidad de la revista al detectar fraudes. (1) Y además, la clave es que el problema afecta al “científico medio”, y no a los genios.

En efecto, la masificación de la ciencia a partir de la mitad del siglo pasado provoca que muchas personas honestas, trabajadores y de inteligencia “normal” se dediquen a la ciencia, lo cual es absolutamente legítimo (e incluso necesario para los países que quieran tener futuro científico); y no hay ningún derecho a pedirles a esos científicos otra cosa que seriedad y trabajo creativo... que se juzga mejor mirando su producción, sus ideas, su impacto en la ciencia y en la sociedad, más que contando artículos u ordenando las revistas según su presunta calidad de acuerdo a índices cada vez más sutiles. Aunque esto cuesta más trabajo, y a veces demanda un tiempo de evaluación que los científicos no están dispuestos a emplear.

Pero ninguna de estas discusiones vale para los genios. En ese sentido la ciencia funciona muy bien: es muy pero muy raro que un científico excepcional no tenga éxito porque no se adapta a la “burocracia” de la producción o de la calidad. Sin ir más lejos, el israelí Dan Shechtman, Premio Nobel de Química 2011, fue mirado con profunda desconfianza por muchos de sus pares cuando planteó la existencia de cuasicristales en 1984 (entre otros por el gran Linus Pauling, quien dijo: “No hay cuasicristales, hay cuasicientíficos”) e incluso fue echado de su grupo de trabajo, pero finalmente el mundo académico reconoció su enorme aporte a la ciencia y lo recompensó con el premio mayor. Y Andrew Wiles, quien demostró el último teorema de Fermat, había publicado, como puede verse aquí, tan solo 14 trabajos (o sea, menos de uno por año), entre 1977, año de su primer trabajo publicado, y 1993, año en que anunció la demostración de dicho teorema (demostración que tenía un error que tardó más de un año en solucionar, y a pesar de ello los especialistas no dudaban de que el error era subsanable); sin embargo, era profesor en la Universidad de Princeton, lo cual muestra que era muy respetado por la comunidad matemática.

El segundo punto es más complicado. Es cierto que a veces los precios de las sucripciones a revistas de las grandes editoriales son leoninos, lo cual no es un problema fácil de resolver (pues algunas de esas revistas -no todas- son muy prestigiosas y los científicos quieren no solamente publicar en ellas sino que figuren en las bibliotecas de sus instituciones para consultarlas cuando lo necesitan). A eso se suma una contradicción monetaria: los científicos hacen sus investigaciones, que llegan a resultados publicables, con dinero que aportan sus universidades, institutos, u otros organismos, usualmente de los respectivos gobiernos. Y después las instituciones tienen que pagar para tener acceso a lo publicado gracias a su apoyo económico...

Sin embargo, existen paliativos: uno de ellos es justamente la publicación en revistas de acceso libre (aunque en este caso el problema puede ser que sea el autor el que pague -a veces mucho- por su publicación); otro, la publicación previa en repositorios tipo ArXiv: si bien la publicación en este repositorio no tiene evaluación previa, los errores se descubren rápido, y el boca a boca puede indicar la importancia de un trabajo. Y además está la posibilidad de que la legislación de un país controle a dichas editoriales (lo cual tiene obviamente que ver con la importancia científica del país que toma dichas medidas legales). (2)

Por último, volviendo al origen de estas reflexiones, conviene recordar que el Dr. Schekman hizo su anuncio después de haber obtenido el Premio Nobel. No parece probable que los científicos jóvenes en ascenso sigan su ejemplo. Sin ir más lejos, ¿alguien puede pensar que el enorme impacto, nacional e internacional, obtenido hace unos días por el Dr. Gabriel Rabinovich y sus colaboradores, con su trabajo que fue tapa de Cell, se habría producido tan rápido si hubiera elegido para publicar una revista de acceso libre?

Notas al pie

(1) Sólo a título de ejemplo puede mencionarse el artículo de John Bohannon publicado en Science, “Who’s afraid of Peer Review?”, que puede verse aquí, con un ataque feroz a muchas revista de libre acceso.

(2) En Argentina ya se sancionó recientemente una ley al respecto.


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