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Luisa Massarani: Un periodismo científico más crítico

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NEX ciencia.
La comunicación pública de la ciencia no solo se realiza a través de los medios. También se divulga conocimiento en los museos de ciencia. Luisa Massarani es directora del Museo de la Vida, vinculado a la Fundación Oswaldo Cruz, una de las más importantes instituciones de investigación biomédica de América Latina. Allí, conversó con Noticias Exactas.

Comenzó a trabajar en la divulgación de la ciencia en 1987. Es periodista, egresada de la carrera de Comunicación Social. Realizó una maestría en ciencias de la información y un doctorado en bioquímica médica, en la Universidad Federal de Río de Janeiro. Además de efectuar investigaciones sobre la divulgación científica ha escrito libros para niños. También, es coordinadora regional de la red SciDev para América Latina, un proyecto internacional que busca dar visibilidad al conocimiento que se produce en los países en desarrollo. Se define como “una mariposa que vuela de tema en tema”.

- ¿Cómo decidiste dedicarte a la divulgación científica?

– Hay un momento en la vida de todo joven en que se debe elegir una profesión y pasar una prueba, llamada “vestibular” aquí en Brasil, que es una pesadilla. Si no la pasás, es un drama familiar. Como no tenía idea de lo que quería, hice el vestibular para Medicina, Farmacia y Comunicación, es decir, estaba superubicada (ríe). En verdad, me gustaba la ciencia pero no para estudiar algo específico. Era como una mariposa, para cada día, un tema distinto de la ciencia. Pronto supe de la revista Ciencia Hoje, creada por la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia. Hice una pasantía allí, trabajando en divulgación científica y descubrí que me encantaba.

- ¿Hubo algún factor en tu adolescencia que te llevara a interesarte por la ciencia?

– Mis padres eran ingenieros químicos. Mi papá, en particular, era profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro y tuvo un papel importante en la consolidación de un primer posgrado de Ingeniería en Brasil en la década de los 60. Era un momento muy difícil en este país, por la dictadura. Yo nací en 1966, y viví muy de cerca todo ese proceso. La ciencia fue parte de mi historia familiar.

- ¿Desde que comenzaste hasta el presente, hubo cambios en la divulgación científica en Brasil?

– Sí, hubo cambios muy importantes. En 1987, cuando empecé, había un movimiento muy interesante en periodismo científico, y los principales diarios brasileños tenían secciones de ciencia. En los años 90 eso empezó a decaer, pero un hubo un incremento de la actividad de museos y centros interactivos de ciencia. Se creó, por ejemplo, el Museo da Vida, y desde entonces hasta ahora el crecimiento ha sido fuerte, aunque muy concentrado en la región sudeste, en Río de Janeiro y San Pablo. Desde el punto de vista político, también hubo algunos momentos importantes. Por ejemplo, en 1985 se creó el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación, y dentro de este, en el 2003, con el presidente Lula, se creó una Secretaría de Inclusión Social y un Departamento de Popularización de la Ciencia. Hoy hay fondos para proyectos de divulgación científica. El CNPq (Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico), equivalente al CONICET, ahora tiene un comité específico para la divulgación científica.

- ¿Esto se acompañó de cambios en la mentalidad de los científicos respecto de la divulgación?

– Hubo un cambio en la conciencia. Hoy, cuando un investigador pide un subsidio, llena un formulario donde hay un casillero para indicar actividades de divulgación científica. Además, hubo un incremento importante de tesis de maestría y doctorado en esta temática. En 1980 se defendió la primera tesis de doctorado en Brasil, y hoy tenemos unas 400, entre doctorados y maestrías sobre divulgación científica. Hubo un cambio importante de formación de la gente, y más posibilidades de trabajo. Es algo que no pasaba cuando yo empecé, cuando no había gente que trabajara en divulgación científica en instituciones de investigación, salvo que fueran científicos.

- Parece un proceso parecido al de la Argentina, donde la mayor parte del esfuerzo está puesto por el Estado.

– Sí, es parecido. Pero yo estoy hablando de lo que sucede en Río y San Pablo, los museos de ciencia están aquí, pero Brasil es inmenso.

- ¿Estás realizando investigaciones en divulgación científica?

– Sí, hemos creado aquí el núcleo de estudio de divulgación científica, porque me preocupa mejorar la calidad de esta actividad. Queremos ver cómo cubren los temas los periodistas en los medios masivos, hacer un diagnóstico y ver cómo mejorar, dando capacitación en divulgación científica.

- ¿En los estudios que realizaron, a qué conclusiones llegaron?

– Según lo que observamos, divulgamos una ciencia muy estática, muy bien consolidada. Y me parece que debemos mostrar el propio proceso de construcción de la ciencia, que involucra controversias, incertidumbres. Un museo de ciencia, u otras actividades de divulgación, tienen que estimular a la gente a pensar y discutir el impacto que la ciencia y la tecnología tienen en sus vidas y la sociedad.

- Aquí, en el Museo, se realizan muchas actividades para los niños…

– Me parece que los niños son un público ideal para divulgar, por muchas razones. Son súpercuriosos, y eso es indispensable para la divulgación científica. Hacen preguntas muy interesantes, aprendemos mucho con ellos. Por ejemplo, hice tres libros para niños, uno es de fútbol; otro de dinosaurios, con la idea de enseñar que nuestros países tuvieron dinosaurios; y uno sobre los transgénicos, que es un tema complejo, con mucha discusión. En el Museo tenemos un proyecto de dos exhibiciones: una es la aventura del cuerpo humano, y que los niños viajen dentro de él. Otro, que está en construcción, es para interesarlos en la biodiversidad, con un lenguaje de videojuegos. Desarrollar estrategias para involucrar a los chicos en la ciencia y la tecnología es divertido y provocativo. Puede ayudarlos a tener una formación, una reflexión ciudadana. Este es un aspecto importante. Creo que las actividades de divulgación científica en ese momento de sus vidas pueden tener un impacto importante para su futuro como adultos.

- En tus investigaciones sobre medios, buscás conocer qué entiende la gente a partir de las noticias de ciencia…

– Estamos trabajando con telediarios e intentamos ver qué sentido construye la gente a partir de lo que ve, y esto es mucho más que saber qué entiende. En general, tenemos una visión muy lineal de la divulgación científica y el público: la idea de que el mensaje va del emisor al destinatario. En los últimos años, especialmente en América Latina, hay estudios que muestran que este proceso es mucho más complejo. Por eso hablamos de construir sentido, porque la forma en que el público mira lo que está en los medios masivos se vincula a toda su historia familiar, al contexto de país, cultural y social.

- ¿Cuánta gente trabaja en el Museo?

– Somos más de cien, con formaciones muy distintas, y es nuestro interés que sea así. Hay gente de comunicación, educación, física, biología, entre muchas otras. Hay unas 40 personas con trabajo estable, algunos con doctorado. Otros 40 tienen un trabajo estable pero no pasaron por un concurso público. Y hay un número importante que tiene becas. Creamos un programa que busca involucrar a universitarios de diversas disciplinas. Es como si fuera un primer trabajo y la idea es atraer a los futuros científicos a la divulgación. También tenemos artistas. Por ejemplo, tenemos el proyecto de hacer una parte de teatro, que me parece aporta un lenguaje muy interesante a los museos de ciencia. Mi crítica acerca de los museos de ciencia es que parece que todavía estamos dando clase. Creo que el teatro es una oportunidad de atraer y provocar a la gente no ya desde la explicación, sino desde la emoción.

- Algunos periodistas en la Argentina consideran que el periodismo científico es poco crítico. ¿Vos lo ves de esta manera?

– Sí, es un punto clave que defendemos. En un trabajo analizamos los diarios de América Latina, incluidos La Nación y Clarín, y vimos que el periodismo científico es muy positivo. Muchos de los periodistas científicos son muy entusiastas de la ciencia. Y otros creen que no debemos hablar de controversias, sino de lo bueno de la ciencia. También se observa que la ciencia, cada vez más, ocupa otras secciones. Muchas veces, cuando el tema se trata en otra sección, se adopta una mirada más crítica o menos positiva de hablar de ciencia. Por ejemplo, el tema de transgénicos, en las secciones de ciencia se presentaba en forma aséptica, en cambio, en las de economía o campo había mayor controversia.

- ¿Cómo hacer para que haya una mirada crítica de la ciencia?

– En SciDev hacemos algunos esfuerzos. En las notas, habla el científico que desarrolló la investigación, pero también el científico independiente que evalúa el significado de la novedad. A mí me interesa la controversia, porque habla del propio desarrollo de la ciencia, y además es bueno para atraer al público, porque hablamos de emociones fuertes. Es importante mostrar que la ciencia no está encerrada, sino que tiene mucho que ver con la economía, la política y la sociedad en su conjunto.

- ¿Qué es SciDev?

- SciDev es un proyecto increíblemente lindo y único. Surgió hace tres años, de la cabeza de un matemático británico, muy conocido como periodista científico, David Dickson. Él trabajó en Science y Nature, las dos biblias de la ciencia. Y en un momento, en el Foro Mundial de la Ciencia, propuso hacer un proyecto piloto sobre la ciencia del mundo en desarrollo, esta ciencia que está como invisible. El proyecto piloto funcionó muy bien. A partir de ese momento decidió crear SciDev. Lo conocí justamente cuando el proyecto estaba en gestación. La creación de esta red de ciencia y desarrollo fue decisiva incluso para cambiar la agenda por ejemplo de Science y Nature. SciDev tiene este papel único de hablar sobre la ciencia de los países en desarrollo y de una forma muy vinculada al desarrollo. O sea que es ciencia y desarrollo en los países en desarrollo. A mí me encanta.

- ¿Por qué decís que logró producir un cambio en Science y Nature?

- SciDev tiene una producción específica, con corresponsales en todos los países. Tiene un portal principal y portales regionales. El primero en crearse fue el africano; enviaron a un británico para que lo desarrollara, y funciona bien. El segundo portal fue el de América Latina. En este caso viajaron hacia aquí y buscaron a alguien para hacer el trabajo. Y es el más exitoso de todo el proyecto, y creo que se debe a tener gente local para que hable de ciencia. Lo que empezamos a tener es material novedoso, porque no se conocía mucho de la ciencia en desarrollo. Se lo puso en inglés para darle mayor visibilidad a la ciencia de nuestros países y SciDev tenía la producción propia pero, como tenía una conexión con Nature y Science, logró ponerlas juntas. Por eso decimos que es el único sitio donde las dos biblias rivales de la ciencia están juntas. Incluso algunos artículos de estas revistas tienen acceso libre en SciDev. Efectivamente hubo un flujo muy fuerte entre esas revistas y SciDev, pues muchas veces ellas usan como tema notas que salieron en esta red.

- Decís que en SciDev escriben en inglés…

– El portal principal está en inglés. Los portales regionales tienen sus idiomas locales, hay parte en chino y en árabe, y América Latina, en español. Desde el punto de vista regional es importante porque la verdad es que no conocemos la ciencia de los vecinos. Tenemos más acceso a la ciencia de los Estados Unidos y Europa que a la de nuestros países. Parte de la producción de notas es traducida al inglés y sale en el portal principal, con lo cual se lo pone en conocimiento de quienes manejan ese idioma.

- Algunos científicos están preocupados porque en muchas películas de Hollywood, como Avatar o Jurassik Park, la ciencia ocupa el lugar del doctor Frankenstein, desarrolla elementos que terminan en desastres. ¿Vos crees en esta visión?

– Hay estudios que señalan que las películas presentan un estereotipo del científico como un loco, con los pelos parados, aislado del mundo real. En dibujos para niños a veces es así. Pero estas películas atraen mucha gente. Aquí tuvimos una discusión acerca de una telenovela brasileña, con gran audiencia, que fue “El clon”. Muchos científicos decían que era pura basura, y los contenidos eran incorrectos. A mí me pareció un momento increíblemente interesante en que se podía hablar de clonación, genética, determinismo genético, y en qué medida los genes y el contexto pueden influir en la formación de las personas. Esta telenovela tuvo un papel importante para elevar la formación científica del país.

- ¿Qué aspectos son centrales en la formación de un divulgador?

– Quizás un aspecto fundamental es mostrar que la divulgación científica no es solo transmitir contenidos. Mostrar una ciencia menos estática, que discute sus controversias e incertidumbres. Además, aunque parezca obvio, me parece fundamental en la capacitación el pensar en el público. En general, en los encuentros o capacitaciones, hablamos del mensaje, del científico, de la relación científico-periodista, pero no hablamos del público. Un aspecto clave es conocer más al público o los públicos.

Ciudad Maravillosa
En marzo de 2013, Susana Gallardo, Cecilia Draghi, Gabriel Rocca y Gabriel Stekolschik, miembros del equipo editorial de EXACTAmente viajaron a Río de Janeiro por ser los ganadores del Primer Premio a la Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología, que entregó en 2011 el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación Productiva de la Nación por el Dossier Biodiversidad, publicado en el número 41 de EXACTAmente.

Los periodistas visitaron el Museu da Vida, que pertenece a la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), la principal institución de ciencia y tecnología en salud de América Latina, fundada en 1900 por el reconocido epidemiólogo brasileño Oswaldo Cruz. Su discípulo Carlos Chagas fue quien aisló, en 1908, el parásito Tripanosoma cruzi, llamado así en honor a su maestro.

Además de entrevistar a Luisa Massarani, directora del Museo, los periodistas recorrieron las instalaciones y muestras interactivas que informan y educan en ciencia, salud y tecnología en forma lúdica y creativa.

También visitaron la revista Ciência Hoje, donde intercambiaron ideas con Alicia Ivanissevich, editora de la versión impresa, Carla Almeida, editora de la versión online, y Catarina Chagas, editora de la versión online de Ciência Hoje para niños.


Cómo emprender desde la universidad

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SINC - "Nunca sentí que mi actividad académica y emprendedora fueran incompatibles. De hecho, creo que son complementarias", dice Javier García-Martínez (Logroño, 1973). Este doctor en Química dirige el laboratorio de Nanotecnología Molecular de la Universidad de Alicante y es el fundador de la empresa Rive Technology. Sus nanomateriales han generado más de veinte patentes y acaba de recibir uno de los Premios Rey Jaime I 2014.

¿Tengo que dejar la universidad para poder hacer realidad los resultados de mi trabajo, renunciar a mi carrera científica para crear mi propia empresa?

Muchos estudiantes y profesores universitarios sienten que no es posible desarrollar su carrera profesional en la universidad y a la vez comercializar sus investigaciones.  

Sin embargo, ahora más que nunca, es posible compaginar ciencia y emprendimiento. De hecho, cada vez contamos con más ejemplos de universitarios emprendedores, personas que nos muestran que es posible comercializar la excelente investigación que se lleva a cabo en las universidades.

Con un pie en dos mundos

Pero a pesar de los avances, aún existen numerosas barreras para el emprendimiento desde la universidad. En primer lugar, los emprendedores universitarios deben poseer una rara mezcla de habilidades. Deben tener los atributos tradicionales del universitario tales como el rigor, la atención a los detalles y un profundo conocimiento de su área de trabajo. Pero también deben poseer los atributos propios del emprendedor: la capacidad de reconocer nuevas oportunidades de negocio, ser capaz de crear valor para el cliente y la voluntad de asumir riesgos.

Los emprendedores universitarios deben ser capaces de apuntar alto mientras cumplen sus objetivos empresariales y reconocer aquellas líneas de investigación con mayores probabilidades de contribuir a la expansión del negocio. 

Pero incluso para aquellas personas que tengan las cualidades y habilidades necesarias, la cultura universitaria puede ser un fuerte elemento de disuasión. La educación universitaria tradicional no favorece el espíritu emprendedor, por lo que muchos jóvenes jamás consideran la posibilidad de emprender.

Los profesores universitarios a menudo consideran que sus estudiantes de doctorado y posdoctorales deben centrarse exclusivamente en la investigación y abandonar cualquier tarea que les distraigan de publicar sus investigaciones. Otro problema habitual es que en muchas universidades las patentes y la creación de empresas no son tenidas en cuenta para la contratación y promoción del profesorado.

Incluso en un ambiente propicio, los retos que debe superar una persona que quiera ser un buen investigador y un empresario de éxito son enormes, por lo que muchos jóvenes universitarios sienten que es un reto insuperable. 

Dónde encontrar la inspiración

Sin duda, el emprendedor universitario tiene muchos retos que superar, pero consideremos también algunos hechos que nos pueden animar a embarcarnos en esta aventura. El número de patentes, licencias y empresas spin-offcreadas por académicos está aumentando.

De acuerdo con un estudio publicado en 2009 por investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) Sloan School of Management, los exalumnos del MIT han creado 25.800 empresas, con ventas anuales mundiales de 2 billones de dólares. Estos datos han impulsado a otras universidades a crear programas e iniciativas que favorezcan el emprendimiento desde sus aulas. De hecho, es rara la universidad que no tenga cursos, oficinas de transferencia de tecnología e incluso incubadoras de empresas para favorecer la creación y crecimiento de nuevas empresas en sus campus.

Hoy más que nunca, los jóvenes científicos encuentran excelentes modelos a seguir. Muchos de los mejores científicos de nuestro tiempo se han convertido en empresarios de éxito. Entre ellos destacan el bioquímico Herbert Boyer, fundador de Genentech, y el profesor de la Universidad de Harvard George Whitesides, fundador de empresas de enrome éxito como Genzyme.

Hoy las universidades reconocen a aquellos jóvenes que asumen el riego de comercializar sus descubrimientos. Por ejemplo, el MIT reconoce cada año a los 35 jóvenes menores de 35 años cuya tecnología tiene mayor capacidad de mejorar nuestras vidas con el premio TR35.Entre los galardonados podemos encontrar personas como Shwetak Patel, de la Universidad de Washington en Seattle, quien ganó el premio TR35 por el diseño de sensores para monitorizar el consumo de energía eléctrica en entornos domésticos. Otro ganador de este premio es Luis von Ahn , de la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh, Pensilvania , por el desarrollo de la tecnología captcha para la digitalización de libros. Ambos, excelentes ejemplos de jóvenes emprendedores universitarios.

Mi experiencia personal

En los últimos cuatro años he tenido la ocasión de ver muchos casos similares como miembro del jurado de estos premios. Esta atalaya me ha dado la oportunidad de observar una y otra vez algunos elementos comunes necesarios para emprender con éxito desde la universidad: una investigación de excelencia, un sólido plan para convertir los hallazgos en una oportunidad de negocio y un entorno que favorezca el emprendimiento.

Tuve la suerte de encontrarme en esta situación en el periodo 2001–2004 cuando estaba realizando mi estancia posdoctoral en el MIT gracias a una beca Fulbright. Durante esos años trabajé para aplicar los avances en nanotecnología en el sector de refino de petróleo. Un sector bastante tradicional que suponía una oportunidad excelente para aquellas personas con nuevas ideas y visión empresarial.

Tras varios años en el laboratorio, mucho trabajo e innumerables experimentos (la mayoría infructuosos), en la primavera de 2004 decidí participar en el MIT $ 50K Entrepreneurship Competition, uno de los concursos de planes de negocio más importantes del mundo. Nunca había hecho un plan de negocios antes, pero los cursos que ofrece el MIT a los participantes y el trabajo en equipo me sirvieron para familiarizarme con algunos temas que luego han sido muy importantes para el éxito de mi empresa: cómo proteger  la propiedad intelectual, cómo construir un plan de negocios sólido y cómo perfeccionar mis habilidades de comunicación y de conseguir financiación. Hoy en día, cursos como estos (y muchos otros) se encuentran de forma gratuita en internet  para cualquiera que esté interesado (ver recuadro al final).

Poco después, en 2005, decidí fundar Rive Technology para comercializar los resultados de mi investigación en el MIT, y abrimos una pequeña oficina en Cambridge, Massachusetts. Tres años más tarde, tras escalar nuestra tecnología, abrimos un nuevo centro de investigación en Princeton, Nueva Jersey. En 2012, cerramos nuestra última ronda de financiación, con un total de 67 millones dólares de varias firmas de capital de riesgo e importantes empresas del sector, y un año más tarde ya estábamos comercializando los catalizadores que desarrollé en MIT y que permiten aumentar significativamente la producción de diesel y gasolina, a la vez que se reduce la generación de subproductos.

Emprendedor y profesor universitario

Todo esto lo hacía mientras trabajaba en la universidad española y formaba mi propio grupo de investigación, el laboratorio de Nanotecnología Molecular. En 2004, al terminar mi posdoc, volví a mi país natal, España con un contrato Ramón y Cajal de la Universidad de Alicante. Cinco años más tarde, tras finalizar mi este contrato, gane una plaza de profesor titular.

Sin duda, llegar aquí no ha sido una tarea fácil. Pero ha merecido la pena. Ha sido posible gracias a contar con un equipo de investigación excelente y muy motivado en la Universidad de Alicante, que prueba la calidad y el talento de los científicos españoles. Y, por supuesto también al excelente equipo de profesionales con los que cuenta Rive Technology. Uno de los errores más frecuentes que cometen los emprendedores universitarios es empeñarse en dirigir sus empresas. Aunque existen numerosos ejemplos de investigadores que son capaces de liderar sus propias empresas.

En general, el investigador es la persona más adecuada para resolver los retos tecnológicos de la empresa y existen personas con las cualidades y experiencia necesarias para ponerse al frente de jóvenes empresas. Para mí fue una suerte contar con Larry Evans, el primer CEO de Rive Tecnology desde el principio. También la tecnología y las nuevas herramientas de comunicación han sido muy importantes para poder trabajar de forma remota y coordinar la actividad investigadora de varios equipos. 

Durante estos años, nunca sentí que mi actividad académica y empresarial fueran incompatibles. De hecho, creo que son complementarias. Estar a caballo entre la universidad y empresa proporciona una valiosa perspectiva y permite desarrollar habilidades complementarias. Emprender desde la universidad te fuerza a trabajar duro y de manera creativa para resolver numerosos problemas técnicos que probablemente no surgirían en un entorno de laboratorio a pequeña escala. También te ayuda a perfeccionar tus habilidades de comunicación y de negociación, a trabajar con múltiples equipos y gestionar tiempo y recursos limitados.

Estas habilidades son de enorme utilidad para el investigador universitario y le abren nuevas puertas de financiación y acceso a nuevos colaboradores. Además, tener experiencia empresarial de primera mano y conocer las necesidades de mercado, son cualidades muy importantes a la hora de enseñar una asignatura. Mi actividad emprendedora ha sido, sin duda, muy beneficiosa para mi desarrollo como profesor universitario. Los alumnos captan inmediatamente el conocimiento práctico que tiene el profesor de la asignatura y su experiencia personal con la industria.

Desde el punto de vista opuesto, mi actividad universitaria también ha sido muy positiva para mi carrera como emprendedor. Me ha permitido estar al tanto de los resultados más recientes en mi área de investigador, pensar de manera más amplia y crítica, desarrollar nuevos descubrimientos que han dado lugar a nuevas oportunidades de negocio e identificar y reclutar talento.

La ciencia y la tecnología son fundamentales para hacer frente a los retos más importantes a los que nos enfrentamos, ya sea el cambio climático, la seguridad alimentaria o la salud pública. Pero necesitamos personas con el coraje y el conocimiento que sean capaces de convertir descubrimientos en una realidad que a permita a millones de personas beneficiarse de la excelente investigación que se realiza en la universidad.

Recursos para científicos que quieran crear empresas:

Artículo adaptado y traducido del original The Third Way: Becoming an Academic Entrepreneur, que se publicó en Science Careers el 20 de marzo de 2014. 


A propósito del Desarrollo Económico Local: el derrotero de un mal parido

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La Revista CTS ha puesto en marcha un nuevo foro de debate. Esta vez se basa en el texto Arnoldo Oscar Delgado. Arquitecto (UNLP, Argentina), magíster en política y gestión de la ciencia y la tecnología (UBA, Argentina), diplomado superior en desarrollo local y economía social (FLACSO, Argentina).

Como dice un amigo (según él, citando a Theodor Adorno), “toda generalización es una forma de autoritarismo”. De antemano lo asumo, así como también la arbitrariedad en la que incurriré al aventurar opinión sobre algunos aspectos que signaron el camino del Desarrollo Económico Local (DEL) en Argentina, con pretensión de extenderme a otros países de la región sudamericana y el Caribe. Después de todo, desde el eufemísticamente bautizado “encuentro de dos culturas” en adelante, la larga historia compartida de sometimiento, expoliación e intromisiones para frenar sus procesos de autoafirmación y democracia nos da terreno fértil para conjeturar similitudes: una entre ellas, la permeabilidad de los respectivos contextos políticos, económicos y socio-culturales a la transferencia y aplicación -muchas veces acrítica- de teorías y experiencias que, aparentemente exitosas en otras realidades, poco o nada tenían que ver con las propias posibilidades y necesidades.

En el caso de la que nos ocupa aquí, no es antojadizo pensar que su desembarco en estas tierras acaso haya encontrado también reacciones similares, más próximas a la adhesión que al rechazo. Al fin y al cabo, las usinas de pensamiento, prescripciones o financiamiento eran una vez más compartidas (FMI, CEPAL, BID, BM), y puertas adentro se cocían las mismas habas, como la deslegitimación de las clases dirigentes y la desafección ciudadana por la participación política. También por igual acunaba el canto de sirena sobre la “modernización del Estado”, discurso prometedor para sociedades hastiadas de su ineficiencia y opacidad. La retórica excluyente y hegemónica caló fuerte, y en menos de lo que canta un gallo atrás quedó la matriz estado-céntrica que alguna vez moldeara el Estado de Bienestar del que algunos disfrutáramos, reemplazada por otra con preeminencia del mercado como árbitro y asignador de recursos. El crecimiento económico, objetivo preeminente del desarrollo local en esta primera etapa (apostando a la radicación del capital externo y no al desarrollo endógeno que debió haber sido su norte), ya traería luego el bálsamo benéfico del “efecto derrame” para restañar las heridas del cuerpo social fragmentado y maltrecho, desmanteladas las infraestructuras públicas que antes fungieran como mecanismo de integración.

Un segundo aspecto determinante para la instalación generalizada del discurso asociado al DEL fue la ofensiva descentralizadora, componente esencial de la modernización. De hecho, sin ella no se entiende la consagración de la escala local como objeto de actuación preeminente (disociada de los otros niveles territoriales), expresiva por antonomasia del Estado mínimo que la reforma estructural y su fiebre privatizadora perseguían. Sin importar la cuasi inexistencia de infraestructura, de recursos humanos y de todo tipo en la mayoría de los municipios de la región, carente de cualquier análisis del tamaño de las ciudades y sus perfiles productivos (si alguno), más que de una auténtica valoración de “lo local” pareció darse lo que Daniel Arroyo llamó, para el caso argentino, una “municipalización de la crisis”. Más aún, al tiempo que se imponía a los gobiernos locales gestionar las consecuencias sociales de las políticas macro-económicas, persistían las reservas para avanzar hacia una descentralización propiamente tal: vale decir, a una significativa transferencia del poder de decisión y de los recursos necesarios para volverlo efectivo. Como bien señalaba Carlos Vilas, este conjunto de limitaciones acabó produciendo efectos contrarios a los formalmente pretendidos: más que el fomento de la autogestión de la sociedad civil, se reforzó la imagen de “sálvese quien pueda” del diseño global. Si el tiempo demostró en algunos países centrales que, aun efectuándose en mejores condiciones, la descentralización no cumplió con lo esperado (como en la pionera Francia, donde apuntaló aún más el poder cuasi feudal de los alcaldes, o en España, donde la crisis actual expone crudamente los excesos, duplicaciones y desarticulaciones que dificultan la gestión unificada de políticas públicas esenciales), especialmente perjudicial resultaba en las periferias de la globalización. Bien lo señaló en su momento Daniel García Canclini:

“En los países que entraron al siglo XX con ciudades planificadas y gobiernos democráticos, las digresiones, la desviación y la pérdida de poder de los órdenes totalizadores pueden ser parte de una lógica productiva y democratizadora; en las periferias, la diseminación -generada por el estallido demográfico, la invasión popular o especulativa del suelo, con formas poco igualitarias de representación y administración del espacio urbano- aparece como la multiplicación de un desorden siempre a punto de explotar. Mientras que en el primer caso el debilitamiento de las estructuras puede ser un avance liberalizador, en los otros logra a menudo sólo reproducir aglomeraciones ingobernables -lo cual, además, se vuelve funcional a la perpetuación de gobiernos autoritarios y centralizados, reticentes a la participación ciudadana. De hecho, en muchas ciudades latinoamericanas es evidente que la debilidad reguladora de las dos últimas décadas no aumentó la libertad sino la inseguridad y la injusticia, exasperando las contradicciones de la modernidad: desaparición de lo poco que se había logrado de urbano, agotamiento de la vida pública y búsqueda privada de alternativas a la vida urbana, entendida como ‘tumulto desconcertante’”.

Obviamente, dado el contexto anterior, cuesta creer en el beneplácito de los jefes locales al recibir nuevas responsabilidades sin proceso ni recurso alguno. Asumo, en todo caso, que fue el tercer componente del discurso lo que acabó ganándolos: “mejorar la atractividad de las ciudades”, eslogan al que era difícil resistirse. Apuntalado una vez más por los generosos fondos internacionales interesados en que la reforma se cumpliera a rajatabla, ello suponía proveerlas de infraestructuras adecuadas sin perder tiempo en planificaciones pasadas de moda, y relajar las normativas para la radicación del capital siempre esquivo, sin importar el cariz depredador que fue impronta de muchas de las inversiones captadas. ¿Acaso importaba? Esta obscena entronización del capital y sus demandas, expuesta sin disimulo en los simposios universidad-empresa que asimilaban “educación” con “capacitación de la fuerza de trabajo”, encontró a mediados de los 90 un aliado perfecto: el método de la planificación estratégica, receta magistral que toda ciudad aggiornada debía aplicar. En Argentina al menos, directamente basado en el modelo español y las experiencias de Barcelona y Bilbao, el valioso instrumento devino ideología. Consultores pagados a precio de oro propagaron sin inmutarse la perniciosa concepción de la “ciudad-empresa” y del territorio como arena de competencia entre rivales, completando la analogía con las figuras del “gobierno local=alta gerencia” y del “ciudadano=cliente”, que contribuían a desnaturalizar su significado político y a desmovilizar y fragmentar aún más el cuerpo social. Como metáfora perfecta de esa retórica que todo procesaba en términos de business management, el país holding celebraba las ciudades competitivas y abandonaba a su suerte a los territorios inviables, mientras los shoppings, barrios cerrados y plazas “con sponsor” corporificaban urbanamente la derrota de lo público ante el avance de lo privado, definido atrozmente por Amos Rapoport como “control a la interacción no deseada”.

Como no podía ser de otro modo, la planificación incorporó discursivamente la cuestión de la innovación tecnológica, en buena parte responsable de su propio resurgimiento en afán de replicar las bondades de aquellos territorios organizados donde todo comenzó. Consustancial al origen mismo de las teorías sobre desarrollo local y endógeno, enfatizada por la bibliografía y los consultores internacionales a veces como fin en sí mismo, muchos de los planes formulados según su preceptiva se poblaron de su lenguaje, institucionalidad ad hoc (como las agencias de desarrollo) y hasta propusieron medidas adecuadas en relación al mundo PYME, aunque en una lectura desarticulada que permitía entrever la falta de comprensión del marco socio-institucional e interacciones inherentes a un sistema territorial de innovación. “Distrito industrial” y “clúster”, por ejemplo, se difundieron como los modelos de organización industrial por excelencia sin importar cuán intransferibles o poco operativos resultaran al bajar al territorio en concreto, acaso porque su promoción convenía a la estrategia global de minar el Estado-nación estimulando el surgimiento de territorios subnacionales autosuficientes y funcionales. Paradojalmente, los esfuerzos locales por consolidar o diversificar sus tejidos productivos enfrentaban la apertura indiscriminada del mercado a los productos importados, exponiendo abiertamente el abismo existente entre el discurso y las políticas macro-económicas efectivamente implantadas…

Remitiéndonos ya de modo concreto al caso argentino, la crisis del 2001 dinamitó tanto las buenas intenciones como los delirios de grandeza, devolvió los gurúes a sus países centrales y a los cajones las bellas ediciones de planes estratégicos no implementados. Los gobiernos locales cosecharon, por fin, la siembra amarga de años de desatino: en lo político, deslegitimación y descrédito; en lo económico, incapacidad recaudatoria y financiera; en lo social, la reducción del ciudadano a la condición de súbdito, obligado a mendigar por bolsas de alimentos y asistiendo a comedores comunitarios que se armaban por doquier, escuelas incluidas. El largo ciclo de más de veinte años iniciado con la reforma en 1989 pareció desvanecerse sin más, con las experiencias discontinuadas y sin evaluación ninguna. Sin embargo, no fue así. A partir de 2003, asumiendo las consecuencias de la etapa previa, el desarrollo local fue redefinido como “crecimiento+inclusión”, e incorporó algunas premisas correctivas que vale destacar: (i) reconocer la necesidad de fundar los procesos endógenamente, aprovechando las capacidades territoriales de todo tipo y consolidando sistemas productivos locales; (ii) abandonar la asimilación con lo municipal, apoyando actividades para generar valor agregado y procesos económicos capaces de articular regiones, cadenas y corredores productivos sólidos entre las localidades; y (iii) aceptar, por fin, la imposibilidad de un desarrollo local escindido de las variables y condicionantes macroeconómicas y el perfil productivo nacional.

Lamentablemente, como el perro que se muerde la cola, el nuevo abordaje tuvo que vérselas con la precariedad del escenario argentino post-reforma. La distancia respecto de aquellos ambientes innovadores fundantes del nuevo paradigma de desarrollo territorial, quedaba crudamente expresada al abordar el fortalecimiento de los sistemas locales de innovación. Decía al respecto Gabriel Yoguel, quien durante los años 90 diera entidad analítica al caso nacional más difundido, el cuasi-distrito de Rafaela (Santa Fe):

“El planteamiento realizado (…) supone la presencia de ciertas condiciones mínimas en materia de ingresos, acceso a una vivienda digna y servicios públicos e infraestructura, a fin de que las acciones de política puedan orientarse a la creación de capacidades y a la satisfacción de necesidades que superen el ámbito primario de la alimentación, la salud y el acceso a ciertos bienes públicos básicos. Este requisito de asegurar un cierto piso mínimo no sólo se refiere a cuestiones tangibles como las mencionadas, sino que incluye también la justicia entendida en un sentido amplio (social, ambiental y territorial). A partir de estas condiciones mínimas, los elementos clave de las políticas deberían apuntar a desarrollar el sistema institucional, el entorno productivo de los agentes económicos, las redes productivas y los distintos tipos de encadenamientos, los recursos humanos y una organización del trabajo que facilite la generación de proceso de aprendizaje e intercambio de conocimientos”.

El análisis anterior cobra especial sentido cuando, retornando a las fuentes, se lo contrasta con aquellos factores socio-territoriales que fungen como requisitos para el desarrollo endógeno, puntualizados en su momento por el italiano Gioacchino Garofoli, uno de los “padres” de la teoría: (i) ante todo, una formación social suficientemente homogénea en cuanto a comportamientos culturales y aspiraciones; movilidad social relativamente elevada; distribución del ingreso más igualitaria; estructura social que recompensa el esfuerzo; aliento a la creación de un nuevo empresariado; flexibilidad considerable del mercado laboral; (ii) una ética del trabajo y del sacrificio que se propaga por todo el sistema y determina una substancial identidad socio-cultural entre la esfera productiva y la esfera político-decisional; (iii) importante demanda de intervención pública por parte de las fuerzas sociales, a la que se responde con un desarrollo consistente de los servicios comunitarios (asistencia sanitaria, sistema escolar y de formación profesional, transportes públicos, vivienda social, etc.); (iv) acumulación de conocimientos, profesionalismo y know-how difundidos en el nivel local; economías de aglomeración derivadas de la integración productiva entre las empresas y de la circulación eficaz de las informaciones; y (vi) de manera crucial, formas de autorregulación introducidas por la propia comunidad con el fin de equilibrar las tensiones entre competencia y cooperación.

El sinceramiento sobre las condiciones imperantes y la premisa de “crecer con inclusión” llevaron entonces a una convergencia con los preceptos de la Economía Social: como señala Favio Quetglas, se trataba de revitalizar la economía “desde abajo”, aprovechando los recursos destinados a la ayuda social para generar “una trama social-productiva en base a los principios de una economía cooperativa y asociativa” que permitiera pasar del puro asistencialismo a respuestas productivas y organizativas. En un país poco afecto al monitoreo y evaluación de toda política pública, es difícil saber hasta qué punto el nuevo enfoque se acercó al objetivo; pero en cualquier caso, resultaría ingenuo creer que puedan llegarse a consolidar sistemas productivos locales de sesgo innovador por mera evolución de las políticas sociales. Como evidencia la contribución de Garofoli, la complejidad de los procesos de desarrollo endógeno emplaza a diseñar e implantar planes y programas de carácter transversal que expresen la interactividad de las muchas dimensiones en juego. Frente a tamaño reto, acaso porque las mismas políticas sociales los liberaron de la conflictividad que amenazaba con dinamitarles el poder en 2001, los gobiernos locales parecen haber recobrado sus viejas prácticas cortoplacistas apenas enmascaradas por un discurso aggiornado y espejitos de colores, como los presupuestos “participativos”. Amainada la tormenta, resignado por comodidad el liderazgo que el mainstream les exigiera a lo largo de los 90, en el camino quedó también el desafío nunca acometido: la formulación de una auténtica economía política del desarrollo local.

Tras este largo viaje que pareciera no haber llegado nunca a puerto, la (re)entronización conservadora operada en Argentina a finales del 2015 podría llevarnos a donde todo comenzó. El retorno de cantilenas y sumisiones que otrora conocimos y padecimos no auguran escenario propicio al desarrollo endógenamente sustentado. Todo lo contrario. Más bien soplan vientos favorables a los viejos eslóganes pro-atractividad de territorios y ciudades, competencia y competitividad, eficiencia del gasto público y otros que, allá por los 90, enmarcaron la instalación del desarrollo local entendido como mero crecimiento económico y por aporte exógeno. ¿Servirá lo aprendido para no repetir errores y frustraciones? ¿Será momento de revisar la teoría misma del desarrollo “desde lo local” y evaluar su pertinencia para el ámbito regional a la luz de las muchas limitaciones que evidenció el intento de bajarlo, efectivamente, al territorio? Por ahora, sólo existe (o quiero creer que existe) una siembra que acaso dé cosecha: muchos ya no somos ingenuos.

Referencias bibliográficas

ARROYO, D. (1997): "Estilos de gestión y políticas sociales municipales en Argentina", Políticas públicas y desarrollo local, Fundación Instituto de Desarrollo Regional de Rosario, pp. 109-1.

GARCÍA CANCLINI, N. (1998): “Las cuatro ciudades de México”, Cultura y comunicación en la ciudad de México, Conaculta, UNAM-I.

RAPOPORT, A. (1979): Aspectos humanos de la forma urbana, Madrid, Edit. G. Gilli, Madrid.

FERNÁNDEZ, V. R. Y VIGIL, J.I. (2007): “Clusters y desarrollo territorial. Revisión teórica y desafíos metodológicos para América Latina”, Revista Economía, Sociedad y Territorio, n° 24, mayo-agosto, México DF, Colegio Mexiquense/CONACYT.

YOGUEL, G. et al. (2009): “Argentina: cómo estudiar y actuar sobre los sistemas locales de innovación”, Revista CEPAL, n° 99, diciembre.

GAROFOLI, G. (1996): Les nouvelles logiques du développement, París, Éditions L'Harmattan.

QUETGLAS, F. (2008): ¿Qué es el desarrollo local?, Buenos Aires, Capital Intelectual.  


El rechazo a las vacunas no tiene nada de sano (ni de ecológico)

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Marcos Pérez Maldonado. SINC. La semana pasada, en A Coruña, se anunciaron varias charlas impartidas por activistas del movimiento antivacunas en una feria de productos ecológicos y consumo responsable. El debate público hizo reaccionar al Ayuntamiento, que consiguió que la organización cancelase las conferencias. ¿Deberían considerarse estas actividades como un delito contra la salud pública?

 

Poco antes de publicar Charlie y la fábrica de chocolate Roald Dahl perdió a su hija Olivia, de siete años, víctima del sarampión. La muerte de la pequeña marcó la vida de la familia del escritor, pero fue una tragedia inevitable, porque en 1962 todavía no existía una vacuna eficaz contra esta enfermedad. 24 años más tarde, cuando esa vacuna ya existía, Dahl publicó un texto en el que rogaba a sus conciudadanos que vacunaran a sus hijos.

(…) Aquí, en Gran Bretaña, debido a que tantos padres rechazan, por obstinación, ignorancia o miedo, que sus hijos sean inmunizados, todavía tenemos cien mil casos de sarampión cada año. De ellos más de 10.000 tendrán consecuencias de uno u otro tipo. Unos veinte niños morirán.

En 2017 los casos de sarampión en Europa se multiplicaron por cuatro y causaron 35 muertes

Las vacunas protegen hoy al 86% de la población mundial y, según los datos de la OMS, evitan la muerte de dos millones de personas al año, especialmente niños y niñas. Gracias a las vacunas hemos logrado erradicar una enfermedad tan terrible como la viruela, y muchas otras han desaparecido de nuestras vidas.

Pero la súplica de Roald Dahl sigue vigente porque el rechazo a las vacunas no ha dejado de crecer, especialmente en los países más ricos. Solo en Europa los casos de sarampión se multiplicaron por cuatro en 2017, causando 35 muertes. La difteria y la tos ferina vuelven a causar víctimas y si esta tendencia no se revierte, volveremos a ver en nuestros colegios los estragos de la polio.

Resulta difícil imaginar el dolor de una persona que pierde un hijo por negarle la protección que proporcionan las vacunas. Pero más allá de los sentimientos de compasión y de rabia, conviene reflexionar sobre los motivos de su obstinación, su ignorancia y su miedo. En particular, debemos analizar el papel que están jugando los activistas del movimiento antivacunas, cada vez más organizado.

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El escritor británico Roald Dahl perdió en 1962 a su hija Olivia cuando esta tenía solo siete años, víctima del sarampión, para el que no había vacuna.

El poder del debate social

¿Qué mecanismos tiene la sociedad para defenderse del peligro que suponen? ¿Podemos exigirles alguna responsabilidad por las consecuencias de sus actos? ¿Qué relación hay entre el rechazo creciente a las vacunas y la proliferación de terapias que nunca han demostrado su efectividad y que en ocasiones se dispensan al amparo de los propios colegios oficiales de médicos y farmacéuticos?

En A Coruña hemos vivido estos días un par de situaciones que ejemplifican los términos en los que se está produciendo este debate. Por una parte, un hotel de la ciudad decidió atender a las protestas de muchos ciudadanos y canceló una conferencia de Josep Pàmies, un empresario agrícola que, entre otras cosas, incita a sustituir los tratamientos de quimioterapia por una combinación de plantas medicinales y lejía.

Lo sucedido en A Coruña muestra que el debate público es una herramienta eficaz para achicar el espacio social a quienes instigan el rechazo a las vacunas

Unos días más tarde el Ayuntamiento anunciaba en rueda de prensa el patrocinio de BioCultura, una feria que suma 75 ediciones entre Sevilla, Valencia, Bilbao, Barcelona y Madrid, donde en noviembre del año pasado ocupó dos pabellones del recinto de IFEMA con más de 800 expositores y 74.500 visitantes.

Poco después de la presentación el Ayuntamiento comenzó a recibir quejas porque, junto a talleres de compostaje, cooperativismo energético o comedores escolares sostenibles, la feria programaba varias charlas impartidas por reconocidos activistas del movimiento antivacunas. Entre ellas, una titulada “Presentación de la nueva teoría infecciosa ecológica”. Al día siguiente la organización de la feria aceptó la demanda municipal de retirar estas charlas, aunque otras sobre los peligros de las redes WIFI, las bondades de la geometría sagrada (sic) o la medicina cuántica (sic) se mantienen en el programa.

Estos casos demuestran que tanto empresas privadas como administraciones públicas son sensibles a las críticas y saben reaccionar ante las protestas en las redes sociales y los medios de comunicación. Se demuestra así que el debate público sigue siendo una herramienta eficaz para achicar el espacio social a quienes instigan el rechazo a las vacunas, y al mismo tiempo ayuda a informar al público de los beneficios de la vacunación.

Peligrosos fraudes mezclados con ecologismo

Ir más allá y pretender que la apología antivacunas se convierta en un delito contra la salud pública parece más efectivo, pero esta opción no está exenta de riesgos. En primer lugar porque consolidaría el discurso victimista y conspiranoico que tan convincente le resulta a una parte de la población. Pero, sobre todo, porque supondría añadir un nuevo límite al derecho a la libertad de expresión.

No en vano, estos días hemos asistido con preocupación a la condena de cárcel para un músico por el contenido de sus canciones, mientras que responsables del IFEMA –que nada parecen objetar a las conferencias antivacunas– forzaban la retirada de una obra de arte de carácter político que se iba a exponer en ARCO.

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En ferias eco confluyen productos elaborados con criterios de responsabilidad medioambiental y pseudoterapias. / Biocultura

Paralelamente, la programación de estos actos en el marco de eventos cuyo objetivo es “promover la agricultura ecológica y la alimentación sana como base para una sociedad más justa y respetuosa con el medioambiente” nos invita a analizar el rechazo a las vacunas en el marco de un contexto más amplio. El interés de amplios sectores de la sociedad por el consumo de productos más “naturales” y menos contaminantes ha dado lugar a un pujante sector económico que goza de reconocimiento oficial y está regulado por normativas específicas.

La ciencia está muy lejos de poseer el monopolio de la razón, pero necesitamos consensos sociales para traducir sus hallazgos en normas que todos podamos cumplir

Es precisamente en este ambiente (ferias “eco”, tiendas de productos “orgánicos”, etc.) donde confluyen sin aparente contradicción alimentos producidos con criterios de responsabilidad medioambiental con pseudoterapias y productos milagrosos que nunca han demostrado su efectividad. Como era de esperar, también encontraremos aquí los mayores índices de rechazo a los cultivos transgénicos, que por más que superen todas las exigencias de seguridad alimentaria, siguen experimentando en Europa una fuerte oposición.

Sería un grave error atribuir la totalidad de este complejo conglomerado de opciones personales a una simple cuestión de ignorancia o de sentimientos anticientíficos, pretendiendo que la ciencia puede resolver todos los problemas y que su autoridad debiera ser suficiente para resolver todos los dilemas y contradicciones que surgen de la aplicación de cualquier tecnología.

La ciencia está muy lejos de poseer el monopolio de la razón, e incluso allí donde las evidencias proporcionadas por el método científico son incuestionables (las vacunas protegen de enfermedades, el tabaco provoca cáncer y este no se cura con lejía) necesitamos de consensos sociales para traducir estos hallazgos en normas que todos podamos cumplir.


Mark Caulfield, director científico de Genomics England: “No debemos dejar que el Brexit se interponga en la cooperación científica europea”

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Ana Hernando. Agencia SINC. s el responsable un proyecto que ya ha secuenciado más de 100.000 genomas de pacientes con enfermedades raras y cáncer con el objetivo de encontrar mejores tratamientos dentro de la sanidad pública británica. Hace un llamamiento para que los investigadores europeos sigan unidos, pese a los obstáculos que pueda poner la salida de su país de la UE.

Mark Caulfield, es codirector delWilliam Harvey Research Institute ydirector científico de Genomics England, la empresa creada por el servicio público de salud británico NHS para llevar a cabo el Proyecto 100.000 Genomas, cuya finalidad es la secuenciación del genoma completo en enfermedades raras, cáncer e infección.

Este experto estuvo recientemente en Madrid participando en el II Congreso Interdisciplinar de Genética Humana, patrocinado por la Fundación Instituto Roche. Habló con Sinc de los resultados del proyecto –que se va a ampliar para alcanzar los cinco millones de genomas en los próximos cinco años–  y señaló que ahora, más que nunca, la comunidad científica europea “debe seguir unida”, a pesar de la “funesta decisión” de su país de abandonar la UE.

“Queremos utilizar los avances en genómica para trasformar la sanidad pública, poniendo el foco en enfermedades raras y cáncer”

¿Cuál fue el objetivo de la puesta en marcha el Proyecto 100.000 genomas?

Fue lanzado en 2013 por el entonces primer ministro David Cameron. Su ambición era emplear los últimos avances en genómica para trasformar nuestro sistema público de salud. Creímos que era un buen momento para empezar a implementar estas técnicas en el NHS y nos marcamos el objetivo de secuenciar 100.000 genomas, poniendo el foco en enfermedades raras y cáncer. Pensamos que era una cifra manejable y que se podrían ver fácilmente los beneficios en estas enfermedades. Ya hemos superado esa cifra y actualmente hemos secuenciado 106.000 genomas completos de pacientes afectados por enfermedades raras o cáncer y los de sus familias.

¿Cómo mejorará su iniciativa el tratamiento de estas dolencias?

Para empezar, mejorando el diagnóstico. En este momento, alrededor de la mitad de la gente con enfermedades raras nunca es diagnosticada. Esto podría cambiar radicalmente si aplicáramos las nuevas técnicas genómicas. Y en cáncer podríamos ser capaces de utilizar la información del genoma para elegir terapias más adecuadas o ayudar a los pacientes a acceder a ensayos clínicos.

¿Puede darnos algunos ejemplos concretos de pacientes que se hayan beneficiado?

En nuestro programa diagnosticamos a una niña de cuatro años que presentaba retraso en el desarrollo, sufría convulsiones desde los cuatro meses y no respondía a ningún medicamento. Con el test genómico, descubrimos que no transportaba azúcar en su torrente sanguíneo al cerebro. Los fármacos no funcionaban porque no se dirigían a la causa. Encontramos informes de casos que apuntaban a que, si se daba a las personas afectadas una dieta alta en grasas, su cerebro podría producir azúcar a partir de ellas. Ahora, esta niña lleva una dieta grasa, no tiene prácticamente convulsiones y ha mostrado una mejora de su desarrollo.

“Alrededor de la mitad de la gente con enfermedades raras nunca es diagnosticada y esto podría cambiar radicalmente con las nuevas técnicas genómicas”

¿Y en cáncer?

Uno de los casos que tratamos fue el de una mujer con cáncer de mama que no tenía una historia familiar con esta enfermedad. Cuando secuenciamos el tumor descubrimos que tenía una mutación BRCA2, que causa cáncer de mama y ovario. Como resultado del diagnóstico, pudo entrar en un ensayo con un nuevo medicamento que no hubiera podido recibir de otra forma. Su hija también ha dado positivo en BRCA2. Ahora, podrá ser controlada.

Además, dos de los hermanos de la mujer también tienen esta mutación que, en hombres, puede aumentar el riesgo de cáncer de próstata. Este es un ejemplo de cómo el resultado obtenido en una persona puede afectar a una familia entera y da una oportunidad para prevenir daños en el futuro.

También han empezado a trabajar en la secuenciación en enfermedades infecciosas, como la tuberculosis.

Sí, hemos secuenciado 3.000 microorganismos de tuberculosis. Y ahora, basándonos en la capacidad de diagnosticar la enfermedad de forma fiable y poder proporcionar un perfil de resistencia, se ha puesto en marcha un servicio del NHS con 1.000 organismos secuenciados al mes en atención rutinaria.

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Mark Caulfield, codirector del William Harvey Research Institute y director científico de Genomics England. / Álvaro Muñoz Guzmán / SINC

“Trabajaremos en cribado de recién nacidos para evitar los daños causados por enfermedades hereditarias”

¿Cuál es la próxima fase del proyecto

El ministro de Sanidad ha anunciado el proyecto de cinco millones de genomas, que estamos planificando ahora para los próximos cinco años. Todavía no sabemos la estructura, pero claramente seguiremos trabajando en enfermedades raras y cáncer; y también en cribado de recién nacidos con el objetivo de evitar los daños causados por enfermedades hereditarias en los primeros años de vida. Ya hemos utilizado estas técnicas en casos puntuales y hay niños que se han beneficiado y están vivos gracias al programa.

¿Cómo va a afectar el Brexit a todo esto? Ahora mismo, no hay quién entienda qué está pasando.

No se lo puedo explicar [resopla]. Es muy difícil de entender. Creo que en la comunidad científica y médica en Europa tenemos muy buenos amigos. Y el Gobierno de Reino Unido, sus científicos y los empleados de la sanidad pública siempre vamos a practicar ciencia para una medicina sin fronteras. No hay que fijarse en de dónde viene el talento. Es muy importante que sigamos compartiendo y si hay algo que podamos hacer para ayudar en iniciativas similares en España u otros países, lo haremos. En nuestro equipo hay mucha gente española, de Barcelona, Valencia, Madrid... El mundo de la ciencia no tiene que pensar en naciones.

Ya, pero ha provocado mucha incertidumbre en la comunidad científica.

Sí, lo sé. Para sobrevivir tenemos que pensar en cómo seguir trabajando juntos. No debemos permitir que una votación extraña o que nuestros políticos se interpongan en el camino que nos hemos marcado para ayudar a las personas con enfermedades graves. Esto requiere que en Europa y en el resto del mundo combinemos nuestros esfuerzos de la mejor manera posible, ya que el próximo paso adelante solo se logrará con la ciencia colaborativa.

“El Gobierno de Reino Unido, sus científicos y los empleados de la sanidad pública siempre vamos a practicar ciencia para una medicina sin fronteras”

Los avances se producirán gracias a una coalición de intelectos global que aprovecha el talento de países como España, donde hay mucha gente excelente, y también el Reino Unido y otros países del resto del mundo. De ahí es de donde va a venir la próxima cura de enfermedades.

Veo que el tema le está afectando profundamente.

Pues sí. Debemos unirnos para erradicar las enfermedades hereditarias, los avances en las técnicas genómicas son una gran oportunidad. ¿Por qué esperar a que la gente tenga enfermedades? En lugar de ello, ¿por qué no evitarlas o, al menos, reducir la discapacidad que las personas puedan sufrir? Esa es una misión global que no está limitada a ningún país.

La verdad es que a veces los políticos no lo ponen fácil.

Si vas a Reino Unido ahora y hablas con la gente, podrás ver que está muy enfadada con los políticos. Voto tras voto no se ponen de acuerdo en nada y nos colocan en una posición catastrófica para nuestro país y para Europa. Tienen que darse cuenta de que están rompiendo el país y afectando a gente de otros países. Seamos honestos: si votas a favor de dejar un club fuerte, es muy poco probable que te vayan a dar buenas condiciones, porque no quieren que otros dejen el club. Está claro que nunca vamos a lograr un buen acuerdo.

Un marco ético y transparente para manejar datos de ADN

Reino Unido está ahora mismo desarrollando una base de datos pública de ADN con el Proyecto 100.000 Genomas, que se ampliaran a cinco millones de genomas secuenciados en los próximos cinco años. El objetivo –dice Mark Caulfield– es introducir los avances de la genómica en el servicio público de salud británico.

Todo ello ha coincidido con un furor de los test genéticos llevados a cabo por compañías privadas. Hasta Google ha entrado en el negocio con la firma 23andMe. Esas empresas se benefician de los datos de ADN que recogen de sus clientes y los utilizan para la investigación médica, la resolución de delitos o incluso para producir nuevos fármacos.

Según Caulfield, “uno de los problemas que se plantean es que los clientes no saben muy bien qué están firmando cuando dan su consentimiento para la utilización de sus datos por parte de estas empresas”.

“Nosotros somos muy cuidadosos. Uno de los pilares de nuestro proyecto –señala–  es el de operar con un marco ético y transparente. Es muy importante que los participantes sepan qué está pasando con los datos de su ADN porque nos permite hacer un seguimiento con actualizaciones constantes a las que ellos tienen acceso. Tenemos el deber de ocuparnos de su cuidado a lo largo del tiempo. Es un compromiso muy fuerte”, concluye.


Informe de coyuntura N° 04: Los latinoamericanos tienen un bajo nivel de conocimiento sobre las instituciones científicas

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El Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad (OCTS) lanza un nuevo informe de coyuntura sobre el nivel de conocimiento de los latinoamericanos sobre sus instituciones científicas. Las encuestas de percepción pública demuestran que, a pesar de contar con una imagen favorable en el grueso de la población, el conocimiento real sobre estas instituciones es bajo: la mayoría de los latinoamericanos no puede mencionar el nombre de ninguna institución de I+D local. 

Inform 4

 

Se trata de un fenómeno regional, más allá de que la situación entre países dista de ser homogénea. En Uruguay y Costa Rica, y luego en Argentina y Colombia, hay entre un tercio y un cuarto de la población que reconoce instituciones científicas. En Brasil y en Chile esta proporción no sobrepasa el 13% de los encuestados, mientras que sólo supone el 10% en El Salvador y apenas el 5% en Paraguay.

Este informe es el cuarto de una serie que presenta análisis estadísticos sobre distintos aspectos del estado del arte de la ciencia y la tecnología en Iberoamérica.

 

Acceder al informe


El valor de las tecnologías entrañables

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Martín Parselis

Convivimos con tecnologías que no conocemos. Nuestras interpretaciones y representación mental y social sobre ellas rara vez coinciden con lo que son. La tesis de la alienación tecnológica ha alcanzado una fuerza considerable dentro del campo de los estudios CTS y la tradición crítica ha sido muy importante en su justificación. Sin embargo, cuando intentamos encontrar un modo de evitar la alienación tecnológica, encontramos que los caminos más comunes se convierten en imperativos tan duros como los imperativos tecnocráticos. En este trabajo intentaremos acercarnos a las “tecnologías entrañables” como una salida a la alienación de un modo más democrático y racional, pero sobre todo una salida acorde a nuestro tiempo.

Palabras clave: tecnología, alienación, tecnologías entrañables, commons

O valor das tecnologias entranháveis
 Convivemos com tecnologias que não conhecemos. Nossas interpretações e representação mental e social sobre elas raramente coincidem com o que são. A tese da alienação tecnológica ganhou grande força dentro do campo dos estudos CTS, e a tradição crítica teve grande importância para a sua justificativa. Porém, quando tentamos encontrar um modo de evitar a alienação tecnológica, percebemos que os caminhos mais comuns se transformam em imperativos tão duros quanto os imperativos tecnocratas. Neste trabalho, tentaremos uma aproximação às "tecnologias entranháveis" como uma saída da alienação de um modo mais democrático e racional, mas, especialmente, uma saída em concordância com o nosso tempo.

Palavras-chave: tecnologia, alienação, tecnologias entranháveis, commons

The Value Of Endearing Technologies
 We live next to unknown technologies. Our interpretations and mental and social representations of these technologies seldom match what they really are. The technological alienation thesis has reached a considerable impact in the field of STS and critical tradition has been very important in its justification. However, when we attempt to find a way of avoiding technological alienation we find that the most common paths become imperatives that are as hard as the technocratic ones. In this work we will attempt to approach the “endearing technologies” as a way out of the alienation in a more democratic and rational manner, but above all as a way out that is in keeping with our times.

Key words: technology, alienation, endearing technologies, commons

Revista CTS Número 32

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