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La Cooperación Universitaria para el fomento de la cultura científica por Jesús Sebastián

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En la actualidad no existe un consenso sobre el significado del concepto de cultura científica. La pluralidad de sus contenidos y las diferentes visiones e interpretaciones de la misma condicionan y dificultan una definición clara y universalmente aceptada.

La cultura científica ocupa un espacio con fronteras difusas puesto que se ubica en la interfase entre el ámbito científico y tecnológico y la sociedad. La cultura científica se fundamenta en los conocimientos sobre la naturaleza, los seres humanos y la sociedad obtenidos a través de la observación y la investigación, constituyendo el acervo de la ciencia y la tecnología. Se incorpora a través de diferentes medios en los individuos y en el cuerpo social, dando lugar a diversidad de expresiones, que inciden en el propio desarrollo científico, en la apropiación social del conocimiento y en las innovaciones sociales.

La cultura científica forma parte del ámbito más general de la cultura. El debate sobre las dos culturas no se fundamenta tanto en la naturaleza intrínseca de las culturas científicas y humanísticas, puesto que ambas son fruto de la creatividad individual y colectiva, sino en los modos de expresión de esta creatividad y en las vías de acceso a los conocimiento y resultados de la misma, así como en una división artificial que se ha profundizado en la educación y en los ámbitos administrativos y académicos.

Cualquier definición de la cultura científica debe incorporar aspectos relacionados con el conocimiento, las actitudes y las capacidades para la acción, todo ello en el ámbito de la ciencia y la tecnología.

Componentes de la cultura científica

Se propone una visión sistémica de la cultura científica que permite analizar los componentes que tienen que ver con la formación de esta cultura y con sus manifestaciones y consecuencias. La propuesta analiza la cultura científica en un esquema de inputs y outputs. Este enfoque permite desagregar los componentes y favorecer las acciones de fomento y de cooperación internacional.

Si bien se alude continuamente en este texto a la cultura científica, se entiende que en este concepto se incluye también a la tecnología, puesto que si bien se pueden establecer algunas diferencias entre cultura científica y cultura tecnológica, la progresiva tecnificación de la ciencia y de cientificación de la tecnología, la comprensión actual de los procesos de innovación y la conformación de la sociedad del conocimiento implican una estrecha articulación e incluso fusión entra la ciencia y la tecnología.

El siguiente esquema muestra el flujo de componentes relacionados con la cultura científica.

 

Como se ha señalado anteriormente, la base de la cultura científica se encuentra en los marcos organizativos e institucionales, en la naturaleza de los procesos y en los resultados de las actividades de investigación en forma de conocimientos e innovaciones. La cultura científica implica tanto los entornos, actividades y resultados endógenos del país como el conjunto mundial de la ciencia y la tecnología, que constituyen el acerbo global.

La incorporación de estos conocimientos e innovaciones en los individuos y en la sociedad no solamente implica el acceso a una información especializada, sino también la elaboración de percepciones y opiniones, que conforman la posibilidad de sustentar un juicio crítico frente a la ciencia y la tecnología. El acceso a la información, la integración de los conocimientos y el desarrollo de aptitudes para la acción constituyen el núcleo de la cultura científica.

Entre los principales componentes que contribuyen a la creación de la cultura científica se encuentran los siguientes:

Educación
Difusión y divulgación
Grupos de opinión
El sistema de la educación básica y secundaria juega un papel fundamental en la conformación de la cultura científica a través de la transmisión de conocimientos y el desarrollo de habilidades para desarrollar las capacidades críticas. Los conocimientos no solamente se refieren al estado del arte de la ciencia y la tecnología, sino también a las dimensiones de la filosofía e historia, la naturaleza de los procesos de la investigación científica, las condiciones en que se produce el desarrollo científico y tecnológico y las implicaciones éticas, sociales y económicas del mismo. Los enfoques, contenidos, métodos y materiales docentes en relación con estas materias constituyen componentes esenciales para conformar sociedades informadas, abiertas y con capacidad de análisis frente a los nuevos descubrimientos y aplicaciones de las tecnologías.

Los procesos de divulgación científica y difusión de los conocimientos y tecnologías son componentes tradicionales asociados a la conformación de la cultura científica, especialmente desde el punto de vista de la transmisión de información. Estos procesos se asocian con la “alfabetización científica” de los individuos y las sociedades, suministrando informaciones que incrementan el acervo de conocimientos sobre la ciencia y la tecnología y satisfacen las curiosidades e intereses de las personas.

Existen numerosos actores, medios y modalidades que están implicados en las tareas de divulgación, que pueden tener diferentes niveles de especialización, rigor y profundidad. La profesionalización del periodismo científico, la generalización de la divulgación científica en los medios masivos de comunicación y la proliferación de revistas de divulgación general y especializada abren muchas posibilidades para estar informado y mejorar la cultura científica.

Debe destacarse en las actividades de divulgación el papel de las instituciones científicas a través de sus políticas de comunicación, de las instituciones centradas específicamente en la difusión y popularización de la ciencia y la tecnología, como los Museos. También hay que señalar el papel de los científicos en las tareas de divulgación y de un ámbito que contribuye a la generación de la cultura científica, como es la literatura de ciencia ficción.

El tercer componente que contribuye a la conformación de la cultura científica es muy heterogéneo. Tiene que ver con aspectos personales y con agentes sociales. Por un lado, la cultura científica está condicionada por las experiencias personales y de las sociedades, así como por la interacción de la información y las experiencias con los valores, prejuicios, expectativas e inquietudes. Las actitudes finales ante la ciencia y la tecnología están filtradas por múltiples elementos subjetivos e inducidos.

La contribución de diferentes agentes sociales en la conformación individual y social de la cultura científica es actualmente muy importante. Hay que destacar la capacidad de influencia de las religiones y las iglesias a través de sus doctrinas y fundamentalismos, en ocasiones difícilmente compatibles con los avances del conocimiento científico, cuando no contrarias al mismo.

Las organizaciones no gubernamentales juegan un papel importante en la información y en la generación de opinión en algunos ámbitos, como la protección del medio ambiente y otros temas locales y globales que cristalizan en la cultura científica personal y social. Otros agentes sociales, como las sociedades científicas y las asociaciones civiles, como las asociaciones de consumidores, constituyen grupos de presión y opinión que tienen un gran peso en la cultura científica, como señalan numerosas encuestas de valoración social de la credibilidad que despiertan este tipo de organizaciones.

Como se ha señalado, la cultura científica es el resultado de numerosos componentes. Las manifestaciones y expresiones de la cultura científica son también muy variados, pudiendo señalarse.

El desarrollo personal.
La conciencia social sobre la ciencia y la tecnología.
La evaluación social de la ciencia y la tecnología.
La cultura científica es un factor del desarrollo personal, que implica no solamente el dominio de conocimientos y el enriquecimiento intelectual, sino la conformación de actitudes y valores.

La cultura científica alimenta la conciencia social sobre la ciencia y la tecnología, valorizando su papel en el desarrollo económico y social y dando apoyo a las inversiones en I+D y a las iniciativas para el fortalecimiento de los sistemas científicos y técnicos. La existencia de una base social motivada y crítica amplía la percepción favorable a la investigación y la innovación, favoreciendo la modernización y el cambio.

En algunos países existen problemas en la percepción de la ciencia y la tecnología, tema que requiere analizarse con mayor profundidad desde las ciencias sociales. Estos problemas se pueden relacionar con una escasa cultura científica. El pensamiento científico no consigue, en general, penetrar en el pensamiento intuitivo de los ciudadanos, quienes están desconectados de sus códigos. La ciencia y la tecnología se perciben como una caja negra. En otras ocasiones, aún existiendo una percepción favorables sobre la importancia de la ciencia y la tecnología, su desarrollo no se relaciona con un esfuerzo nacional, existiendo el problema adicional motivado por la falta de confianza en las capacidades propias para generar ciencia y tecnología. Se admite que la ciencia y la tecnología es fundamentalmente una actividad de los países más desarrollados pero se pone en duda la idoneidad del gasto en I+D por parte de los países de menor desarrollo.

Una consecuencia muy importante de la cultura científica es el desarrollo de capacidades para el análisis crítico y la evaluación de la ciencia y la tecnología, así como el establecimiento de mecanismos para la participación ciudadana en la toma de decisiones sobre la política científica y las aplicaciones de la tecnología.

La aceptación, incorporación y rechazo de la tecnología pueden estar relacionadas con el nivel y los condicionantes de la cultura científica. La opinión pública no es ajena a la toma de posiciones sobre los riesgos de determinadas tecnologías, las implicaciones éticas, los costes ambientales y los problemas generados por el uso inapropiado de los recursos tecnológicos. Los actuales estudios sociales sobre la ciencia y la tecnología dan argumentos para fortalecer la cultura científica.

Igualmente, la participación pública se considera una expresión muy avanzada de la cultura científica, un instrumento para la democratización de la ciencia y para la profundización en las relaciones entre la ciencia, la tecnología y la gobernabilidad, tal como se ha señalado en el apartado anterior. En la actualidad se están experimentando diferentes procedimientos para la participación, incluyendo los referéndum, las audiencias públicas, las encuestas de opinión, las conferencias de consenso, los paneles de ciudadanos, los foros de debate, los comités asesores de ciudadanos, los grupos de discusión y las audiencias parlamentarias. Un grado mayor de institucionalización lo constituyen las oficinas de evaluación de tecnologías.

La complejidad de los componentes y de las expresiones de la cultura científica hacen difícil disponer de métodos sencillos para medirla y cuantificarla. Sin embargo, en los últimos años se han generalizado las encuestas sobre percepción pública de la ciencia, a través de las que se ha intentado medir el nivel de conocimientos científicos de los ciudadanos, conocer actitudes y opiniones sobre aspectos concretos y calibrar el grado de interés e importancia que se concede a temas relacionados con la ciencia y la tecnología. Estas encuestas han dado paso al diseño de indicadores que permiten el análisis de tendencias y las comparaciones. Junto a este tipo de encuestas, el conocimiento de la naturaleza de la cultura científica requiere todavía estudios sobre los factores implicados, tanto en la conformación de esta cultura, como en su caracterización y en las modalidades en que se expresa y manifiesta, así como las consecuencias para la sociedad de disponer culturas científicas débiles o fuertes.

Las universidades en el fomento de la cultura científica

El análisis de los componentes que participan en la conformación de la cultura científica señala los ámbitos en los que se puede incidir a través de políticas explícitas y facilitan la acción de las instituciones, como las universidades, tanto indicidualmente, como en colaboración con otras en el fomento de la cultura científica.

En el ámbito de la educación las actividades de fomento de la cultura científica están relacionadas con los enfoques y contenidos educativos, especialmente en la educación primaria y secundaria. Las universidades pueden jugar un papel importante en la elaboración de materiales didácticos, la sensibilización de los docentes y la incorporación en la formación de los profesores de materias y métodos enfocados a la conformación de una cultura científica en los futuros alumnos, se consideran importantes vías para su generalización.

Buena parte de los esfuerzos para el desarrollo de la cultura científica están actualmente centrados en el fomento de las actividades de difusión y divulgación, dentro de un concepto de cultura científica asociado a la alfabetización y la popularización del acceso e incorporación de los conocimientos generados por la ciencia y la tecnología en la sociedad.

El análisis de los procesos de difusión y divulgación permite desagregar los contenidos, los comunicadores, los medios y los destinatarios. Los contenidos están centrados en el conocimiento científico, tanto en sentido estricto como de toda la arquitectura política, institucional y social relacionada con la obtención, transferencia y aplicación de este conocimiento. Los contenidos requieren una adecuada elaboración para servir a los fines de la divulgación, conjugando el rigor en la información y la incitación a la curiosidad con la amenidad y la capacidad de comprensión por personas no especialistas. El fomento de la cultura científica requiere favorecer canales para la elaboración de contenidos y valorizar desde un punto de vista académico y profesional la producción de contenidos para la divulgación científica. El papel de las oficinas de comunicación de las universidades y la comunidad científica pueden jugar un papel importante en el suministro de contenidos.

Los comunicadores incluyen a los profesores universitarios, investigadores, profesionales de la comunicación científica, periodistas especializados, instituciones de investigación, organizaciones y empresas del ámbito de la información y la comunicación, así como agencias de noticias. El fomento de la cultura científica incluye el apoyo para la formación y especialización de investigadores y profesionales en divulgación científica y periodismo científico, entendiendo que los primeros tratan de divulgar temas relacionados con la ciencia y la tecnología independientemente de la actualidad del momento y los segundos tratan de traducir a la sociedad las novedades e implicaciones de nuevos descubrimientos y acontecimientos relacionados con la ciencia y la tecnología. Las universidades, a través de sus facultades de ciencias de la información tienen una especial responsabilidad en la formación en la especialidad del periodismo científico

La tipología de medios para fomentar la cultura científica en la sociedad es muy variada. La prensa escrita, las publicaciones especializadas, las producciones audiovisuales y multimedia, la radio, la televisión, con énfasis en la televisión educativa e Internet son vehículos para la información y comunicación científica. Las instituciones estables centradas en la divulgación científica, como los museos, planetarios, casas de las ciencias, parques naturales, centros de divulgación medioambiental, entre otros, promueven un contacto interactivo entre la población y el ámbito científico. Las ferias, jornadas de puestas abiertas, talleres, actividades conmemorativas de eventos científicos facilitan la participación ciudadana y el interés por la ciencia y la tecnología. La implicación directa y el asesoramiento de las universidades en estas actividades e instituciones es fundamental.

Los destinatarios de las actividades de divulgación científica son el conjunto de la sociedad, si bien los diferentes medios e instrumentos pueden estar focalizados en determinado grupos de edad, nivel cultural e interés por el conocimiento científico. Hay que tener en cuenta que el ámbito de la cultura científica compite, generalmente en desventaja, con otros muchos estímulos e informaciones sobre la realidad del momento, más relacionadas con los intereses más próximos de los ciudadanos y con las prioridades de la coyuntura. En este sentido, las ambigüedades en la articulación de la cultura científica con la cultura convencional, supone una dificultad adicional.

Los grupos de interés juegan un papel importante en condicionar las percepciones y opiniones sobre la ciencia y la tecnología y en último término en conformar la cultura científica en una sociedad. Organizaciones, asociaciones y diversos grupos pueden circular mensajes, organizar campañas y realizar proselitismo que pueden favorecer la incultura científica y la pseudo ciencia o por el contrario, crear condiciones favorables para la información, las opiniones fundamentadas y el análisis crítico. Las asociaciones científicas y los organismos de investigación pueden jugar un papel dinamizador en este segundo sentido.

El fomento de estudios y análisis sobre los condicionantes para la generalización de la cultura científica en una sociedad determinada, los límites de la comunicación científica, la percepción pública sobre la ciencia y la tecnología, los impactos de la cultura científica en la valorización social de la ciencia y sobre la participación ciudadana en el gobierno de la ciencia y la tecnología son importantes para diseñar políticas explícitas de fomento de la cultura científica. Los estudios en el ámbito de la cultura científica ofrecen, además, una buena oportunidad para el acercamiento entre las ciencias sociales y naturales.

La cooperación internacional no puede ser ajena al objetivo del fortalecimiento de la cultura científica como factor de desarrollo. El foco de las actuaciones de la cooperación internacional se puede situar tanto en los componentes que contribuyen al crecimiento de esta cultura como en los componentes que dan expresión social a la misma.

La agenda de la cooperación puede incluir la contribución al desarrollo de capacidades en el ámbito de la educación y la divulgación científica, a través de sus múltiples instrumentos y medios, así como en el fortalecimiento del tejido asociativo, organizativo e institucional implicado en la participación activa de la sociedad en la comprensión, valoración y evaluación de la ciencia y la tecnología. La agenda se puede complementar con el apoyo a estudios y análisis que permitan un mejor conocimiento de los condicionantes y nivel de la cultura científica. En el nivel multilateral la agenda de la cooperación puede incluir el fomento de redes para el intercambio de experiencias, materiales y elaboración de propuestas conjuntas.

Desde un punto de vista operativo se puede plantear una doble actuación, desde el fomento de la cooperación cultural y de la cooperación científica. Las estrategias de la cooperación cultural deben incluir en su programación el ámbito de la ciencia y la tecnología desde la perspectiva de la cultura científica, creando espacios y actividades orientados a esta faceta de la cultura. Los Centros culturales en el exterior juegan un importante papel en el fomento de la cultura científica en los países. Paralelamente la cooperación científica internacional debe contemplar entre sus objetivos e instrumentos el fortalecimiento de la cultura científica. En una y otra, la cooperación universitaria puede jugar un papel protagonista.


Notas
Jesús Sebastián(*)

Jesús Sebastián nació en Zaragoza (España) en 1941. Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid (1969). Ha sido investigador científico en las Universidades de Wisconsin (1970-71) y Brandeis (1971-73) y en el Instituto de Enzimología y Patología Molecular del que fue vicedirector (1974-83). Vicepresidente de política científica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España (1983-89). Subdirector General del Instituto de Cooperación Iberoamericana de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) (1989-92). Secretario General del Programa Iberoamericano de Ciencia y tecnología para el Desarrollo (CYTED) (1989-96). Desde 1997 es Investigador Científico en el Centro de Información y Documentación Científica (CINDOC). Es profesor en postgrados de universidades españolas y latinoamericanas y consultor de organismos internacionales, instituciones y gobiernos de países de América Latina. Su área de interés se centra en el diseño, gestión y evaluación de políticas científicas y de cooperación internacional, así como en los procesos de internacionalización de la investigación y las universidades. Su última obra ha sido el libro “Cooperación e Internacionalización de las Universidades”, editado por la Editorial Biblos en Buenos Aires en 2004.

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